La sociedad se está acostumbrando a la escena, pero todavía parece lejana. El juicio por jurados se empieza a hacer fuerte en el país a partir de su introducción en algunas provincias. El femicida Fernando Farré fue condenado este martes luego de que 12 vecinos de distintas profesiones y clases sociales que se conocieron hace menos de 10 días, deliberaran, votaran y lo declararan culpable.

Primero fueron 46 ciudadanos del Departamento Judicial de San Isidro elegidos como jurados para el caso. Esa preselección luego se achicó a 18. De ellos, 12 actuaron como titulares y los otros seis, como suplentes. Todos estuvieron en las siete audiencias que duró el juicio oral contra Farré.  

Aunque trascendieron algunos nombres, sus identidades son secretas. Sólo se informó el nombre del presidente del jurado, Gonzalo, de 35 años. El resto tenían entre 24 y 65 años. Había desde amas de casa hasta desocupados. En el caso de los empleados, no podían ser despedidos y sus jefes tuvieron que pagarles.

Los 18 jurados comieron en el bar Habeas Corpus, que está en frente de los tribunales de San Isidro. Siempre, acompañados de efectivos policiales, incluso para ir al baño.

Antes del inicio del juicio, les explicaron las reglas: que no deben hablar con los periodistas, que se tienen que limitar a analizar la prueba, que las deliberaciones son secretas. Les dejaron bien en claro que no debían dejarse llevar por lo que leían en los medios ni por sus sentimientos. 

Ayer después del mediodía, debatieron 90 minutos antes de confirmar que Farré era culpable. El voto fue unánime. En los casos en los que el delito imputado prevé una pena que puede ser de prisión perpetua, requiere el aval de todos los jurados. En el resto de los juicios, se necesitan 10 votos para una sentencia condenatoria.