El uso de campaña domina una pelea que expone patetismo político y privilegios del poder

El mensaje de un diputado opositor y la reacción de legisladoras oficialistas terminan oscureciendo dos temas. Uno refiere a los encuentros en la residencia presidencial durante la etapa dura de cuarentena. Y el otro, al efecto del machismo como señal desde la política

Fernando Iglesias quedó en el centro de la polémica. Habló de "escándalo sexual" en Olivos
Fernando Iglesias quedó en el centro de la polémica. Habló de "escándalo sexual" en Olivos

El mensaje de Fernando Iglesias sobre las visitas a Olivos en plena cuarentena por el coronavirus resulta penoso por varios motivos: machismo, descalificación de matriz vieja y pretensión ruidosa antes que denuncia severa. Le preocupó más asociar mujer y escándalo sexual que discutir en serio los privilegios del poder frente a una sociedad entonces confinada.

Santiago Cafiero actuó como vocero para defender la lista: avaló la rápida carga contra Iglesias, habló de “odio” opositor y dijo que fueron todas reuniones por cuestiones de trabajo, sin reparar en asistentes para nada esenciales en días de privaciones colectivas. Hasta pasó por alto a algún contratista. La ofensiva contra el diputado opositor asomó útil para cambiar el eje sobre tales visitas pero a la vez desacreditó el sustento del rechazo al mensaje del legislador. Todo, en clave electoral.

El Congreso ha mostrado hasta ahora bastante “elasticidad” para tratar cuestiones vinculadas con denuncias sobre acoso y abuso sexual. También la Legislatura bonaerense. En general, se habilitó el camino de la licencia antes que alguna medida grave, desde sanciones disciplinarias hasta la expulsión. Existe una explicación razonable para las licencias y también reacción de cuerpo. Razonable es, dicho en términos prácticos, no condenar de antemano y esperar que la Justicia resuelva. Corporativo resulta que esos plazos sean eternos, hasta la extinción del tema, y los legisladores mantengan silencio.

No hace mucho ocurrió en el Senado. José Alperovich enfrenta una causa judicial por abuso sexual. Fue denunciado por una sobrina y asesora. Y hacia fines de 2019 pidió licencia. En el Frente de Todos no hubo esfuerzos para que se despidiera de la banca. A principios de junio último, el Senado resolvió extender la licencia hasta que concluya el mandato, en diciembre. El oficialismo tiene mayoría sobrada y por eso evitó presionar por la renuncia; puede prescindir de una banca, a pesar del reclamo de un sector del peronismo tucumano para que asuma la suplente.

En el caso de Iglesias, un grupo de legisladoras del oficialismo decidió impulsar la expulsión del diputado opositor, por violencia de género simbólica. La movida resulta una sobreactuación con sello electoral: resta en lugar de sumar al debate necesario sobre la repercusión o el efecto social de las declaraciones en boca de referentes, en este caso políticos. La lógica de las redes sociales no amortigua las consecuencias ni libera de responsabilidades. Ningún legislador puede desconocerlo. Tampoco el Presidente, que cosecha tuits bastante ilustrativos.

Gabriela Cerruti. La legisladora oficialista motorizó la movida contra el diputado opositor
Gabriela Cerruti. La legisladora oficialista motorizó la movida contra el diputado opositor

En Juntos por el Cambio, el malestar, con pases de factura internos, apuntó en reserva al “error” mediático del legislador, que habría corrido el foco de la cuestión de fondo sobre las listas de Olivos. También hubo cuestionamientos públicos a cargo de María Eugenia Vidal, Cristian Ritondo, Silvia Lospennato y Carla Carrizo. El tema incomoda por la campaña porteña y porque será motorizado de entrada por el Frente de Todos en una comisión de Diputados. Si hay debate público, se verá si supera el umbral de los reproches cruzados.

Por lo pronto, la queja doméstica en JxC no fue muy conceptual, salvo excepciones. Y la reacción del oficialismo tampoco fue de alto vuelo. Se expone así como una pieza más en el paño electoral. Con discurso lineal, Cafiero presentó el tema como la muestra del “discurso del odio” opositor. Victoria Donda se sumó a la carga, después de largos silencios sobre cuestiones espinosas.

Toda esta disputa, desde el mensaje de Iglesias hasta la reacción del oficialismo, desvirtúa lo que está en discusión y a los propios autores de una y otra vereda. Se queja el legislador, responsable inicial con sus tuits, y contraataca el Gobierno, que busca disimular la sucesión de datos e imágenes indefendibles frente a la dura cuarentena. Visitas, reuniones sociales disfrazadas de esenciales y hasta fotos, como aquella de la pareja presidencial con los Moyano.

Dicho de otra manera: el uso patético de campaña acaba de embarrar dos debates. Uno, sobre el mensaje descalificante del legislador. Y otro, sobre los privilegios del poder. Tienen distinta dimensión, pero anular uno con otro es de mínima un juego teñido de hipocresía.

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