En su casa, en Palomar. En su pierna, la cicatriz que le dejó una de las fracturas (Diego Barbatto)
En su casa, en Palomar. En su pierna, la cicatriz que le dejó una de las fracturas (Diego Barbatto)

Victoria apoya un plato de galletitas surtidas sobre la mesa ratona, destapa el termo para que se enfríe un poco el agua y pide unos segundos para terminar de pintarse las uñas. Recién ahí, cuando estira los dedos sobre la mesa, se ve: en el anular de su mano izquierda conserva un anillo de compromiso con la letra "N". Ella y Nicolás, con quien pensaba casarse, se habían tatuado los anillos con sus iniciales un mes antes de que un joven ingeniero -que manejaba borracho y en contramano por la vía rápida de la Panamericana-, los chocara de frente.

En el anular de su mano izquierda, conserva el anillo que se tatuaron (Diego Barbatto)
En el anular de su mano izquierda, conserva el anillo que se tatuaron (Diego Barbatto)

Hacía dos meses que Victoria Condolucci, que ahora tiene 30 años, y Nicolás Zárate, que tenía 20, habían empezado a convivir en una casa de El Palomar. Ese sábado 16 de enero de 2016, se habían levantado temprano con la idea de buscar una quinta en alquiler para pasar unos días del verano en familia. A la noche, fueron a Tortuguitas al cumpleaños de un amigo.

"Como a las 4 de la mañana decidimos volver en la camioneta de mi mejor amigo. Como sólo tenía dos butacas y caja atrás, mi amigo se puso al volante, mi novio en el asiento del acompañante y yo a upa", cuenta Victoria a Infobae. Venían hablando de las ganas que tenían de irse de vacaciones entre amigos, aunque fueran 3 o 4 días a San Pedro. "Lo último que recuerdo es la cara de espanto de mi amigo que lo vio venir de frente".

Con Nicolás, el joven con quien pensaba casarse.
Con Nicolás, el joven con quien pensaba casarse.

Según consta en el fallo judicial, el ingeniero industrial Gustavo Cusato Trias -que en ese entonces tenía 33 años y trabajaba en el Parque Industrial de Unilever de Pilar-, iba conduciendo su Ford Fiesta pocos kilómetros delante de la camioneta en la que viajaban Victoria, su novio y su mejor amigo. Iban por la Panamericana hacia el mismo lado. Pero Cusato pagó el peaje, siguió y, repentinamente, giró en U "en forma temeraria" y manejó casi dos kilómetros en contramano y por la vía rápida.

Como Victoria y sus amigos habían salido del cumpleaños en caravana, delante de ellos iban dos autos (viajaban dos parejas de amigos). El primer conductor que vio al que venía en contramano, le hizo señas de luces desesperadas y logró esquivarlo. El segundo, se desvió con lo justo. A ellos los chocó de frente. Atrás venía un cuarto auto con amigos, que vieron el horror en primer plano. El ingeniero, se supo después, tenía el triple de alcohol en sangre que lo permitido.

Victoria, que no tenía cinturón de seguridad, salió despedida y quedó tirada boca abajo sobre el asfalto. Su mejor amigo, Nicolás Amadini, murió en el acto. Tardaron un rato en encontrar a su novio. "Lo buscaban alrededor porque pensaban que había salido despedido, como yo. Cuando escucharon su voz, se dieron cuenta de que estaba adentro de la trompa de la camioneta. Recién pude preguntar lo detalles un año después. Me contaron que Nico decía dos cosas: 'me duele' y 'díganle a Vicky que me de la mano".

Nicolás Zárate -la "N" en el tatuaje de Victoria- murió 5 horas después producto de una falla multiorgánica. En shock y sin saber que ellos habían muerto, Victoria llegó al hospital. Como era bailarina desde los 3 años y trabajaba como profesora de danzas preguntó si tenía las piernas. Le dijeron que sí aunque sus piernas, de hecho, eran el eje del problema. Tenía fractura expuesta de fémur derecho y fractura bilateral de fémures, fractura de radio y de una zona de la cadera. Además, tenía rota una muñeca, traumatismo de cráneo y cortes por toda la cara.

Tres días después, cuando la sacaron de terapia intensiva, su hermano le dijo: "Tengo que darte una noticia". Victoria le contestó: "No me digas nada", se dio vuelta y no volvió a hablar. "Nunca pensé que algo así podía estar pasando. Vos mirás estas cosas por la tele y decís 'pobre, qué pena', y seguís con tus cosas. Nunca pensás que te va a pasar a vos".

