La foto de Jonatan González y su hermana Wanda Andrada, el día del reencuentro
La foto de Jonatan González y su hermana Wanda Andrada, el día del reencuentro

El sábado 9 de diciembre, Jonatan González, de 23 años, aprovechó la tarde para ver la final de la Copa Argentina entre Atlético Tucumán y River. Después de ese lapso de distensión, tenía que dedicarse a estudiar para un final de la carrera de Derecho. Su novia Ruth, que no prestaba atención al encuentro, decidió matar el tiempo con la lectura de noticias locales tucumanas. Así, en un momento vio una foto vieja de un niño de tres años y preguntó: "¿Este chico no serás vos, no?", el joven apenas sonrió, no respondió y devolvió su mirada a la pantalla de la televisión.

Jonatan ni siquiera lo intuyó en ese instante, pero
48 horas después se terminaría viendo en persona con Wanda, una hermana de sangre que él nunca supo que existía y con la que se reencontraba después de nada menos que 21 años.

"La vida tiene sorpresas increíbles y siempre hay que esperarlas. Yo, casi sin proponérmelo, logré llenar un vacío que existía dentro mío. Pude conocer a mi hermana de sangre y logré verme más completo de alguna manera, aún sin saber los motivos", le explicó Jonatan a Infobae en una charla telefónica.

Del otro lado de la historia apareció Wanda, la otra protagonista. La encargada de promover el encuentro cuando aún las esperanzas eran ínfimas. Ella, hoy con sus 24 años, sabía que tenía un hermano de sangre "perdido" en alguna parte del país y pasó gran parte de las dos últimas décadas preguntándose cómo le habría ido en la vida, qué suerte habría corrido, por más que el panorama era totalmente adverso.

La historia de los dos hermanos de Tucumán esconde una trama de abandono, adopciones por parte de padres ejemplares y una búsqueda incesante por la verdad. Un reencuentro que se dio mediante las redes sociales y que fue suficiente como para provocar el renacimiento del vínculo más cercano.

Wanda y Jonatan se reencontraron después de 21 años
Wanda y Jonatan se reencontraron después de 21 años

El comienzo de la historia lleva a mediados de la década del 90, aproximadamente 1996. Una madre con enormes dificultades económicas no le encontró salida a su situación. Así, decidió abandonar el Gran Buenos Aires en el que vivía y viajó a la ciudad tucumana de Famaillá, donde vivían sus padres.

El trayecto no lo hizo sola, consigo llevó a tres hijos: Tamara, de 5 años; Andrea, apodada "Wanda", de 4; y Jonatan, de 3.

Una vez en Tucumán, la mujer le pidió a sus padres si podían cuidarles a los tres hijos durante unos días. Los abuelos aceptaron quedarse a cargo de sus nietos por ese escaso período de tiempo, pero sabían que les sería imposible poder extender el cuidado mucho más. Sin embargo, la mujer nunca volvió.

Los dos abuelos sabían que no podrían hacerse cargo de los tres niños, por lo que acudieron a una de las iglesias de Famaillá para pedir ayuda a sus amigos más cercanos.

"Así, se encontraron con los que terminaron siendo mis abuelos adoptivos. Ella era la madrina del bautismo de mi mamá y era amiga de mi abuela de sangre", le relató Wanda Andrada a Infobae. "Cuando les explicaron lo que pasaba, mis abuelos adoptivos dijeron que ellos podían adoptarme a mí y a mi hermana Tamara, pero no a Jonatan. Ellos habían tenido hijas mujeres y se sentían más seguros criando a niñas. Ese fue el último momento que estuvimos con Jonatan", agregó.

Esos días de separación significaron el dolor más rotundo para unos niños que no terminaban de entender todo lo que les pasó. "Yo no recuerdo demasiado, pero mi hermana Tamara me dijo que en el momento de la separación de nuestro hermano y cuando fuimos a la casa de nuestros nuevos abuelos yo lloraba sin parar, como una condenada. Nos estábamos quedando solas y no entendíamos por qué. Hoy veo mis fotos de chiquita y estoy en todas con cara triste o preocupada. Fue una infancia muy dura", afirmó.

La foto de Wanda Andrada, junto a sus dos abuelos adoptivos
La foto de Wanda Andrada, junto a sus dos abuelos adoptivos

La historia de Jonatan seguiría por otro camino. La abuela materna de sangre lo entregó a Amelia Sandili, otra amiga de la Iglesia de Famaillá. Esta mujer recordó que su prima hermana, residente en San Miguel de Tucumán y ya avanzada en edad, siempre había querido tener hijos, pero la naturaleza se lo había impedido.

"Mi mamá adoptiva se fue desde San Miguel de Tucumán hasta Famaillá sola, en un salto de fe prácticamente, porque no sabía dónde tenía que ir ni con quién hablar, solo tenía muy vagas referencias. Dio conmigo y mi abuela y ahí se concretó, ese día me llevó con ella", le dijo Jonatan a Infobae.

