Fernando Straface: “La grieta le sirvió al kirchnerismo para tener identidad, pero no sirve para gobernar”

El secretario general del gobierno porteño afirma que la próxima gestión nacional deberá aplicar “medidas de shock en materia de confianza internacional” y reivindica el estilo moderado de Horacio Rodríguez Larreta: “Lo opuesto a la negociación es el inmovilismo”

"De la grieta se sale con un plan de desarrollo para la Argentina que trascienda un gobierno en particular", dijo Fernando Straface (Foto Nicolás Stulberg)
"De la grieta se sale con un plan de desarrollo para la Argentina que trascienda un gobierno en particular", dijo Fernando Straface (Foto Nicolás Stulberg)

Hablar contra la grieta es un lugar común de la política argentina. A veces, quienes más la mencionan son los que más la profundizan. No es el caso de Horacio Rodríguez Larreta, un abanderado de la moderación y del diálogo que desde hace un mes empezó a explicitar sus ideas en caso de que llegue a la Presidente y una de ellas es justamente “terminar” con la grieta. ¿Cómo lo hará? Todavía no lo dijo, pero Fernando Straface, una pieza clave de la estructura política del larretismo, brinda precisiones.

“De la grieta se sale con un plan de desarrollo para la Argentina que trascienda un gobierno en particular, trascienda a una mayoría electoral puntual y, sobre todo, trascienda a una o dos generaciones. La Argentina necesita recuperar una noción de progreso que trascienda un signo político. Ese es el mejor antídoto contra la grieta”, afirmó a Infobae el secretario general y de Relaciones Internacionales del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, una pieza clave del armado político larretista.

Su última misión fue desempeñarse como jefe de campaña de Juntos por el Cambio en la Ciudad, aunque desde el triunfo de María Eugenia Vidal está concentrado en los temas internacionales: organizó los viajes al exterior de Rodríguez Larreta y ahora está plena planificación de la agenda que viene: “En lo que queda del año y a lo largo de 2023 -señaló-, Horacio va a estar consolidando un sistema de relaciones a nivel internacional con Estados Unidos y Europa, y siempre tenemos pendiente un viaje a China porque allí también hay oportunidades de desarrollo para la Argentina. Y es muy probable que en poco tiempo hagamos un viaje a Israel para poder ver in situ cómo fue el planteamiento de esa coalición de gobierno en los años 80 y para conversar con varios de los protagonistas del cambio económico y de la lucha contra la inflación”.

"Horacio dice que lo que te alcanza para ganar no es lo que te sirve para gobernar", sostuvo Fernando Straface
"Horacio dice que lo que te alcanza para ganar no es lo que te sirve para gobernar", sostuvo Fernando Straface

Su currículum no es el de un político convencional justamente porque no lo es. Según la web del gobierno porteño, “es cofundador y ejerció como Director Ejecutivo (2010-2015) de CIPPEC, uno de los think tanks más importantes de América Latina. Desde 2012 integra el Comité Estratégico de Argentina Debate, institución que impulsó el primer debate presidencial de la historia argentina, y representa al país en Debates International. Trabajó como consultor para el Banco Mundial, el Department for International Development (DFID), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la CAF. Es Magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard (Kennedy School of Government) y Licenciado en Ciencia Política de la Universidad del Salvador”.

En la entrevista con Infobae, Straface explicó por qué el jefe de Gobierno ya está anticipando en distintos círculos las ideas que piensa instrumentar si llega a la Presidencia, defendió el culto a la negociación de su líder político y adelantó qué “medidas de shock en materia de confianza internacional” piensa aplicar un eventual gobierno de Juntos por el Cambio.

— ¿Por qué Rodríguez Larreta comenzó a precisar lineamientos de su gobierno en caso de que sea elegido Presidente?

