Clemente Cancela: "Hoy me gusta estar en la Televisión Pública"

El conductor de “Desordenados” y “Gente sexy” habló con Infobae sobre su llegada a la televisión pública, el alejamiento de Rock & Pop y el vínculo con Mario Pergolini. Además, lamentó que los argentinos “todavía no nos hayamos amigado”

"He sido más feliz en la radio y lo sigo siendo", dice a la hora de compararla con la televisión. "Es un espacio donde tenés mucho más margen de error. Podés darles más lugar a las ideas, no tenés una urgencia con el rating como la de la tele". Y agrega que, en lo personal, desde que dejó de hacer notas como cronista, fue el lugar donde más oportunidades de crecimiento tuvo.

 

—Pensando en Desordenados, ¿hubo alguna exigencia en cuanto al rating?

—No, en principio no. Hay que tener en cuenta que es la Televisión Pública, que no es un canal que esté acostumbrado a tener grandes números, salvo cuando transmite un partido de fútbol importante. La mejor manera de encarar estas cuestiones, por lo menos desde mi lugar, es pensarlo como lo que es de la manera más básica, que es un trabajo, tengo que ir, conducir un programa y hacerlo lo mejor que puedo. 

—¿Te gusta estar en la Televisión Pública?

—Sí, me gusta trabajar. 

—¿Te da lo mismo qué pantalla sea?

—Depende. Si te dicen: "Se va a recontra mirar", está buenísimo. Y si te dicen: "Hay que construir", también está bueno. No me hice un planteo. Me ofrecieron un trabajo que me interesó y ese trabajo me lo ofrecieron en condiciones que a mí me gustaban y me copó. Me siento muy bien tratado. Entonces sí, hoy me gusta estar en la Televisión Pública. 

—Horacio Levin, el nuevo director de la TV Pública, habló de una política de austeridad importante. ¿Con los contratos es así?

—Son precios de mercado. Calculo que en algún momento se sabrán. Estoy tranquilo en eso, no va a aparecer Clemente Cancela ganando un palo, ni la décima parte tampoco. 

Me fui de Rock & Pop porque me habían dejado de pagar a mí y a mi equipo durante varios meses

—¿Cómo estás con el cambio de radio? ¿Ya acomodado en Blue?

—Sí. Muy contento, me tratan muy bien y tratan muy bien a mi programa, eso para mí es importante. Me fui de Rock & Pop porque me habían dejado de pagar a mí y a mi equipo durante varios meses; amén de que la administración que tenía a su cargo esa radio hasta fin del año pasado manejaba la radio de una manera con la cual yo no estaba de acuerdo, tanto en lo artístico como en lo económico. Encontré la posibilidad de rescatar a mi programa de lo que podía ser un abismo en su momento y de volver a la radio de la que nos fuimos. Mi programa tiene cierta vida propia y se adapta a las emisoras en las que trabajo. En Blue nos tratan muy bien, nos dieron todo tipo de libertades. 

—¿Pudiste cobrar lo que te debían?

—Hicimos una suerte de acuerdo altruista con la nueva gestión, altruista de mi parte. 

—¿La relación con Mario Pergolini cómo quedó?

—Normal. Nunca tuve demasiada. Es la persona que me dio mi primera oportunidad en televisión, mi primer trabajo grande e importante, con lo cual le voy a estar siempre agradecido. Después, nunca tuve mucha relación. No estoy peleado ni tampoco es mi amigo, mi caso no es equiparable al de otros compañeros de CQC, que han vivido más historias con él; yo, normal. 

Los programas de actualidad necesitan un petit lifting

—¿Por qué hoy no hay un CQC en la televisión?

—Para todo hay un momento. CQC duró muy dignamente, durante mucho tiempo. Después los medios fueron cambiando, la mirada sobre el humor político en televisión fue cambiando. La mirada de la clase política sobre un comentario o un chiste también fue cambiando. La televisión empezó a medir también otra cosa y el programa cumplió un ciclo lógico. No sé si hoy podría estar de vuelta o no, dependería mucho de la gente que lo hiciera. Y que se renovara de una manera mucho más acorde con los tiempos que corren. Me parece que los programas de actualidad necesitan un petit lifting.

—¿Dónde podemos ver hoy que se interpele a los políticos desde un lugar distinto?

—No sé cuánto interpelábamos a los políticos; lo hemos hecho en algunos casos, en otros casos hemos caído en sus garras. Hoy no sé por dónde pasa la interpelación a los políticos, pero sí entiendo que está bastante más claro para quién juega cada medio en general también. Ese cambio de contexto también influyó mucho. 

—¿Puede ser objetivo el periodismo político?

—Nunca va a ser objetivo el periodismo en general. No lo digo como algo peyorativo, pero me parece que se puede buscar la mayor objetividad posible. Si invertís la ecuación, se nota mucho cuando alguien es subjetivo en su análisis, cuando alguien está jugando demasiado para un interés, ya sea estatal o privado, o de lo que venga, es muy evidente. 

