(Especial, desde EEUU) – La invitación era para aquellos que asistieran a SXSW 2018, una de las conferencias de innovación más grandes del mundo que se llevan a cabo en Austin, Texas. Tuve la suerte de que me invitaran: "Escape de esta realidad. Viva sin límites", decía el folleto. ¿Cómo negarme?

La gente de Delos me recibió con un cocktail, me dio un sombrero de cowboy y luego de un viaje corto en un ómnibus con los vidrios tapados, bajé del colectivo y entré a una ¿habitación? ¿edificio? donde nos recibió una "anfitriona" que nos decía con voz mecánica: "Bienvenido a Westworld".

Anfitriona en la recepción de Westworld (HBO)
Anfitriona en la recepción de Westworld (HBO)

Unos pasos después… una puerta… y solo aquellos que están esperando con desesperación el estreno de la temporada 2 de Westworld saben el impacto que puede provocar pasar a un vagón de tren (por cierto, es el mismo vagón de tren usado en la serie), con otros "anfitriones", dándonos la bienvenida al dulce pueblo de Sweetwater, un pequeño pedazo del viejo oeste, una fantasía mecánica del reino de la imaginación donde todo los sueños pueden ser realidad o el escenario del terror más oscuro de la humanidad.

Usted elija.

Sesenta actores, seis dobles de acción, cinco bandas musicales y seis caballos. Todo montado en un kilómetro cuadrado que copiaba a la perfección el pueblo donde se desarrolla buena parte de la acción en la serie.

Anfitrionas riendo en la puerta del Mariposa (HBO)
Anfitrionas riendo en la puerta del Mariposa (HBO)

Apenas pasar la puerta, los "anfitriones" (robots humanoides prácticamente indistinguibles de los seres humanos) reciben a los visitantes. Por supuesto que uno puede interactuar con ellos, hablarles, preguntarles —como intento vanamente este cronista— hace cuánto que están trabajando. La respuesta, invariablemente es siempre la misma. Con marcado acento sureño, todo dicen: "No sé de qué me estás hablando".

Ya casi enojado, les muestro el pase de SXSW, la conferencia de innovación más grande del mundo y la razón por la que HBO le pidió a la agencia Giant Spoon que recreara el mundo de Westworld por tan solo tres días. Trato de que el robot (juro que a esta altura me empiezan a entrar dudas) me hable de los guiones de 450 hojas para montar toda esta realidad paralela, de las horas de ensayo. La respuesta siempre es la misma: "No sé qué es eso".

Barman del Mariposa (HBO)
Barman del Mariposa (HBO)

Sigo paseando por el pueblo. Veo una señora que —a diferencia de otros personajes, lleva puesto un pin de Delos, la empresa que, en la ficción, es la dueña del parque, y la sigo a la distancia. No me pregunten por qué a la distancia. Simplemente lo hice.

La empleada de Delos se acerca a una chica que estaba limpiando un caballo en un establo. Pensé que finalmente iba a poder hablar con los actores, lejos de los visitantes. Sin embargo, la mujer de Delos se acercó al otro personaje y sin que hubiera nadie alrededor, sin que nadie más pudiera escuchar, le dijo: "Detén todas las funciones motoras" y la chica del establo se quedó helada. Pero no dura como un maniquí. Lánguida. Con la mirada vacía. Si eran actores estaban actuando para un público que no estaba allí. ¿Qué estaba pasando? Y ahí es cuando la pregunta me invadió el cerebro como un rayo helado.

¿¿¿Son actores???

Año tras año vengo a SXSW y siempre, alguna de las cientos de conferencias es sobre robótica. Absolutamente nada, ni lo más avanzado de ese mismo año, podía ser una simulación como la que estaba viendo. Pero si nadie más veía a los actores actuar… ¿por qué actuaban? ¿Dónde se acaban los límites de la realidad y de la fantasía?