— Arrancó con las presentaciones de Horacio en el Llao-Llao, la Fundación Libertad, AmCham, AEA (Asociación Empresaria Argentina) y la del CICYP (Consejo Interamericano de Comercio y Producción) que vamos a hacer el 3 de junio. La intención es posicionar tres o cuatro ideas muy fuertes: la unidad de Juntos por el Cambio y cómo esa unidad es la que puede garantizar la posibilidad de ser gobierno de nuevo en el 2023. La imperiosa necesidad de que detrás de esa unidad haya un plan consensuado como condición de éxito, incluso para un posible gobierno de Juntos por el Cambio. Hacer más pedagogía acerca de esta teoría que Horacio está planteando: lo que te alcanza para ganar no es lo que te sirve para gobernar. Por primera vez en mucho tiempo en la Argentina, él está planteando que la estrategia para ganar tiene que tener en cuenta las condiciones que va a generar después para gobernar y para poder llevar adelante ese plan. Tener un plan es una de esas condiciones, pero también plantearse la idea de arribar con un gobierno ensanchado que tenga más que lo que estrictamente la regla dice que necesitás para ganar, es algo que nunca se hizo en la Argentina en los últimos 80 años. Y por eso tenemos que probar algo distinto. Como hicieron, por otra parte, varios países que en alguna coyuntura crítica cambiaron de rumbo. Horacio habla de Israel saliendo de la hiperinflación de los 80 con el acuerdo entre Likud y los laboristas. O la experiencia de la gran coalición alemana de (Angela) Merkel del 2003, que después la revalidó y la reorientó en 2013. En América Latina, la concertación chilena. Si bien no es algo muy excepcional en la historia moderna, este tema de los gobiernos ensanchados de gran coalición es para la Argentina la revolución más grande que está planteando en la política de los últimos 80 años porque nunca se hizo.

— Es cierto que antes no se hizo, pero quizá porque no existía la grieta. ¿No es más difícil pensar en una concertación política o en un gobierno de coalición en esta Argentina “agrietada” de hoy?

— Es que la naturaleza de las transformaciones que la Argentina tiene que encarar en un estado de situación del 40% de pobreza, de un país que no crece desde hace 13 años, requiere de hacer algo distinto, incluso terminando con la grieta. La grieta es precisamente lo que impide ese acuerdo ensanchado sobre reformas que hay que llevar adelante. La grieta no es buen negocio para los resultados de desarrollo. El kirchnerismo le sirvió muchas veces para ganar, para tener identidad. Puede servir en alguna coyuntura crítica, pero seguro no sirve para gobernar.

Para Fernando Straface, "hay que recuperar la connotación positiva y profundamente progresista del reformismo" (Foto Nicolás Stulberg)
Para Fernando Straface, "hay que recuperar la connotación positiva y profundamente progresista del reformismo" (Foto Nicolás Stulberg)

— ¿No hay una demanda también por parte del electorado del PRO y de una parte de Juntos por el Cambio de más grieta? ¿Un líder moderado como Larreta no queda desacomodado en ese escenario?

— En la gestión de la Ciudad de Buenos Aires, especialmente durante la pandemia, Horacio tuvo planteos muy firmes, casi irreductibles, hacia el kirchnerismo. El más evidente de todos es la apertura de las escuelas. Pero también la manera en que nosotros encaramos la pandemia, confiando en la sociedad mientras el kirchnerismo desconfiaba de la sociedad, tratando de equilibrar lo que nosotros llamábamos el bienestar integral, es decir la salud, el desarrollo personal, la economía, con una obsesión del kirchnerismo por encerrarnos a todos. La crítica que hicimos a la liberación de los presos. Esa expectativa de firmeza en la pandemia y de cara al kirchnerismo la cumplimos de sobra. Y hoy Horacio es probablemente uno de los líderes que más fuertemente está marcando la ausencia de un plan, las inconsistencias, la mala praxis del Gobierno en muchos ámbitos.

— ¿Cuál es la fórmula que imaginan para salir de la grieta?

— De la grieta se sale con un plan de desarrollo para la Argentina que trascienda un gobierno en particular, trascienda a una mayoría electoral puntual y, sobre todo, trascienda a una o dos generaciones. La Argentina necesita recuperar una noción de progreso que trascienda un signo político, y ese es el mejor antídoto contra la grieta. Que le dé a la Argentina 25 años de crecimiento, probablemente no a tasas chinas pero a una tasa estable. Yo estudié mucho la experiencia internacional que muestra cómo los gobiernos cambiaron de rumbo e incuso trascendieron distintas grietas. Necesitás al menos tres gobiernos buenos.

— Rodríguez Larreta sostiene que serán importantes las 100 primeras horas del próximo gobierno y deja entrever que se arrancará con reformas muy fuertes. ¿Cómo le explicarán el concepto del final de la grieta a Pablo Moyano, por ejemplo, que ya advirtió que “si a las 100 horas viene la reforma laboral, a las 100 horas y un minuto vamos a estar en la calle”?

