Como cada año, en un ritual que data de más de tres décadas, miles de atletas madrugaron y se juntaron en el barrio de Núñez para correr en una nueva edición de la Maratón Internacional de la Ciudad de Buenos Aires. Los keniatas Saina KipbemboiVivian Jerono Kiplabat se colgaron las medallas del primer puesto en la corrida tradicional y callejera, entre los osados de largo aliento acostumbrados a desafiar grandes longitudes.

Desde muy temprano, más de nueve mil corredores se congregaron en la intersección de la Avenida Figueroa Alcorta y Monroe expectantes de comenzar a pisar fuerte en las calles porteñas. Solos o acompañados de familiares y amigos, se pusieron las pecheras y participaron en el tradicional evento se desarrolla de manera ininterrumpida -a excepción de 2002- desde su estreno en 1984.

Mientras unos se vestían, o consumían algún alimento a modo de desayuno light, otros empezaban a calentar trotando o estirando. No había amanecido cuando en el predio cientos y cientos de atletas merodeaban por la zona una hora antes de la largada.

Entre ellos estuvieron algunos de los argentinos más reconocidos: representantes olímpicos como Mariano Mastromarino, Miguel Ángel Barzola y Luis Molina dieron el presente por el lado de los hombres; María de los Ángeles Peralta y Rosa Godoy figuraron en la categoría de las mujeres. Ellas son las máximas exponentes en el lado femenino, que este año alcanzó el 30% de los inscritos en total.

También llegó una delegación africana compuesta de una decena de fondistas de élite, con los keniatas Marius Kipserem, Keniata Barnabas Kiptum (ganador de la edición 2017 en Buenos Aires), Vivian Jerono (se impuso en la reciente media maratón 21K) y la etíope Amelework Bosho (triunfó el año pasado en los 42K) como las principales figuras.

En el ambiente previo a la largada se vivió un clima que entremezclaba sensaciones de ansiedad y alegría. Algunos se saludan y abrazan; otros sonreían y se sacaban fotos. Con la música en alto sondando de fondo, no faltaron los flashes: todos quisieron registrar el momento con sus cámaras. Y en el medio, los menos se mantenían plenamente concentrados, como aislados del jolgorio general.

Ávidos de acción, aquellos a los que correr les da más alegría que fatiga finalmente salieron a tomar las calles a las 7 en punto. Hombres y mujeres con conjuntos deportivos liberaron la tensión y pusieron a trabajar los músculos, formando una caravana con los colores del arcoiris. Primero fue el turno de salida de los atletas con discapacidad. Luego, llegó el momento de la primera línea de élite, escoltada de una marea de gente. Fueron siete minutos para que casi toda el pelotón atraviese el arco de largada.

Entre la multitud había personas de todas las edades. Como por ejemplo Mario Fortunato, de 75 años, quien llegó para su 30 maratón, para la cual se preparó arduamente desde marzo, cuenta a Infobae. O el pequeño Ciro, de solo siete años y que participó en la U12 la menor de las categorías. Él vino desde Gualeguay, Entre Ríos, juntos a su mamá y su papá, quien compitió en los 42K.

Tampoco faltaron los grupos de running, que llegaron desde distintas provincias e incluso hubo algunos provenientes de otros países. Uno de ellos fue OLC, con seis integrantes que arribaron desde Perú: "Es un grupo muy variado (para uno era su primera maratón). Vinimos para la carrera: solo dos se quedan hasta el jueves, el resto nos vamos hoy".

Profesionales y aficionados transitaron por distintos lugares emblemáticos de la Ciudad, como el Obelisco, la Plaza de Mayo o La Boca. Al momento sus familiares y amigos los fueron siguiendo por la aplicación móvil de la carrera, organizada por la Asociación Ñandú. Así, a través de un seguimiento en vivo, sabían exactamente dónde está cada uno, pudiendo estar al tanto de su progreso y chequeando cómo se encontraban.

Al igual que lo que sucedió en la reciente media maratón realizada a fines de agosto, esta carrera fue cardioprotegida. Diego Pizzini, director de Emergencias y encargado del operativo, detalló a Infobae que el despliegue abarcó 71 desfibriladores, 12 ambulancias y 60 voluntarios de la Cruz Roja distribuidos a lo largo del circuito.

Mientras tanto, la marcha al trote predominaba por pasajes de la prueba. Como un ritual generalizado, muchos regulan el ritmo y el gasto energético. Aminoran la velocidad y reservan fuerzas en algunos tramos para luego acelerar en otros. En la alta competencia esto es una habitualidad que responde a estrategias previamente planificadas. No se trata solo de correr, sino también de saber manejar su poderío físico.

Este año también se puso en juego el Campeonato Sudamericano de Maratón, una certamen fiscalizado por la Confederación Sudamericana de Atletismo. Entre la delegación argentina (los equipos femenino y masculino estuvieron conformados por seis integrantes cada uno) sobresalieron Miguel Ángel Bárzola y Mariela Ortíz, los primeros de todos los locales que cruzaron la meta.

Pasadas la nueve, allá por lo lejos se avizoró la caravana anunciando el paso de los corredores. Mientras los jacarandás de Figueroa Alcorta escoltaban los metros finales del camino a la gloria, los cuerpos tenaces resistían el tranco final con algo de sufrimiento expresado en los rostros. Finalmente, ocurrió lo presumido: la corona se fue para África, con nuevos récords tanto para las mujeres como para los hombres.

El potencial de Kenia y Etiopía en la actividad se vio reflejado en el podio, que entre los varones quedó conformado por Saina Emmanuel Kipbemboi, Barnabas Kiptum (ambos keniatas) y el peruano Cristhian Pacheco, campeón sudamericano. En tanto que las mujeres repitieron la tendencia, con el triunfo de la keniata Vivian Kiplabat, seguida de su compatriota Leah Jerotik y la etíope Amelework Bosho. Pese a la brecha con los africanos, la actuación local fue destacada, tanto en la categoría masculina como femenina.

Escoltando a los medallistas, arribaron a destino el resto de los corredores. Ellos también se fueron satisfechos, ya que completaron la prueba, la gran ilusión de notorios y aficionados cuando se trata de una 42K. Algunos tiraron la toalla antes de tiempo. Se retiraron con el consuelo de que los pantalones cortitos y las zapatillas hacen que más cerca o lejos del podio todos se sientan atletas. En 2019 tendrán revancha.

Fotos: Gustavo Gavotti

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