Banquero en la puerta del banco (Diego Jolodenco)
Banquero en la puerta del banco (Diego Jolodenco)

Un disparo. Pegué un salto y fui a la "plaza principal" donde los "visitantes" nos amontonábamos morbosos para ver si había un tiroteo. Y no nos decepcionaron, varios "anfitriones" discutían por una supuesta deuda hasta que uno desenfundó su arma y le disparó a quemarropa a otro. Hasta aquí, una escena vista y re vista en miles de westerns. Una diferencia: el "muerto", que quedó tirado a un costado, fue retirado en silencio por los "técnicos" de Delos: mecánicos de mameluco blanco que se encargan de que los androides funcionen en perfectas condiciones. Los sigo. Conversan entre ellos… ¡¡sobre las diferencias de esta generación de androides con la anterior!! No hay manera de que la realidad entre en Westworld. La experiencia es totalmente inmersiva. El golpe de gracia: sigo a los "técnicos" a una casa más del pueblo. La puerta queda entreabierta. Cuando entro…. Veo a los técnicos reparando un androide. Otro de los técnicos me descubre espiando y me echa de un grito y un empujón.

Cowboys apuntando sus armas (HBO)
Cowboys apuntando sus armas (HBO)

¿Qué fue lo que vi?

Sé que esto es una activación. Sé que Westworld no es real, que es la remake de una película creada y dirigida por Michael Crichton en 1973, el mismo creador de Jurassic Park. Sé que la serie actual es de HBO y que devoré la primera temporada. Pero a pesar de saber todo esto, en Sweetwater, el pueblo de la serie, la frontera entre la realidad y la fantasía es porosa. Y el límite también es difuso en esta activación. Me cuesta entender dónde se acaban los actores, donde empiezan los androides, cuando estoy viendo un guión o cuando es gente que está hablando.

Y ahí fue cuando vi al samurai.

Samurai caminando por el viejo oeste (Diego Jolodenco)
Samurai caminando por el viejo oeste (Diego Jolodenco)

La segunda temporada de Westworld se estrena este fin de semana. Y sé, por lo que pude ver en los trailers que —por alguna razón— va haber un samurai. Pero el contraste no puede ser mayor. Caminando entre la gente, entre vaqueros y caballos, un samurai mira todo a su alrededor como si lo hubieran atrapado en el Japón antiguo y lo hubieran lanzado en paracaídas en el salvaje oeste. ¿Y quién me dice que no fue así?

Al subir al ómnibus, la buena gente de Delos me dio dos monedas para comprar algo para tomar en el "Mariposa", el saloon de Sweetwater. Decir que es exactamente igual al de la serie es poco decir. Es una escena extraída de un episodio. En un costado, una pianola toca una versión de "Black Hole Sun", de Soundgarden, agregando un contraste que casi duele.

Monedas para comprar tragos en el Mariposa (Diego Jolodenco)
Monedas para comprar tragos en el Mariposa (Diego Jolodenco)

Cuando pago, el barman me dice: "Hey, creo que hay una carta para usted. Debería fijarse en el correo". Apuro el trago, pago con mi moneda (si alguna vez tuve una fantasía de ser un cowboy, esto fue lo más cerca que estuve jamás) y voy al correo del pueblo. Pregunto si hay una carta para mi. Buscan por mi nombre y apellido, y efectivamente. Había una carta. No me pregunten cómo lo hicieron. Nadie sabía que yo iba a estar allí hasta hacía media hora como mucho. Pero ahí estaba una carta, dirigida a mi. Con mi nombre escrito a mano en una caligrafía de otro tiempo. Al abrirlo, un mensaje que solo aquellos que vieron la serie saben qué sería: es el dibujo que va completando el androide llamado "Maeve Millay" —interpretado por Thandie Newton—, cada vez que despierta luego de "morir".

Más allá de la experiencia y promoción del lanzamiento de la segunda temporada del Westworld, lo que la serie —y en cierto modo la activación en el contexto de SXSW— nos hace preguntar es: ¿qué es la inteligencia artificial? ¿Los robots tienen derechos? ¿Puedo pegarle a un robot porque no es más que un aparato? Por supuesto que podemos llevar al extremo las cosas y sostener que hay que darle gracias a la cafetera por hacer café, pero cuando los androides son prácticamente indistinguibles de los humanos, cuando parece que tienen conciencia, entonces se abre un mundo nuevo.

Aterrador a maravilloso.
Bienvenidos a Westworld.

Por Juan Ramiro Fernández