— En primer lugar, tener acuerdo en un plan te da un nivel de certidumbre sobre lo que vas a hacer a partir del día 1 que fortalece tus chances de éxito. El próximo gobierno, además de ser de coalición, tiene que tener un plan consensuado de tal manera que funcione como una amalgama y de cara a la sociedad funcione como certidumbre en términos de qué es lo que le vamos a proponer a la gente. Muy parecido a lo que hicieron cuando Merkel y los partidos de Alemania se pusieron de acuerdo en 12 puntos y 300 medidas. Como una suerte de contrato con la sociedad. Esa gran coalición de la que hablamos no involucra obviamente a todos, al 100% del sistema político, y seguro tiene del lado de enfrente tanto a los Pablo Moyano como al kirchnerismo.

La Mesa Nacional de Juntos por el Cambio
La Mesa Nacional de Juntos por el Cambio

— Rodríguez Larreta excluyó de su eventual gobierno de coalición al kirchnerismo y a la izquierda. Usted, por radio, agregó después a Sergio Massa.

— Yo diría el kirchnerismo. No quiero personalizar, pero el kirchnerismo que militó el cierre de escuelas, que tiene las posiciones que ya sabemos respecto de la democracia en Venezuela y en Nicaragua, que tiene un concepto distinto de la seguridad, eso quedará democráticamente afuera de ese consenso ampliado del que hablamos. Y los Pablo Moyano no representan a todo el sindicalismo argentino ni a muchos sectores del trabajo que hoy mismo están diciendo “necesitamos actualizar marcos laborales”. Primero, porque hay un porcentaje mayor al 60% del empleo en la Argentina informal y, por lo tanto, algo no está funcionando con la legislación actual. Segundo, porque hay nuevas formas de trabajo, de contrataciones, de dinámicas laborales. Hay que recuperar la connotación positiva y profundamente progresista del reformismo. Este país progresó a fines del siglo XIX, principios del siglo XX, con una connotación profundamente positiva de reformar para actualizarse, para modernizarse, para integrarse al mundo. Hay que quitarle a la palabra reforma la connotación negativa que para algunos puede significar terminar con situaciones adquiridas. Reforma significa actualizar también el acceso a derechos nuevos en algunos casos. Los Pablo Moyano no connotan esa versión del reformismo y muchas veces van en contra de los propios intereses de sus trabajadores.

— Se insinúa una diferencia de fondo entre Rodríguez Larreta y Mauricio Macri respecto de Juntos por el Cambio. El jefe de Gobierno sostiene que la unidad es lo que permitirá hacer los cambios necesarios en el país, mientras que el ex presidente cree que la unidad no es tan importante si no apunta a concretar los cambios. ¿Hay acuerdo posible así?

— Hoy, todos los líderes de Juntos por el Cambio están profundamente consustanciados con discutir el “para qué” de un próximo gobierno del espacio. Y ahí me parece que la voz del presidente Macri es muy relevante en poner de relieve que hay que ser muy explícitos ante la sociedad acerca de qué tipo de reforma vamos a llevar adelante y qué tipo de intereses también eventualmente van a estar afectados por esas reformas.

— ¿No hay una contradicción entre los dos?

— El “para qué” que estaba señalando, con la disrupción de la organización del poder político que está planteando Horacio, es lo que le da a esas reformas el sustento para llevarlas adelante y, sobre todo, para que trasciendan a un gobierno. El próximo gobierno, que estoy seguro que va a ser de Juntos por el Cambio, tiene que ser visto dentro de 30 años quizás no como el gobierno que terminó todas las reformas, pero sí el primero que marcó un punto de inflexión, un primer cambio de rumbo que después fue continuado por los siguientes. Entonces hay que preguntarse todo el tiempo bajo qué condiciones se genera el mandato social para poder llevar adelante esas reformas. El planteo de Horacio supone congregar un mandato social de dos tercios, detrás del cual se expresa un núcleo dirigencial institucional. No se trata de juntar dirigentes, se trata de tener pedagogía ante la sociedad para explicar esas reformas, y en eso coincide profundamente con el presidente Macri, y después articular en el sistema político una organización del poder que las sostenga. Son muy compatibles los planteos de qué reformas hay que hacer del presidente de Macri con la estrategia de cómo llevarlas adelante y sostenerlas en el tiempo de Horacio.

