"Argentina no está aprovechando al Papa Francisco"

Por Catalina de Elía, Rocío González y Leandro Edelstein

Juan Manuel Rega trabaja en la parroquia Santo Cura de Ars, de Monte Chingolo, y es encargado del servicio social de la parroquia, que da de comer a 200 familias todos los días. Mario Miceli fue nombrado hace pocos meses párroco de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en el barrio de Villa Lugano. "Nuestro trabajo social nos expone como un termómetro de lo que pasa en el país", afirmaron estos jóvenes curas villeros en La Política Joven.

Miceli describe su responsabilidad sacerdotal, que es estar con la gente, caminar día a día con ellos y con los problemas que hay en el barrio, pero se sincera: "Ahora está un poco más complicado. Hay más gente en las calles, en los comedores. Lamentablemente nosotros tenemos estos ciclos donde, cada tantos años, vamos teniendo problemas en lo social". Rega acuerda con esta visión: "En lo que va de este año la situación de nuestra gente empeoró mucho. Los que hacían changas ya no las tienen, se complican los laburos estables y eso repercute en la economía domestica".

Como actores sociales ellos no están al margen de lo que sucede en el país. En este sentido Miceli se muestra preocupado por la falta de diálogo. "Es muy grande el odio que hay de un lado y del otro de la grieta y nos hace muy difícil a los curas poder hacer convivir y que se solidaricen unos con otros. La Iglesia tiene el rol de sanar esas heridas, pero no lo estamos logrando", admite Rega.

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No se sienten omnipotentes y cuentan que hay situaciones que los desbordan, como las que tienen que ver con la marginalidad y la violencia. Surge el caso del "Polaquito", a quien Rega conoce del barrio, y deja clara su visión: "No creo que ningún nene de 12 años sea la cabeza de una organización criminal, eso pasa en ciencia ficción. Sí puede tener consumo problemático de drogas o vivir en un contexto de violencia, pero creo que fue usado". Miceli se suma sobre esta discusión: "La baja de imputabilidad no creo que solucione ningún problema. Sería triste si tenemos que recurrir a eso, creo que tenemos mucho para dar, si queremos darlo".

La mención al Papa Francisco resulta inevitable, más en el caso de Miceli, quien ha trabajado con Bergoglio y lo conoce personalmente: "Me queda la sensación de que no lo estamos aprovechando tanto", afirma. Rega es un poco más gráfico: "Le colgaron el mote de Papa Peronista y eso lo puso de un lado de la grieta. Yo no diría que es una Papa Peronista, sino que es un pastor preocupado por los más pobres". Ambos coinciden en que si el Papa fuera escuchado se achicaría la grieta.

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