La vida de los dos hermanos transitaría un camino similar pero con características diversas. Ambos fueron criados por personas mayores, pero cada uno tuvo una referencia diferente sobre lo que fue su historia.

"Desde que estuvimos en nuestra nueva casa, mi hermana y yo sabíamos que éramos adoptadas y sabíamos que teníamos otro hermano en alguna parte de Tucumán o de otro lugar del jardín", relató Wanda.

Mientras tanto, en San Miguel de Tucumán la historia era distinta. "A mis papás les costó mucho más contarme que yo era adoptado. Recién a los 14 años me enteré de eso, pese a que ya tenía millones de sospechas", afirmó Jonatan.

Gran parte de su vida, el joven se preguntó en su cabeza sobre su origen: "Todos mis primos tenían fotos de bebés y de mí no había ninguna. Mis padres me llevaban 48 años de diferencia, yo los veía 'viejitos' al lado de los de mis amigos, y además yo no tenía el mismo apellido que ellos. Eran demasiadas cosas".

"Un día, a mis 14, volví de la escuela secundaria a casa y empecé a preguntarles sin parar sobre esas cuestiones, el apellido, las fotos, todo. Hasta que en un momento mi mamá no pudo más, se largó a llorar y me dijo que era adoptado. Para mí fue un alivio. Pude terminar con tantas preguntas, tanta incógnita", añadió.

Según relató el propio joven, su madre una vez le comentó de manera vaga que él podía tener otros hermanos naturales, pero no era confirmado. Jonatan nunca le prestó demasiada importancia a ese asunto.

Wanda Andrada trabaja hoy como docente en una escuela para chicos con capacidades diferentes
Wanda Andrada trabaja hoy como docente en una escuela para chicos con capacidades diferentes

Durante esos años, la vida de Wanda en Famaillá estuvo marcada por nuevos golpes y por la tragedia.

Su abuelo adoptivo murió a causa de un ACV cuando ella tenía 9 años y su abuela, su gran referente, perdió la vida a sus 15 después de una lucha titánica contra un cáncer.

"La pérdida de mi abuela terminó de destruir a mi hermana Tamara. Ella servía como hombro de apoyo para mis angustias, pero perdió el suyo y nunca encontró el rumbo. Un día, no pudo más y se suicidó. Tenía 17 años", le dijo Wanda a Infobae.

La niña de entonces 16 años se quedó sola en el mundo. Encontró un nuevo techo en la casa de la madre de una compañera de colegio.

Wanda pudo rehacer su vida y completar sus estudios. Así y todo, esa soledad significó el impulso para iniciar la búsqueda de su hermano de sangre. "Con el pasar del tiempo, comencé a pensar cada vez más en él. Yo sabía que veníamos de una familia muy pobre. Por eso, cada vez que veía a un chico mendigar comida en la calle o en un colectivo pensaba que ese chico podría ser Jonatan", afirmó la joven.

Y continuó: "A pesar de todos los golpes que recibí, tuve una vida bastante linda. Solo quería contactar a mi hermano para saber si él también la había tenido. Incluso solo quería saber cómo estaba. Si él nunca me quería conocer, lo habría aceptado".

Después de años de intriga y de dudas, la decisión de salir a la búsqueda de Jonatan le llegó en las más recientes semanas de este año. Wanda decidió contar su historia en las redes sociales y expresó su deseo de poder saber el paradero de ese hermano de tres años al que dejó de ver durante 21 años. Por eso, escribió un emotivo texto y publicó la única foto que tenía de Jonatan, a sus tres años.

"Resumiendo un poco, él es Yonathan mi hermano menor. No sé mucho, sólo que mi "mamá" lo regaló a una familia que vive en Yerba Buena. Vivíamos en Bs.As. y llegamos a Tucumán en el año 1996. Actualmente tendría que tener 22 o 23 años!! Averigüé lo que pude averiguar, pero en estos casos tan delicados nadie te dice nada. Me dijeron que seguía teniendo el mismo nombre y que sus padres dijeron que cuando fuera mayor de edad le contarían la verdad, esperé muchos años, siempre teniendo la esperanza de encontrarlo!! (…) Si esta foto te resulta familiar, si dudás quién sos o si sentís en tu corazón que hay algo mío en vos, búscame, háblame. Yo te estoy esperando desde siempre!!! Compartimos los mismos padres, el mismo hogar durante 3 años y aunque no recordemos mucho el amor siempre queda!!! Espero no molestar a nadie y mucho menos ofender. A los papás les digo que no tengan miedo, sólo necesito abrazarlo y decirle cuánto lo extrañé durante este tiempo, necesito compartir mi vida con él!! La identidad es un derecho y por más difícil que sea hablar de este tema, de la adopción y sus consecuencias, pensá desde el corazón y decíle la verdad", rezó el texto publicado por Wanda el último viernes.