— ¿Es una complicación o un aporte la eventual candidatura presidencial de Macri?

— El presidente Macri -lo llamo presidente porque me gusta seguir la tradición norteamericana de que uno lo adquiere para siempre- es una figura absolutamente relevante, probablemente de los ex presidentes más relevantes que tiene la Argentina. Tanto por el tipo de debate que plantea sobre cómo sigue el país como por el nivel de representación internacional que tiene. De hecho, en materia de política exterior, hay que recuperar el legado y el rumbo que él marcó. Respecto del futuro político de él y otros dirigentes hay absoluta claridad: quedó más claro después de las elecciones legislativas que las candidaturas van a surgir de las PASO, que falta hasta agosto del año que viene para definir cuáles son, que Juntos por el Cambio todavía tiene que trabajar muchísimo en el plan y en la estrategia que le va a proponer a la sociedad para llevarlo adelante, y de ahí también van a surgir condiciones de liderazgo que mejor encajan con ese plan. Una de las cuales, por ejemplo, es la cualidad de gobernar bien. Horacio se preparó toda una vida para las responsabilidades de gobierno que tuvo. Lo hizo gestionando bien con Mauricio como jefe de Gobierno. Lo hizo gobernando bien la Ciudad. Pasó la pandemia y pocos gobiernos en el mundo salieron tan avalados por por su sociedad como la Ciudad pospandemia. Y hay un emergente del liderazgo de Horacio que son los liderazgos nuevos. El de Fernán Quirós en Salud, el de Soledad Acuña en Educación, todo el trabajo de Felipe Miguel liderando un equipo de gobierno en pandemia. Esa cualidad de saber gobernar también va a ser constitutiva de la decisión del año que viene cuando sean las PASO.

— Larreta dijo que está dispuesto a competir con Macri en las PASO. ¿No es un riesgo para él?

— Estrictamente, dijo que el candidato de Juntos por el Cambio va a surgir de unas PASO y que todavía no están planteadas las candidaturas, pero que las primarias son un mecanismo muy claro que dan certidumbre a la hora de definir cómo son las reglas, y que además, en la última elección, en donde hubo PASO funcionaron como una suerte de incentivo al interés público sobre esa elección. Mire lo que pasó en provincia de Buenos Aires entre Diego (Santilli) y Facundo (Manes). Eso es lo que dijo estrictamente Horacio. Él no confirmó todavía su candidatura, pero sí tiene claro que va a surgir de las PASO. Toda su energía hoy está puesta en dotar a Juntos por el Cambio de la convicción de que tenemos que tener un plan consensuado incluso para llegar a las PASO.

María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, con Fernando Straface atrás, durante el cierre de campaña porteño de JxC
María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, con Fernando Straface atrás, durante el cierre de campaña porteño de JxC

— ¿Antes de las PASO habría que consensuar el programa de gobierno?

— Llegar a las PASO con un plan muy avanzado en sus trazos gruesos y muy avanzado en la secuencia incluso. Porque Horacio muchas veces enunció todas las medidas que había que llevar adelante, de estabilización, reforma para el crecimiento, para el progreso, aunque hay que ser muy certero en la secuencia. Y un gobierno de coalición tiene que funcionar como un reloj de precisión. Por eso el atributo de saber gobernar es tan importante también. Como las coaliciones son diversas y heterogéneas en su conformación, las tiene que unir el plan, pero hace falta un director de orquesta que sepa sacar lo mejor de cada instrumento.

— En la cena de la Fundación Libertad, el jefe de Gobierno dijo que “para gobernar hay que negociar, y para negociar hay que ceder”. ¿Esto no lo deja en una posición incómoda frente a muchos que lo están señalando alguien que no quiere cambios profundos y que quiere pactar con el establishment político y económico?

— Le contesto con una medida de su propio ejercicio del poder en la Ciudad de Buenos Aires. Hace dos semanas, en la Ciudad se aprobó por primera vez desde 1985 un cambio al Estatuto Docente. Cuando se hablaba siquiera de reformar el Estatuto Docente en cualquier jurisdicción era algo de imposible realización. Eso se hizo sobre la base de otra coalición ampliada que tenemos en la Ciudad, en diálogo con todos los sectores, y la votación en la Legislatura estuvo precedida por casi un año de diálogo.

