Nunca más temas a la muerte

(Istock)
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La muerte es sólo la transición de un estado de conciencia a otro. En India enseñan la partida de un plano a otro con la siguiente metáfora: Pensá que la muerte es como una puerta. Mientras estés de este lado, existís o estás vivo aquí y ahora, con lo que tenés como conocimiento y conciencia. Pero en el mismo momento en que pasas por esta puerta hacia el otro lado (a la habitación contigua, por así decirlo), dejás de existir en la primera habitación de donde venías.

Sin embargo en ese instante exactamente, aparecés (nacés) en la habitación contigua, con un nuevo estado de conciencia.

Por ende, el miedo a la muerte es absolutamente innecesario. ¿Creés realmente que el Dios creador alguna vez "desperdiciaría" algo? ¿Creés que simplemente borraría tu vida entera de experiencias sólo vaciándola, eliminando tu conciencia de la creación?

Ese es un razonamiento insano, ¿no creés? La muerte no es una penitencia. Es solamente una transición desde nuestro conocimiento terrenal del "Yo soy el cuerpo" a la conciencia espiritual del "Yo soy espíritu".

La teoría de la reencarnación es, claro está, tan antigua como el hombre mismo. En la época de Jesucristo la reencarnación era una verdad aceptada. Pero alrededor del año 325 D.C., el emperador romano Constantino, instigado por su celosa madre y el clero, ordenó que sean borradas todas las referencias sobre la reencarnación en el viejo y en el nuevo testamento.

Más tarde, alrededor del año 600 D.C., el segundo consejo de Constantinopla confirmó la acción represiva de Constantino y declaró al concepto de reencarnación como una herejía.

Anterior a eso, hacia el 60 D.C. el primer consejo declaró que todas las mujeres estaban impuras, por lo tanto toda persona, como así también las criaturas recién nacidas tendrían que ser bautizadas para ser limpiados del pecado.

Si el bautismo no era llevado a cabo por un sacerdote, como era prescripto por la doctrina de la iglesia, la persona seguía estando impura y condenada al infierno.

En algún lugar de estos dogmas hechos por el hombre, insertaron la imagen de un Dios enojado y colérico con el objeto de validar sus demandas, a pesar de que Jesús enseñó que Dios es amor, comprensión, verdad y misericordia. Que Dios todo perdona, y no pide nada de nosotros excepto que le entreguemos nuestros corazones tan puros y llenos de amor como cuando Él nos los dio.

Que debemos amar a todo ser viviente como a nosotros mismos, y tratar a los demás de la forma en que nos gustaría que nos trataran.
Dios es amor. Esta creencia es la base de todas las religiones.

Sin embargo, a lo largo de la historia, se infundió la idea de un Dios de culpa y castigo en las mentes ignorantes de la gente creyente. Se separó al hombre común del Dios amoroso.

Aunque también siempre estuvieron los seres maravillosos ejemplos de amor y servicio, como lo fue la divina Madre Teresa de Calcuta, quien trató de hacer lo máximo para ayudar a la gente y sostener los ideales de Dios en sus vidas.

El simple concepto de reencarnación, que permite a cada uno elevar su conciencia en cada nueva vida, y por ende corregir las acciones y situaciones pasadas, debilita y anula todas las viejas creencias.

La idea del Karma, que explica la eterna, perfecta e incorruptible ley cósmica de causa y efecto, es una absoluta y perfecta justicia de la cual nadie jamás podrá escapar, sin importar en cuántas vidas uno trate de esquivarla.

Esto hace que cada individuo sea siempre responsable por todos y cada uno de los pensamientos, palabras y hechos, incluyendo el impulso y la buena intención que los instigó a realizarlo.

Vean al karma como al gran maestro. Por ende, si sos un asesino en una vida y lográs zafar (ya sea con dinero, poder, manipulaciones legales o sin que nadie se entere), en algún momento de una vida futura serás la víctima del asesinato.

De esa manera, experimentarás lo que se siente y entonces con suerte tu conciencia se elevará y nunca más repetirás ese tipo de acción. Finalmente, todos podremos fundirnos con nuestra verdadera realidad, que es Dios o el nombre que le quieras poner, (ya que verdaderamente nunca fuimos otra cosa).