No soy fan de los periodistas que analizan a los periodistas

—¿Qué opinás del periodismo militante?

—No soy fan de los periodistas que analizan a los periodistas. No me gusta mirarme el ombligo, ni mirarle el ombligo al otro, porque no considero que el mío esté demasiado limpio o mucho más limpio que el de los otros. Me parece que hay cierta deslealtad. Porque muchas veces eso termina generando que se baje un mensaje que es negativo; el que no está del todo informado, ve eso y después sospecha negativamente de gente de la cual no debería sospechar. Vos podés sospechar de ciertas personas, podés sospechar de la integridad de alguien y eso es lógico y puede suceder. Pero he visto, en algunos actos, cuando me tocaba cubrir, de cualquiera de los dos lados de la grieta, a gente puteando al de la cámara, al que manejaba la combi. Ahí se mancha todo un poco. Y todo eso viene de esa idea de que somos todos corruptos y de los mismos periodistas diciendo: "Este hace dos años laburaba en tal lado". "Vos también". "No, pero yo no sabía". Entonces esas cosas a mí no me simpatizan del todo. 

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—¿De qué depende que aceptes una propuesta profesional?

—Que me parezca que la puedo desempeñar dignamente y me sienta cómodo con ella. Hay cosas que no me gusta hacer, que he probado. Cierto periodismo social que en un momento tuvo un furor en la tele; el muchacho vestido de canje yendo a una villa a ver cómo viven no me terminaba de sentir del todo cómodo. No juzgo a nadie que lo haga, me parece que cada uno lo hace con una intención determinada y hay mucha gente que lo hace con muy buenas intenciones, pero las veces que lo hice, yo sentí que había algo que no estaba correcto. 

—¿Se busca el golpe bajo?

—Obvio, es histórico eso. El que te diga que no te está mintiendo. Con esto, no estoy hablando mal de la tele, porque me gusta y gran parte de mi formación viene de la televisión, pero me parece que, en esta idea del abaratamiento de costos y otras cuestiones, a veces se apuesta al culo o al desmayo o al pobre, pero utilizado bajo una supuesta denuncia. Hacer llorar al pobre. Son cosas que existen y que están en la televisión, porque en definitiva es un negocio. 

No me gusta opinar de política porque después entran a mi Twitter a decirme “kuka” o “zorra de Macri”

—¿Cómo ves hoy el país?

—Me resulta medio difícil hacer un análisis hoy de la Argentina. Creo que falta mucho todavía. 

—¿Te gusta hacia dónde vamos o no?

—No lo tengo claro. No termino de comprender ni lo positivo ni lo negativo; algunas cosas no me han gustado, los aumentos, lo de las tarifas me pareció con muy poco tacto social. Entiendo que el Gobierno, en un primer año, es medio difícil todavía ordenar algunas cosas, pero eso no me alcanza como excusa. No sé en qué momento deja de ser una excusa la pesada herencia. También me pasa que entiendo que cualquiera que vea esto, después va a entrar a mi Twitter a decirme "kuka", "kaka", "asco", "kirchnerista", sólo porque te dije esto. Y si te digo: "Creo que habría que darles un poco más de tiempo antes de juzgarlos", me dicen "zorra de Macri". Entonces, como esa es una de las cosas que menos me gustan de este último tiempo, por eso no me gusta tanto hablar de política. 

—No hablemos de política, pero hablemos de esto. ¿Nos amigamos los argentinos o seguimos igual de peleados?

—Igual de peleados. Yo considero eso. No siento que nos hayamos amigado todavía. ¿Cuánto contribuimos todos en los últimos años para alimentar ese odio? Porque esto no es que lo hizo el otro, no sé bien cómo fue que se armó esa bola y de repente todos pensamos mal del otro o nos paramos en un pedestal moral con respecto a lo que creemos de la política, porque la política se moralizó. Y todo lo que estaba alrededor de la política también se moralizó. Entonces era: "Me cae bien". "Sí, pero votó la otra vez".

—Hay familias que se han peleado, hay amigos que no pueden sostener una comida.

—Me parece tristísimo, porque en el intercambio de opiniones hay una riqueza interesantísima. En poder decir: "Bueno, pará, esto está mal, esto quizás no está tan mal". Eso no es tibieza, eso es tratar de parar la pelota, de no considerarse moralmente superior a nadie. Esto que te decía recién, estoy diciendo algo, me preguntás por el país y yo ya estoy pensando a ver desde qué lugar me paro. Está bien, yo no tendría que pensar eso, tendría que opinar y listo, ya está y me importa tres pitos. Pero la verdad es que yo no siento que nos hayamos amigado.

 

Agradecimiento: Paula Balmayor, producción de vestuario; Sofía Diez, peinado y maquillaje

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