— ¿Tuvo que ceder para llegar a eso?

— Tuvo que escuchar cuáles eran las demandas de los sectores docentes, que naturalmente querían entender cómo era esa reforma, cómo iba a ser su carrera. La negociación está profundamente arraigada en la noción de democracia. Así como hay que recuperar la palabra reformismo del mal entendimiento que a veces hace la izquierda, negociar es una palabra muy constitutiva de una democracia que funciona bien. Lo opuesto a la negociación es el inmovilismo. Si no negociar supone parálisis, empate mutuo, no hay ninguna reforma posible. Ahora, si vos llegás a esas instancias con una coalición ampliada, con un plan, con el mandato social para llevarlo adelante, tenés instrumentos para ir a esa negociación con un mandato. A eso se refiere Horacio.

— En esta definición de que no habrá acuerdo con el kirchnerismo ni con la izquierda ni con Massa, ¿cómo queda ubicado Javier Milei, alguien que les está sacando votos y que atacó duramente a Larreta?

— Respecto de la coalición ampliada, preferimos nunca personalizar. Yo me refiero al kirchnerismo…

Alberto Fernández y Vladimir Putin
Alberto Fernández y Vladimir Putin

— Pero usted mencionó a Massa.

— Me referí en ese momento al kirchnerismo y a quienes integraban el gobierno kirchnerista desde un lugar obviamente protagónico. O que representan una forma de entender el gobierno y el lugar a donde tiene que ir la Argentina que está muy en las antípodas de lo que nosotros planteamos. Respecto de otros actores, Juntos por el Cambio es una coalición que además va sumando institucionalidad. Se dio ya desde hace tiempo unas reglas para continuar ampliándose. Así fue posible, por ejemplo, no sólo la incorporación del partido de (Miguel Angel) Pichetto a los fundadores de Juntos por el Cambio sino también la de Republicanos Unidos. Eso es lo que tiene que primar en la decisión de cómo Juntos por el Cambio se sigue ampliando, esas reglas de funcionamiento de acuerdo con los participantes, porque hacen a la calidad de la unidad. Hacen también a la democracia rituales de convivencia cívica, que pasan por no personalizar, por no agredirse, y cuando esas agresiones personales ocurren, no contestarlas. Las ideas, el plan, el programa, siempre tienen que ser más importantes que las personas.

— ¿Va a haber algún tipo de mensaje particular para captar a los sectores liberales, más allá de la figura de Ricardo López Murphy ¿O solamente van a tratar de atraer a un electorado más vinculado con el peronismo?

La incorporación de esos sectores a Juntos por el Cambio supone el entendimiento de que hay también un clima de época muy bien expresado por Ricardo (López Murphy) y muchas personas de su fuerza respecto de revalorizar la iniciativa privada. Volver a pensar cómo el Estado apuntala el desarrollo y, al mismo tiempo, no ahoga la iniciativa privada. Hay una discusión muy válida sobre el nivel de presión impositiva en la Argentina, y esa es una de las razones por las cuales Juntos por el Cambio tomó el compromiso público en la propia elección de no votar ningún impuesto, que es lo que hace que hoy el Gobierno y la sociedad tengan claridad absoluta de que Juntos por el Cambio no se va a prestar al aumento de impuestos que están planteando. Juntos por el Cambio tuvo el reflejo, la empatía correcta con la sociedad en un momento muy importante, como fue la elección del año pasado, de entender que había una demanda emergente más marcada que Republicanos Unidos planteaba y por eso su incorporación. Eso fue uno de los grandes aciertos de la elección del año pasado.

— ¿Ya es una decisión tomada la candidatura de Jorge Macri como jefe de Gobierno porteño?

— La candidatura a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad en Juntos por el Cambio va a surgir de unas PASO. Algunos, como Martín Lousteau, manifestaron que van a estar en esas PASO y del PRO seguro va a haber uno o más candidatos.

— ¿Jorge Macri puede no ser el único, entonces?