Ahora pueden ver cómo la idea de la reencarnación y el karma quitaba del medio la amenaza del infierno y la condenación eterna por parte de un Dios de culpa y castigo, ya que cada uno puede reencarnarse de época en época y por consiguiente redimir su karma.

Es interesante notar, que a través de la historia, las diversas estructuras de poder egoísta de diferentes creencias religiosas, han hecho cualquier cosa con el objeto de mantener el dominio sobre sus congregaciones (han mentido, engañado, torturado y asesinado).

Sin ir más lejos, podemos tomar como ejemplo las varias inquisiciones y cruzadas, o las mal llamadas 'Guerras santas'. Creo que han sido masacradas y torturadas más personas en nombre de Dios, que por ninguna otra causa. Todo esto solamente es un resultado de la ilusión temporaria del dinero, del poder y el ego. Eso, mis amigos, es una real 'demencia'.

Lo que es sorprendente, sin embargo, este esfuerzo por dominar, todavía sea la corriente oculta de la mayoría de las estructuras de la iglesia y su clero. Varias religiones todavía utilizan las tácticas obsoletas del temor del fuego infernal, azufre y condenación eterna, para amasar egoístamente riquezas y poder sirviéndose de sus ignorantes congregaciones.

Antes del siglo XVII uno podía tener varios pecados perdonados por un precio justo. Hoy en día, lo peor es que la mayoría de nosotros, actúa como insensatos maniquíes sin indagatoria, como ovejas ciegas siendo conducidas al matadero, y continuamos que el clero siga controlando su juego.

Sin embargo, la iglesia no ha podido borrar de la biblia todos los rastros de la reencarnación.

Por ejemplo, cuando Jesús habló a sus discípulos en la montaña, le preguntaron si él era el viejo profeta hebreo llamado Elías, apareciendo nuevamente. Jesús no corrigió ni reprochó su creencia en la reencarnación, sólo respondió la pregunta.

Si leen con cuidado, todavía encontrarán muchos pasajes en los que la idea de la reencarnación es dada por hecho.

Para algunos de nosotros la idea de la reencarnación puede aún ser muy extraña y estar un poco en el aire, así que podríamos explicarla de una manera que se entienda y sea más fácil de comprender.

Imaginen que el acto de morir sea similar a que nos saquemos una ropa sucia, vieja, gastada y rota, con el fin de asearnos. Luego de una ducha y un breve descanso, uno se levanta, y decide ponerse ropa nueva (cuerpo), fresca y limpia para continuar con su vida diaria.

Otra manera en que puede ser visto este proceso es pensar en tu cuerpo como si fuese un automóvil y tu espíritu el conductor. Si el auto se desarma, se descompone o se destruye, el conductor toma un auto nuevo y continúa su viaje. También recuerden que cada viaje comienza con el primer paso. Como nos dicen los Tibetanos: "Despacio pero seguro se gana la carrera".

Por ende, cuando encuentres a tu mente asediada por el temor a la perdición y a la muerte, tomate un vaso de agua fresca, inhalá profundamente y calmate.

Sentate en algún lugar tranquilo, cerrá tus ojos y contempla cómo y por qué aflora ese miedo.

¿Es porque te ves apegado a tus logros, tu nombre, familia, fortuna, fama y sueños de gloria? ¿O tenés miedo de algún infierno de condenación y creés que tus malas acciones han causado incalculable miseria y dolor al mundo y a las personas que te rodean? ¿O simplemente tenés miedo de dejar de existir?

Bueno, sea lo que fuere, míralo muy de cerca. Buscalo en el plano interior y después dalo vuelta en tu mente hasta que encuentres la mismísima raíz del asunto. Vas a encontrar que la raíz es siempre algún tipo de vínculo o deseo.

Mirá a la mentira con tu vieja idea de la muerte y volvé a la idea de que Dios es amor, misericordia, perdón, compasión y perfecto entendimiento.
Entonces, perdónate a vos mismo, dándote cuenta de que acabás de pasar por algunas experiencias de aprendizaje. Independientemente de que estas hayan llegado a la profundidad de lo grotesco y sórdido, o al nivel de la exuberancia emocional incontrolada.

Procurá vislumbrar que sólo fue una lección hacia el camino de darnos cuenta una vez más cuál es nuestro verdadero Ser.

Abandoná tu vieja indulgencia o temor basado en hábitos inútiles y egoístas, que ya no tienen valor alguno.