El premio Nobel de Fisiología o Medicina 2017, Michael Rosbash, con la doctora Fernanda Ceriani, de la FIL (der.) y tres integrantes de su laboratorio, Lia Frenkel, Anastasia Herrero y Sofía Polcowñuk
El premio Nobel de Fisiología o Medicina 2017, Michael Rosbash, con la doctora Fernanda Ceriani, de la FIL (der.) y tres integrantes de su laboratorio, Lia Frenkel, Anastasia Herrero y Sofía Polcowñuk

El 28 de septiembre pasado, tres días antes de ganar el premio Nobel de Medicina 2017, el doctor Michael Rosbash, investigador del Instituto Médico Howard Hughes y jefe de laboratorio en el Centro Nacional para la Genómica del Comportamiento de la Universidad Brandeis, en Estados Unidos, participó del congreso anual de la Sociedad Argentina de Neurociencias y brindó una conferencia en la Fundación Instituto Leloir (FIL) sobre la biología circadiana en las moscas.

"Es un premio muy merecido. Fue un honor contar con la presencia del doctor Rosbash en la FIL y poder discutir con él los principales temas e interrogantes que plantea la investigación de los ritmos circadianos", afirma la doctora Fernanda Ceriani, jefa del Laboratorio de Genética del Comportamiento de la FIL e investigadora del CONICET.

Junto con los doctores Jeffrey C. Hall, también de la Universidad Brandeis, y Michael W. Young, de la Universidad Rockefeller, Rosbash fue premiado por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que ordenan temporalmente, a lo largo del día, los patrones de actividad como el sueño, el estado de alerta, la temperatura corporal, la liberación de hormonas, la presión sanguínea y el metabolismo.

Los ganadores del Nobel de Medicina 2017
Los ganadores del Nobel de Medicina 2017

En 2007, Rosbash lideró un trabajo titulado "La red circadiana de Drosophila es un temporizador estacional" que fue publicado en la prestigiosa revista Cell y cuya autoría compartió con cinco investigadores más, entre ellos Ceriani. "En este estudio identificamos que la comunicación entre grupos específicos de ¨neuronas reloj¨ subyace al ajuste temporal de la actividad a lo largo del día, y muy especialmente, a lo largo de las estaciones del año", afirmó la investigadora de la FIL.

El estudio de los relojes biológicos (conformados por neuronas específicas) tiene relevancia clínica porque, entre otros factores, su disfunción influye en la susceptibilidad al cáncer, las enfermedades cardíacas, la diabetes tipo 2, las infecciones y la obesidad.

Pionero en cronobiología molecular

Rosbash es pionero en el campo de la "cronobiología molecular" y se ha dedicado durante cinco décadas a comprender los mecanismos moleculares que regulan la ritmicidad comportamental a lo largo del día en función de los ciclos de luz y oscuridad. Durante su conferencia dictada en la FIL, resumió los principales resultados de sus trabajos científicos y las actuales investigaciones que lidera.

Rosbash, este año en otra de sus conferencias magistrales (EFE)
Rosbash, este año en otra de sus conferencias magistrales (EFE)

Entre otros hallazgos, Rosbash, Hall y Young lograron aislar, clonar y secuenciar el gen PERIOD (PER), el primer gen del reloj biológico identificado.

Posteriormente, identificaron otros genes –como el Timeless (TIM)- que son cruciales para regular los ritmos circadianos. En un artículo titulado "Un viaje personal de 50 años: ubicación, expresión genética y ritmos circadianos" (publicado en junio pasado en "Cold Spring Harbor Perspectives in Biology") Rosbash escribió: "Hemos demostrado recientemente que neuronas circadianas específicas del cerebro de la mosca promueven el sueño al inhibir otras neuronas circadianas que promueven el despertar, y es el interjuego entre esas neuronas la principal característica de la regulación circadiana del sueño".

Y agregó: "El propósito del sueño y su regulación es uno de los grandes misterios de la neurociencia".

Para la doctora Ceriani, quien junto a su grupo reveló en la revista "Cell Reports" el rol de un neurotransmisor (glicina) como batuta para sincronizar a la "orquesta" de los distintos relojes circadianos del cerebro, los hallazgos de Rosbash, Hall y Young "tienen importantes implicaciones para nuestra salud y bienestar".

Con información de la Agencia CyTA-Fundación Leloir

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