— Sí por supuesto. Las candidaturas se van a definir el año que viene. Hay un buen Gobierno de la Ciudad que hizo que emergieran varios liderazgos y pueda haber otros. Usted mencionó a Jorge, definitivamente alguien con credenciales de haber gobernado bien Vicente López. Hay otros como el propio jefe de Gabinete, Felipe (Miguel), personas con mucho reconocimiento de la sociedad como Fernán Quirós, Soledad Acuña, la propia María Eugenia Vidal, que tiene en la Ciudad una trayectoria. Es un buen dilema tener varios liderazgos asociados a un buen gobierno como el de la Ciudad. Dos cosas están claras: que la candidatura va a surgir de una PASO y que cualquiera que aspire a eso va a tener que tener un plan y una noción de buen gobierno respetable. Así como hablaba de los tres gobiernos buenos a nivel nacional, la Ciudad tiene la transformación que tiene porque van cuatro gobiernos a nivel de la Ciudad. Y, de hecho, hay muchas cosas que maduran hoy que las empezó Mauricio Macri.

Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y Patricia Bullrich
Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri y Patricia Bullrich

— Cada vez que Larreta se abraza con Lousteau se habla de un acuerdo para que el radicalismo gobierne la Ciudad.

— Horacio lidera en la Ciudad una gran coalición que tiene muchos partidos, de un amplio espectro ideológico. La Coalición Cívica, la UCR y también el socialismo con Roy Cortina. En su momento apoyó su elección el partido de (José Luis) Espert y ahora Republicanos Unidos, con López Murphy y representado en la Ciudad por Roberto García Moritán. Como líder de esa gran coalición, es muy natural que Horacio dialogue con las otras fuerzas y asista a algún evento, como el del 25 de mayo que organizó el radicalismo y en donde había representantes de todos los otros partidos. El candidato va a surgir de las PASO. Horacio es el gran líder de esa gran coalición y, por supuesto, pertenece al PRO. Pero no es ninguna definición unilateral para un lado o para el otro.

— Usted participó del desayuno entre Larreta y Patricia Bullrich para intentar una tregua. ¿Qué es más difícil: mediar en la guerra en Ucrania o pacificar la relación entre el jefe de Gobierno y la titular del PRO?

— (Se ríe) Por Patricia tengo un profundo respeto profesional y algo de admiración en términos de su vocación. La conozco hace bastante tiempo, interactué mucho con ella en el 2018 a raíz del G20. Después, en la pandemia yo era del Gobierno a quien le adelantaba un poco las medidas porque la vocería de ella era muy importante para explicarlas. En la última elección ordené toda su participación. Y así también trabé relación con muchos dirigentes que la acompañan, como Gerardo Milman y Juan Pablo Arenaza. Ahora interactúo mucho con (Federico) Pinedo como contraparte en política exterior. Ella comparte con Horacio esta idea de que Argentina tiene que recuperar un plan. Participa mucho de los procesos que hacemos en la Fundación Pensar para arribar a conclusiones. Sí, es mucho más fácil el diálogo de Patricia y Horacio que solucionar la guerra de Rusia-Ucrania, definitivamente.

— Quizá es más difícil pacificar ahora la relación de Larreta y Bullrich con un Macri dispuesto a competir por la Presidencia.

Hay una gran coincidencia de los tres y de otros dirigentes de Juntos por el Cambio en darse un espacio para discutir el “para qué” de la próxima Presidencia. Mauricio es muy tolerante en el planteo de este enfoque y Horacio hace un gran hincapié en que ese “para qué” tiene que traducirse en el plan, en que ese plan tiene que estar consensuado en Juntos por el Cambio y que hay que expresarlo ante la sociedad con un enfoque muy explícito en el diagnóstico, en las condiciones en las cuales asumiremos el país y en el camino de llegada. Ahí vemos compatibilidad de objetivos, más allá de que en el intercambio de ideas puede haber matices.

— ¿Qué le preocupa más de la situación actual del país? ¿La inflación o la pelea entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner?

