Los 966 kilos de cocaína estaban ocultos en el doble techo del utilitario Renault, chapa alfa numérica JZL 002. Eran 933 ladrillos de droga prensados y envueltos en ocho colores a través de los cuales se identificaba a cada uno de los clientes radicados en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Habían sido acomodados en un taller de chapa y pintura ubicado en la zona norte de Salvador Mazza, en Jujuy, en el límite con Bolivia, lugar de dónde provenía la mercancía.

No solo los tonos diferenciaban las encomiendas, también la pureza del clorhidrato de cocaína que variaba –al igual que el precio de entrega– del 40 al 92%. El valor del cargamento, 71 millones de pesos.

El viaje narco comenzó el viernes 17 de junio, dos días antes de ser detenido de manera rutinaria en el puesto de control de ruta Aguaray, de Gendarmería Nacional, dependiente del Escuadrón 52 Tartagal, en la provincia de Salta, por el cabo Denis Gabriel Oviedo.

La caravana, que más tarde se determinaría que estaba compuesta por otros tres autos que custodiaban el cargamento de la camioneta Master (un Corsa, un Bora y un Gol) partió de San José de Pocitos, localidad boliviana que limita son Salvador Mazza, y está ubicada a escasos tres kilómetros de Yacuiba, otra localidad del vecino país -por donde también circularon los delincuentes-, y pasos prácticamente obligado para el tráfico de estupefacientes.

Después se detuvo en Caraparí, otra población de Bolivia, ubicada en la Provincia Gran Chaco, en el departamento de Tarija. El utilitario y su séquito se movía como pez en el agua en la frontera caliente del narcotráfico, allí donde se respira temor. No existía ninguna razón para sospechar que los casi mil kilos de "benzoilmetilecgonina" no llegarían a destino.

Impunidad y poder

La camioneta Master era conducida por el gendarme Emanuel Guillermo Mondaca, y estaba acompañado por Roberto Julián Gamarra, otro uniformado de esa fuerza de seguridad; y Claudia Rosana Mondaca, la hermana del chofer.

La banda de los gendarmes narco estaba compuesta por otros uniformados verdes, hoy prófugos de la justicia, y civiles sometidos a juicio oral y público en Salta.

Los narcogendarmes ese 19 de junio a las 16:30 de la tarde terminaron detenidos, muy posiblemente, por pequeños detalles producto del exceso de confianza e impunidad con la que se conducían y el presunto poder que influían los líderes de la organización criminal internacional que nunca fue investigada y está intacta.

Para disimular el doble techo con la droga y la diferencia de pintura blanca utilizada en la refacción, los gendarmes y la hermana del "transportador", compraron cientos de prendas nuevas en las ferias de Yacuiba. La ropa apilada ocupaba todo el espacio del utilitario y llegaba hasta la cúpula de la camioneta. Ese fue uno de los factores que llamó la atención del gendarme Oviedo que había detenido la marcha del Renault, sin sospechar que estaba a punto de apresar a un colega que, seis años después, es decir en este septiembre de 2017, está a punto de ser condenado a 20 años de prisión. Eso dependerá de la decisión del Tribunal Oral Federal salteño que en las últimas horas escuchó con atención el duro alegato del fiscal federal Carlos Amad.

La primera alarma de alerta que llamó la atención del cabo Oviedo fue la actitud de Mandoca. Antes que éste le pidiese nombre y apellido, 'chapeó' con su credencial de gendarme en actividad y comenzó a explicar que junto a su hermana y amigo, el gendarme Gamarra (sobre quien recae un pedido de 4 años de cárcel), estaban de vacaciones por el "norte del país" y que habían cruzado a Yacuiba para comprar ropa, la cual venderían para suplementar el salario familiar.

Oviedo, y con justa razón, interpretó que sus camaradas querían seguir viaje sin ser requisados. Por eso, al solicitarle los papeles del vehículo se pusieron nerviosos y prácticamente se incriminaron solos.

Más tarde se comprobaría que la camioneta había sido adquirida por el suegro de otro integrante de la organización, tres meses antes de ser remodelada como vehículo mula.

Fue el gendarme Gamarra quien, sin quererlo, terminó de convencer a los uniformados del retén que algo no estaba bien. Cuando abrió la guantera para sacar los papeles del de la Master, quedó a la vista la culata de un arma. Semanas después, quedaría acreditado, que ninguno de los dos efectivos declararon sus pistolas 9mm en los pasos fronterizos, tal como marcan las leyes migratorias.

