Los hombres que asistieron solo acompañaron a las mujeres (Nicolás Stulberg)
Los hombres que asistieron solo acompañaron a las mujeres (Nicolás Stulberg)

Decenas de pelucas verdes entremezcladas con las banderas violetas que se lucen en lo alto. De fondo suena música. Decirlo así, en forma genérica, es la manera correcta, ya que el ruido de los redoblantes se pierde cuando una camioneta blanca, que reza "¡Aborto legal ya!" en sus puertas, estaciona enfrente del Obelisco mientras el rock se expande a través del parlante apoyado en el techo.

Aún faltan más de dos horas para el acto central en la Plaza del Congreso. Encontrar un resguardo en la sombra permite observar que el clima ya está establecido: predominan los pañuelos verdes, las remeras violetas, los carteles reflexivos y los rostros de las que ya no están; las mismas que desde algún sitio continúan luchando como las miles (millones en todo el mundo) que se amontonan en Plaza de Mayo para iniciar una movilización que no necesita presentación.

Un hombre, junto a su mujer y un cartel que levantó durante toda la tarde (Joaquín Pedroso)
Un hombre, junto a su mujer y un cartel que levantó durante toda la tarde (Joaquín Pedroso)

Durante los días previos, parte del debate giró en torno al papel del hombre en el 8M. Vaya paradoja: el centro de la discusión estuvo basada en la presencia (o no) de los varones. En la necesidad (o no) de que ellos acompañaran un paro que encontraba la lógica del pedido femenino en sus reclamos esenciales: frenar el acoso callejero, mostrar la desigualdad salarial entre los hombres y las mujeres y que ni una más muera por la violencia masculina, entre otros.

"Estoy junto a mi hija, vengo a acompañarla porque es chica y quería estar acá. Me gusta que comprenda que las mujeres se están movilizando por sus derechos, que es un tema que a ella también le incumbe a pesar de que aún es chica. Uno llega hasta acá y se da cuenta de que son muchas cosas por las cuales se está luchando: los femicidios, la desigualdad laboral y social o la legalización del aborto. Quiero que el Estado apoye a la mujer para que se sienta contenida", dice Ernesto, de 50 años, quien concurrió junto a su hija Luna de 13.

Es uno de los pocos hombres que se observan en una cuadra donde a cada minuto se amontonan más mujeres. Son abuelas, madres e hijas. Son amigas, compañeras de la facultad o trabajadoras de la misma empresa. No importa qué hacen, a qué se dedican o si están solas o acompañadas: están ahí.

Muchos hombres acompañaron a sus amigos, parejas o familiares (Joaquín Pedroso)
Muchos hombres acompañaron a sus amigos, parejas o familiares (Joaquín Pedroso)

"Noté poca presencia masculina. Leí durante los días previos que no querían que vengan los hombres y es entendible: muchos vienen a ganar protagonismo con carteles o mensajes y acá son ellas las que merecen toda la atención. Yo vine para acompañar a mi hija, sino posiblemente hubiese respetado lo que leí en varios comunicadas y me quedaba en mi casa", agrega Ernesto.

"Sinceramente no me molesta que vengan hombres. Por lo menos yo quiero que ellos también entiendan que debemos ganarle al patriarcado. Y para derrotarlos los necesitamos a ellos, a los que comprenden la desigualdad y no se sienten superiores a nosotras", cuenta Agustina, de 21 años.

Alineado con el pensamiento de la joven, el abogado y político Luis Zamora sostiene -además- que "la lucha de las mujeres frente a la opresión y al patriarcado debe ser con los hombres, para ganarles a los 'machos'. Pero si a futuro la mayoría decide que no vengamos, tenemos que respetarlo".

Ante Infobae, Zamora se muestra feliz desde temprano por el clima que se respiraba en las calles: "Son autoconvocadas u organizadas. A la gran mayoría no la trajo ninguna dirigente política, es una auténtica rebelión. Quizá ni saben cómo se originó, pero están acá y es hermoso todo lo que sucede. Se vive un clima de fiesta, pero con un motivo dramático. Esto no lo hacen los pueblos en general, de auto-organizarse y empoderarse. Es algo extraordinario. Se celebró la fuerza que tienen las mujeres".

Una pareja de novios, juntos en el #8M (Joaquín Pedroso)
Una pareja de novios, juntos en el #8M (Joaquín Pedroso)

En la magnitud, y ante la escasez, distinguir a los hombres no resultó tan sencillo. Maximiliano, de 27 años, lleva una bandera violeta, rodeado de mujeres. "Son mis amigas y sentí la obligación de estar acá, porque el daño que ellas sufren se convierte en otro colateral para mí. Si bien uno percibe muchos temas a debatir y por mejorar, la discriminación es algo que también me aqueja. Soy hombre, claro, pero homosexual, y debo convivir con la misma sociedad machista que tan mal les hace a las chicas", dice a Infobae. 

"Acompañé a mi novia porque repudio muchas cosas que pasan en nuestra sociedad. Pero no solo en Argentina, sino en todo el mundo. Leí que sugerían que no concurramos, pero no me parece justo -más allá de que el 8 de marzo se conmemore el Día de la Mujer- que los que queremos acompañarlas no podamos hacerlo junto a ellas. Entiendo que solo hubiese sido diferente, por eso preferí caminar junto a ella y nada más. También veo bien que el papel de los hombres aquí no tenga relevancia", sostiene Gastón, luciendo el emblemático pañuelo verde en su cuello.

"Calificaría la presencia masculina en una segunda línea, acompañando a las mujeres", expresa a Infobae Daniel Filmus, diputado por la Ciudad de Buenos Aires.

Entre amigos: Nahuel acompañó a sus más íntimas durante toda la tarde (Lihue Althabe)
Entre amigos: Nahuel acompañó a sus más íntimas durante toda la tarde (Lihue Althabe)

"Acá no hay banderas políticas. Estamos defendiendo los derechos y la igualdad de las mujeres. Respaldando una movilización que no es solo de las mujeres, sino de todos los habitantes de la Argentina para que no haya más violencia ni femicidios. Se busca cambiar comportamientos culturales muy profundos del pueblo argentino", agrega.

En cuanto a la despenalización del aborto, Filmus aclara que "durante el último gobierno de Cristina Fernández de Kirchner presenté un proyecto en el Senado para debatir la interrupción voluntaria del embarazo. Hacerlo nos parece decisivo. Ojalá podamos lograrlo en un corto plazo".

Candela, de 19 años, descansa sentada en un poste de luz mientras vacía su botella de agua. "¿Si me molesta que haya hombres? Para nada. Creo que está demostrado que es una movilización femenina, en donde las millones de protagonistas en todo el mundo somos nosotras. Yo vi muchos pibes acompañando a amigas o a sus parejas. También muchos padres con sus hijas. Es conmovedor haber logrado todo esto", concluye.

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