— Empiezo por el área en la que tengo mayor conocimiento, que es política exterior, pero que es muy importante porque marca nada menos que la palanca global para apuntalar una estrategia de desarrollo en el país. Lo que veo es una inconsistencia enorme del gobierno nacional en materia de política exterior, una suerte de actuación episódica, entra y sale de momentos de política internacional pero sin una estrategia clara. Toda la sucesión de inconsistencias a partir de definirse con Estados Unidos como aliados estratégicos, después decirle a Putin que Argentina tiene que ser la puerta de entrada de Rusia para América Latina. Después, dudar sobre cómo definir la invasión de Rusia a Ucrania, olvidando conceptos como integridad territorial. Luego, intentar saldarlo en la Comisión Permanente de Derechos Humanos en la ONU, pero no hacer lo mismo en la OEA. Después ir a Europa y decirles a líderes europeos que podemos proveerles el gas que le van a cortar a Putin, pero al mismo tiempo no sancionar a Rusia. Y hacer una gira por Europa para que la noticia más importante de la gira sea la ruptura de relaciones con la vicepresidenta marca una falta de estrategia muy disfuncional en política exterior.

Jair Bolsonaro y Alberto Fernández
Jair Bolsonaro y Alberto Fernández

— ¿Qué más lo preocupa?

— Yendo de lo particular a lo general, todo eso está planteando un deterioro muy grande de la autoridad presidencial. Resquebrajamiento de la coalición gobernante en varios pedazos. Falta de unidad de criterio. Y detrás de eso, la falta de un plan, algo que fue medio confesión de partes del propio presidente porque dijo que no creía en los planes. Cuando se discutía el acuerdo con el FMI, Juntos por el Cambio fue uno de los que hizo posible que la Argentina evitara el default, pero también alertábamos que evitar el default no significaba corregir el gran déficit de no tener un plan de desarrollo para la Argentina. La Argentina sigue sin tener un plan de desarrollo, de crecimiento. Hoy, más de un embajador con los que estuvimos en las últimas semanas me mencionó cómo la cantidad de empresas de ese país habían disminuido un 30%, es decir, se fueron, y otros me decían que en sectores donde hay mucha oportunidad para la Argentina, como n minería, las empresas que ya están no van a seguir invirtiendo, y las que podrían venir, van a esperar hasta que algo cambie. Estoy hablando de los sectores donde, en términos de qué necesita el mundo, qué precio internacional tiene y cuánto hay en la Argentina, no hay ninguna duda de que hay oportunidad. No es que vienen a ver si hay petróleo en algún lado.

— Si Rodríguez Larreta llega a la Casa Rosada, ¿cómo será la política exterior?

— En primer lugar, tenemos mucho que recuperar, como volver a poner en valor el legado que dejó el presidente Macri. No hay ninguna duda respecto a eso. De hecho, él mismo es hoy una figura de altísimo renombre internacional. Después de la mala praxis del Gobierno, la confianza en la Argentina está muy deteriorada. Así como Horacio habla de ciertas medidas de estabilización inmediata en la economía, planteamos que hay que tener algunas medidas de shock en materia de confianza internacional.

— ¿Qué significa eso?

Por ejemplo, relanzar la relación con Brasil. Es impensable que la relación con el principal socio comercial de la Argentina, pero socio geopolítico para relacionarse con el resto de la región y con el mundo, esté resquebrajada porque los dos presidentes no se llevan bien. Imagino que los dos tienen algo de responsabilidad, pero no puede depender ni del vínculo personal ni de la familia ideológica de los presidentes. A partir de ese reencauzamiento de la relación con Brasil, volver a un diálogo muy sincero sobre las condiciones de relanzamiento del propio Mercosur que hoy, a partir del resquebrajamiento de la relación entre Brasil y Argentina, está en terapia intensiva. Tener un diálogo franco con el presidente (Luis) Lacalle Pou. Involucrar a los socios de Paraguay, Bolivia. Tener un diálogo muy directo con el presidente (Gabriel) Boric. Acelerar el ingreso de la Argentina a la OCDE, algo que empezó el presidente Macri y que este gobierno dudó en algún momento de llevarlo adelante. Acelerar la ratificación del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Si hacemos todo lo que dije antes, en el Mercosur estamos listos para ir a aprovechar la oportunidad de un mercado de 800 millones de habitantes y un horizonte en términos de vínculo geopolítico también. Y otro tema más específico, pero que da un signo de confianza enorme: hay que ratificar en el Senado varios convenios de preferencia de inversión que el presidente Macri inició y que durmieron el sueño de los justos durante todos estos años. Con Japón, con Emiratos Árabes, con Qatar. Este gobierno frenó todas las políticas que le decían al mundo: “Vengan a invertir”.

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