Los médicos creyeron, no sólo que Victoria no iba a poder volver a bailar, sino que tenía chances de no volver a caminar. Las piernas no funcionaban y había dejado de ser una chica independiente para ser una niña que necesitaba que sus padres la cuiden, le cambien pañales y la bañen. "Yo le daba la orden al pie y el pie no se movía. Creo que lo volví loco. Le di tantas órdenes para que se moviera, que al final parece que me escuchó".

Un día, cuando ya podía sentarse en una silla de ruedas, quiso volver a la casa en la que vivía con Nicolás. "Todo estaba tal cual lo habíamos dejado ese sábado: la ropa de Nico, la mía, la cama sin hacer. Fue horrible, ya no era mi lugar". Su estudio de danza, al que la llevaron para intentar levantarle el ánimo, sí lo era.

Victoria y Nicolás, en la casa en la que convivían desde hacía dos meses.
Victoria y Nicolás, en la casa en la que convivían desde hacía dos meses.

"Empecé a dar clases sentada en una silla de oficina con rueditas. Después, con las dos muletas. Después, sólo con una. Bailar era lo único que me hacía bien". Pero las ganas de aferrarse a algo que domara a los ataques de pánico, la hicieron apurarse. La pierna volvió a fracturarse. Un año después del accidente tuvieron que volver a operarla.

"Me enojé mucho. No entendía para qué me había salvado, por qué tanta saña con mis piernas. Recién en esa época empecé a caer de que Nico no iba a volver. Que no íbamos a ir a San Pedro, que no iba a haber casamiento, que no lo iba a ver nunca más. Y que mi amigo no iba a volver a mandarme un mensaje un domingo de sol para salir a dar una vuelta".

En noviembre de 2017, comenzó el juicio. "Cuando entró el conductor a la sala, me agarró un ataque de odio, de bronca. Quería ir hasta dónde estaba él pero no para pegarle sino para preguntarle: '¿Por qué?, ¿por qué hiciste esto?, mirá cómo estamos todos, ¿qué te pasó por la cabeza?". Los padres de los chicos muertos se abrazaron cuando lo vieron; Victoria lloró sola.

Gustavo Cusato, el ingeniero industrial que los chocó de frente (Télam)
Gustavo Cusato, el ingeniero industrial que los chocó de frente (Télam)

Sus abogados aseguraron que tenía epilepsia -aunque nunca antes había tenido una crisis epiléptica- y que había perdido la conciencia y manejado en "estado crepuscular". "Hasta el juez se enojó cuando dijeron esa pavada", dice Victoria. No sucedió lo que suele pasar en estos casos: para la Justicia no fue "un homicidio culposo", es decir, una negligencia que provocó un accidente.

El ingeniero fue condenado a 12 años de prisión por "homicidio simple con dolo eventual". Es decir que, para la Justicia, alguien que sale a manejar alcoholizado y en contramano por una autopista, choca y mata, no comete un accidente "sin querer": debería haberse figurado, en cambio, que podía asesinar a alguien. Además, lo condenaron por la tentativa de homicidio -también con dolo eventual- de la única sobreviviente.

Victoria con Leo, su nueva pareja.
Victoria con Leo, su nueva pareja.

Dos días después de conocida la sentencia, llegó la fecha en la que Victoria y Nicolás iban a casarse. "Traté de ser positiva. Era un día de sol así que pensé en él y le dije: 'Mirá Nico, qué lindo día nos hubiera tocado". Le agradeció además, por lo que cree que fue una intervención suya: Victoria volvió a ponerse de novia, esta vez con Leo, un joven al que conocía desde la infancia pero con quien jamás había hablado.

"Cuando nos hicimos ese tatuaje de compromiso nos prometimos que nos íbamos a ayudar siempre. Y siento que él me mandó a Leo en el peor momento. Yo creía que nunca me iba a volver a enamorar, menos así como estaba, en silla de ruedas, con ataques de pánico, postrada en una cama, depresiva", sonríe Victoria.

"Así y todo, Leo llegó a mi vida y se quedó. Se bancó el juicio, la angustia, las operaciones, hasta se bancó que yo le dijera, llorando, que extrañaba a Nico. Le expliqué por qué nunca voy a taparme el tatuaje: ésta soy yo, estas cicatrices y este anillo son mi historia, esta soy yo dándome una nueva oportunidad con vos". Leo lo entendió.