Los Barbar padecieron un desafortunado episodio delictivo.
Los Barbar padecieron un desafortunado episodio delictivo.

La mala fortuna acecha a una familia de refugiados sirios. Cuatro meses atrás, llegaron a la Argentina para escapar del espiral de muerte y destrucción que asola a esa región de Medio Oriente. Se radicaron la ciudad de cordobesa de Pilar, a 45 kilómetros de la capital provincial, en busca de una vida más segura.  Sin embargo, cuando ya era por sí difícil el manejo del desarraigo, se les sumó como problema el baño de realidad local: el grupo padeció esta semana un robo que incluyó, entre otras pertenencias, sus DNI argentinos.

Las víctimas del asalto son Hafez Barbar (41), su esposa Mari Haddad y sus dos hijas de 12 y 15 años. El delito se produjo durante la noche del miércoles, cuando no había nadie en casa. Se habían mudado tan solo hace un mes a la residencia.

Los ladrones se llevaron una garrafa de gas, una valija con ropas y los documentos de identidad, además de otros bienes y efectos personales.

La familia Barbar viajó a Argentina alentada por un cura tucumano que está en Alepo, en el marco del plan de Mauricio Macri de traer a 3000 sirios para darles un refugio hospitalario. Llevan sobre sus espaldas las típicas anécdotas de guerra, marcadas por la violencia, la persecución y el infortunio.

En 2011, Hafez trabajaba como soldador en Alepo y sufrió un atentado que lo dejó postrado durante un año y medio, cuando un coche bomba explotó en su lugar de trabajo. En aquel acto terrorista, vio el horror de cerca: murieron cinco de sus compañeros. La guerra también barrió el techo de la familia en dos oportunidades, a raíz de bombardeos.

Ante la creciente espiral de violencia en su país, los Barbar decidieron emigrar hacia el exterior. El nexo con la Argentina fue el padre David Fernández, quien hizo la gestiones para encontrar una vía de salida. En Córdoba terminaron radicándose en una zona casi rural, muy distinta al entorno urbano al que estaban acostumbrados.

Si la integración con la nueva realidad ya se hacía difícil; el robo sumó un escollo más. Medios locales informaron que Hafez, al no entender el idioma, no puede hacer bien su trabajo y por lo tanto, su salario no le alcanza. Mari llegó a trabajar en el municipio de Pilar, pero como no podía dejar solas a sus hijas, renunció al empleo.

Según pudo confirmar Infobae, en la actualidad hay 200 personas que vinieron de Siria para radicarse el país. Pero el programa cuenta con serias dificultades y está semiparalizado, a raíz de las trabas burocráticas, problemas presupuestarios y el temor ante la llegada de posibles infiltrados terroristas.

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