La única foto de Jonatan que disponía Wanda durante su búsqueda
La única foto de Jonatan que disponía Wanda durante su búsqueda

Jonatan, por su parte, ya no estaba más en San Miguel. Junto a su familia se mudó a la ciudad de El Cadillal, a unos 20 km de la capital provincial, donde logró terminar la secundaria y empezó la carrera universitaria de Derecho.
El sábado, Jonatan pasó la tarde junto a su novia Ruth. Su plan fue ver el partido entre River y Atlético y después dedicar el resto de la jornada al estudio para uno de los finales de la facultad.

"Cuando estaba viendo el partido, mi novia me dice: 'En el diario La Gaceta pusieron la foto de un chico de tres años que se parece a vos, lo están buscando. ¿No serás vos?' Yo no le di importancia y seguí con el partido", relató Jonatan.

Casi de manera milagrosa, el mal clima terminaría jugando un papel crucial en la historia: "Yo jamás tenía pensado leer esa noticia. Pero ocurrió algo increíble. Después del partido se largó una tormenta terrible y se nos cortó la luz en casa. Por eso no podía estudiar. Entonces, en un momento de tiempo muerto, me conecté a internet con el celular y me puse a leer la noticia. Cuando vi la historia de Wanda y vi la foto, se me movió todo. Y así me puse a buscar una foto mía de cuando era chico. La más vieja que tenía".

Así, Jonatan le pidió solicitud de amistad a Wanda en esa misma red social.
"Me llegó el pedido de amistad y antes de responderle empecé a mirar sus fotos. En un día ya me habían llegado muchos Jonatan González de Yerba Buena, pero nadie daba con el perfil. Una vez que vi la foto, me dije 'Es él', no lo dudé ni un minuto. Incluso llamé a mi tía de sangre, con la que después recuperé el vínculo y se lo dije. Ella me mandó otra foto de un primo sanguíneo y me decía 'Mirá, son iguales'".

Ambos se pusieron en contacto mediante la red social. Jonatan le contó lo poco que sabía de su historia y todos los datos coincidían con la historia que también había escuchado Wanda.

La revelación final se daría al otro día, el domingo por la mañana, mediante el servicio de mensajes telefónicos. Jonatan logró hacer un collage con la foto ofrecida por Wanda y una que él tenía de su infancia. Había una diferencia de un año entre las dos imágenes. Y el resultado fue determinante.

"¡Sos vos!", respondió en el chat Wanda ante la imagen. "¡Quiero llorar! Te juro que no puedo creerlo", respondió Jonatan. Ambos se encontraban frente a la pequeña pantalla de sus teléfonos sin parar de llorar. El destino los había reencontrado después de 21 años.

 
Las capturas de los chats sobre el primer contacto entre ambos y sobre la confirmación con las fotos
Las capturas de los chats sobre el primer contacto entre ambos y sobre la confirmación con las fotos

Así, el mismo lunes decidieron encontrarse por la tarde. "En un principio me dijo que no podía hasta el jueves por sus exámenes en la facultad, pero después me tiró: '¿Y si nos vemos hoy'?".

El encuentro más esperado se dio en un punto medio: el barcito de una estación de servicio justo al lado de la terminal de ómnibus de San Miguel de Tucumán. Jonatan acudió con su novia y fue el primero en llegar.

"Tenía una ansiedad que me moría. Ambos estábamos hablando por el teléfono, hasta que la vi aparecer por la puerta. Ahí se me vino el mundo abajo de la emoción", describió Jonatan.

"Fue un abrazo silencioso, posiblemente fue el abrazo más fuerte que me haya dado en mi vida", agregó.

Para Wanda, representó el premio a una búsqueda de años. Fue la alegría infinita después de tantos años de pérdidas y sufrimiento. "Mi abrazo fue como más sentido. Yo sabía de su existencia, él no sabía de la mía, estaba un poco más en shock".

La reunión tendría mimos y charlas que durarían horas. También existiría el compromiso de ambos para viajar a Famaillá y a El Cadillal para conocer a las familias adoptivas de ambos.

El collage de las dos fotos de Jonatan que el joven le envió a su hermana, antes de encontrarse
El collage de las dos fotos de Jonatan que el joven le envió a su hermana, antes de encontrarse

El reencuentro les permitió a estos hermanos cerrar una herida y comenzar a escribir una nueva historia juntos. Según los datos que reunieron, ambos tuvieron un hermano mayor llamado Alejandro y otra, de nombre Florencia, que era un bebé al momento que ellos fueron dejados en Tucumán. Aún no decidieron si saldrán a buscarlos en algún momento.

"Cuando uno es un hijo adoptado aprende a convivir con un vacío dentro del cuerpo. Algo que no se puede terminar de explicar para el que no está en esa situación. Por eso, un encuentro como el que tuve con mi hermana sirve para empezar a llenar ese vacío", explicó Jonatan.

Y la larga historia de pérdidas y separaciones se topó con un final de reencuentro. Un lazo inquebrantable.