En cuanto Oviedo movió las prendas de lugar, quedó a la vista los remiendos en el doble techo de la camioneta. De inmediato se dio intervención al juez federal de Orán, Raúl Reynoso, quien a las pocas horas anunciaría que había realizado uno de los decomisos más importantes de cocaína de ese 2011. La detención de los narcogendarmes fue para el magistrado otra causa que utilizaría para solicitar dádivas a cambio de la libertad de los narcos detenidos y favorecer su situación procesal.

Tanto fue así, que el ahora ex juez, sometido a juicio oral por los delitos cometidos durante el ejercicio de su profesión, dejó en libertad a todos los integrantes de la banda de los gendarmes, razón por la cual hay dos prófugos y, realizó una pésima instrucción. De hecho, acusó a varios de ellos de lavado de dinero y enriquecimiento ilegal, sin antes haber acreditado un ilícito preexistente por lo cual fueron desvinculados del expediente.

En su reciente exposición ante el tribunal federal salteño, el fiscal Amad fue implacable: calificó de Vergonzosa la instrucción de Reynoso y recordó que para favorecer a varios de los imputados -que quedarán absueltos en el juicio- Reynoso, a través de terceros, habría recibido a modo de "dádiva" una finca que pertenecía a Pablo Raúl Vera, uno de los detenidos por el tráfico de cocaína. El inmueble fue transferido a nombre de la pareja del abogado defensor de Vera, René Gómez.

Esa propiedad, un año después, y un mes antes del sobreseimiento de Vera en la causa dictada por el mismo juez Reynoso, es transferida a Rosalía Candelaria Aparicio, hermana de César Aparicio, empleado del juzgado federal de Orán, que estaba a cargo de Reynoso, y que ahora también son sometidos a juicio por formar parte de la banda mafiosa liderada por el magistrado que beneficiaba a los criminales.

Mafia narco

Hasta el mismo día del alegato, y antes de solicitar 20 años de prisión, el fiscal Amad le propuso Mandoca, al gendarme narco, que se acoja a la ley del arrepentido, que delate a los poderosos líderes de la organización narco internacional a cambio de obtener protección para él, para su familia y una mejor situación procesal. Mandoca se negó siempre. Adujo temor, Miedo a que sus seres queridos sean masacrados. "Esta me la como yo solo", se le escuchó decir durante el juicio.

Durante sus fluidos contacto con la prensa, el ex juez Reynoso aseguró que los gendarmes argentinos habían sido contratados por un poderoso empresario uruguayo, al que nunca identificó ni investigó. También sugirió que poderosos intereses, posiblemente políticos, podrían estar detrás de los narcogendarmes. Sin embargo, tampoco avanzó en ese sentido. Cortó el hilo en el conductor y acompañante y al resto de la banda la benefició.

– ¿Cree que el poder político está detrás de la banda narcocriminal de los gendarmes?, le preguntó Infobae al fiscal Amad.

– Es evidente que hay poderosos intereses detrás de esta y otras bandas narcos. Pero Reynoso se encargó de encubrir. Y en el debate oral no surgieron elementos porque los imputados no hablaron.

– ¿Por qué Mandoca, quien puede ser condenado a 20 años de cárcel por el delito de "transporte agravado por el número de intervinientes y por la calidad de funcionarios públicos", como solicitó usted, se negó a los beneficios que le otorga la ley si delata a los que lo contrataron para transportar casi una tonelada de cocaína?.

– Porque tiene temor que asesinen a su madre, entre otras personas. Recuerde que detrás de estas organizaciones está la mafia. Y la mafia, en nuestro país, corrompió a jueces, policías, gendarmes, políticos.

El fiscal del juicio, que también está a cargo de la acusación contra el ex juez Reynoso, tiene razón. Solo basta repasar el expediente abierto contra este magistrado; o recordar que en Itatí, Corrientes, el jefe comunal y su vice terminaron presos por amparar a una banda narco paraguaya que ingresaba miles de kilos de marihuana a través del Río Paraná.

El fiscal que habla es el mismo que hace un año fue amenazado de muerte. Le dejaron dos balas en el capot de su auto estacionado frente a su casa de Resistencia. No fue la primera vez. Durante la investigación que llevó adelante en la provincia de Chaco por la causa denominada "Carbón blanco", ya había sido amedrentado, pero a través de notas anónimas.

"Amad cagón, te mandaron lejos pero igual la vas a pasar mal, en Salta tenemos amigos, cuidate mucho, y cuidá a tu familia", decía una nota que apareció pegada el 22 de diciembre en la puerta de la Fiscalía de los Tribunales de Salta.

Habrá que esperar apenas unos días para saber si el Tribunal salteño finalmente condena, como solicitó Amad, a la banda de los gendarmes narcos.