Corte de luz en Congreso: "Es durísimo tener que tirar todos los lácteos a la basura"

Jean Carlos tiene un almacén y hace dos días que sufre la falta de energía eléctrica. En una escuela no se puede dar clases y en una peluquería no tienen clientes porque no pueden trabajar. Infobae recorrio el barrio que sufre por la falta de luz

Jean Carlos, en la oscuridad, mantiene la esperanza de que pronto vuelva la luz
Jean Carlos, en la oscuridad, mantiene la esperanza de que pronto vuelva la luz

Susana cruza la calle indignada. Se detiene a observar como 7 operarios de la empresa Edesur intentar devolver el suministro eléctrico en Moreno al 1800. Sucede en el barrio de Congreso y la mano del hombre opera sin suerte. Se acerca y les suplica que le devuelvan la luz. "Mi marido tiene 87 años, yo 84. Vivimos en un edificio y no podemos subir y bajar las escaleras. Ya perdí mucha comida, tuve que tirar todo a la basura". La culpa no es humana. Son dos transformadores quemados que mantienen a decenas de familias y comerciantes sin luz. De día, el suplicio. De noche, la incertidumbre.

Jean Carlos es el dueño del almacén de la cuadra. En el mismo edificio en donde mantiene su comercio, vive a diario con su familia. "Utilicé el generador eléctrico del lugar para encender un freezer y mantener los lácteos allí, pero no puedo sacarle la luz a los vecinos. Es durísimo tener que tirar todos los lácteos a la basura. Hace 15 años que vivo en este lugar y no viví nada igual", dijo a Infobae.

Los operarios de Edesur, intentando devolver rápidamente el suministro
Los operarios de Edesur, intentando devolver rápidamente el suministro

La respuesta de los operarios no convence a los vecinos. "Calculamos que a la medianoche debería volver la luz", dice uno de ellos. "Ayer nos dijeron lo mismo. Sabemos que mucha gente sufre estos cortes repentinos, pero nos da bronca llamar a la empresa y que solo nos den un número de reclamo", agrega un vecino.

A Jean Carlos le queda la tranquilidad de que sus fieles clientes no le fallaron. "Por suerte no hizo tanto calor y algunos compraron bebidas, pero no sé qué va a pasar mañana". Lo expresa, sonrisa mediante, voz pausada, mientras su mujer, subida a una escalera, acomoda unos productos de limpieza como si nada estuviese pasando. Su hijo sonríe. Sale a la vereda y vuelve a ingresar. No hay nada por hacer.

Entre vecinos: diálogos que van de balcón a balcón para olvidar la falta de luz
Entre vecinos: diálogos que van de balcón a balcón para olvidar la falta de luz

A Patricia, vecina del lugar, la situación la desborda. "Vivíamos con el privilegio de estar en una zona cercana al Congreso de la Nación, por lo que la luz nunca se cortaba. Nunca estuvimos más 3 o 4 horas sin energía. Ya van casi tres días y no hubo ningún pico de calor como para que se quemen dos transformadores". Sostiene que "al principio fue una fase, después dos fases. Llamamos a un electricista para confirmar que el problema no era del edificio".

El Ente Nacional Regulador de la Electricidad publica cada 15 minutos las actualizaciones en caso de haber cortes programados, temporarios o interrupciones del suministro. En la zona de Congreso, sin embargo, no aparecen datos de mantenimientos u obras para reestablecer el servicio.

Raquel comparte el mismo edificio de Patricia. Atiende su celular, mientras vuelve del trabajo. "Esperá que me estoy bajando del colectivo", avisa. Discute con un pasajero que no le permite descender del transporte. "Disculpame, estoy de muy mal humor", cuenta a Infobae. "Es un desastre y una vergüenza que no haya respuestas. Gente sin agua, tirando comida, pagando cualquier fortuna por una boleta de luz. En el edificio hay personas mayores que no pueden bajar por las escaleras".

Los carteles de los comercios advierten sobre el panorama
Los carteles de los comercios advierten sobre el panorama

En la misma calle, un colegio: el Instituto Isabel Conde de Hernández. Un cartel en su puerta anticipa el panorama: "No hay luz. Golpear". Aparece Karina, encargada de la escuela: "Ayer tuvimos luz por la mañana, a la tarde ya no. Les avisamos a los chicos que no vengan. Calculo que mañana tampoco vendrán", explica a este medio. En el fondo, un grupo de jubilados que se reúne en el lugar cada semana regala una imagen desoladora.

La falta de clases lo desmotiva a Jean Carlos: "Nuestros clientes son los chicos que ingresan y salen del colegio. Si mañana no hay clases, sumado al feriado del lunes, son 5 días sin ellos. Para nosotros es muy complicado". Allá, en el medio de la cuadra, permanece Susana, que se apoya en su bastón y lamenta los "2 mil pesos de carne que tuve que desperdiciar".

En el bar de José, las mesas las ocupan sus empleados (Guillermo Llamos)
En el bar de José, las mesas las ocupan sus empleados (Guillermo Llamos)

Al llegar a la esquina, el bar de José. Está junto a sus dos empleados, cada uno por su lado. Él, sentado, mirando por la ventana. Gaseosa mediante, observa como ningún cliente se sienta en sus mesas. El cocinero inaugura con un mordizco el sándwich de la merienda. "No pudimos hacer ni una taza de café. Solo usamos el fiambre que cortamos ayer para no desperdiciarlo", advierte José, que no quiere salir en la foto, pero sí su mozo, esperanzado en que pronto volverá a recolectar la propina. José saluda y agradece mientras espera que la luz le devuelva la sonrisa.

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