Con las nuevas restricciones, ganaron los sectores más duros del Gobierno y la oposición en el peor momento para que se amplíe la grieta

Las medidas anunciadas por Alberto Fernández fueron hechas en sintonía con el kirchnerismo y lograron abroquelar a Juntos por el Cambio, pero los “halcones” quieren más intransigencia. Hay temores por la extensión del confinamiento y por una reedición del 2001

Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, en la Quinta de Olivos
Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, en la Quinta de Olivos

La ancha avenida del medio estalló en mil pedazos en los últimos días y sólo quedó una grieta más profunda en la política argentina. ¿Qué se puede esperar de la relación entre el Gobierno y la oposición para los próximos meses? Hay demasiados indicios de que tenemos la peor combinación posible: una segunda ola de coronavirus que crece y todavía no alcanzó su pico en medio de un virulento clima de campaña electoral que exacerba los enfrentamientos y anula la capacidad de diálogo.

Esta vez ganaron los duros. Tanto en el oficialismo, donde Alberto Fernández colgó en el placard la moderación que mostró al comienzo de la pandemia, algo confirmado en sus apariciones públicas de la semana pasada, como en la oposición, donde Horacio Rodríguez Larreta tuvo que mostrar los dientes por los alcances de un confinamiento inconsulto y ni aún así conformó a los “halcones” de Juntos por el Cambio, que en público lo apoyan y en la intimidad exigen reacciones más enérgicas.

Mientras faltan las vacunas y se multiplican los contagios, la Casa Rosada entró en modo electoral con pánico porque no sólo los indicadores sanitarios son inquietantes: la economía da zigzagueantes muestras de recuperación, la inflación supera los peores pronósticos, los precios no aflojan y el acuerdo con el FMI es hoy apenas una ilusión óptica.

Sólo así podría entenderse la cantidad de errores no forzados que cometió Alberto Fernández en tan pocas horas, según enumera la oposición. Nuevos anuncios sin haber esperado el resultado de las que ya se habían tomado hace apenas 15 días. Medidas muy duras para el AMBA resueltas sin consultas con el jefe de Gobierno porteño. Su desafortunada alusión al “sistema de salud relajado” que indignó a los médicos. La decisión de suspender las clases presenciales con la que, además de desautorizar a dos de sus ministros, puso en pie de guerra a cientos de miles de familias en todo el país. La polémica idea de sumar a las Fuerzas Armadas a los controles sanitarios. El regreso al confinamiento sin una ayuda económica contundente para los sectores afectados (sólo se aumentaron los Repro II con sumas de entre $9000 y $18.000 por trabajador).

Juntos por el Cambio pudo llegar a una tregua interna gracias a las medidas anunciadas por el Gobierno
Juntos por el Cambio pudo llegar a una tregua interna gracias a las medidas anunciadas por el Gobierno

Nadie cree, además, que las restricciones terminen a fin de mes porque es difícil que el cuadro sanitario mejore lo suficiente. La perspectiva de otro año con una cuarentena obligatoria similar a la de 2020 dibuja una postal angustiante. Por el avance del COVID-19 y por el retroceso de la economía. En otras partes del mundo se considera normal que la evolución de la pandemia obligue a alternar cierres y aperturas de actividades. En la Argentina no parece haber límites entre normalidad y anormalidad.

Si los componentes de este combo explosivo no ceden, se complicará la suerte del oficialismo en las urnas. Y si eso sucede, el Gobierno perderá mucho más que bancas legislativas porque el fantasma de la debilidad política empezaría a tomar cuerpo. Por eso Juntos por el Cambio imagina que el Gobierno está tan desesperado por postergar las PASO. O eliminarlas, incluso. Quizá el 12 de septiembre, la fecha que propone el oficialismo en lugar del 8 de agosto, existan mejores indicadores económicos, la emergencia sanitaria muestre signos de alivio y hayan llegado las vacunas prometidas para inmunizar masivamente. Mucho mejor podría ser el panorama el 14 de noviembre, la alternativa en el almanaque para las elecciones generales.

La mayoría de la dirigencia opositora podría haber aceptado correr las PASO por sólo cinco semanas, aunque el Frente de Todos pareció haber hecho todo lo posible por dinamitar el consenso cuando sorpresivamente propuso cambiar el cronograma electoral ante dos dirigentes del PRO en una reunión convocada con otro motivo, en lugar de haberlo hecho mediante un diálogo institucional con las autoridades de Juntos por el Cambio. La desconfianza de la coalición opositora no es descabellada.

Ante las notorias dificultades para unificar la posición de duros y dialoguistas ante la propuesta del Gobierno, JxC sumó propuestas (la boleta única o el voto por correo de los extranjeros) como condición para aceptar las reformas en el calendario electoral y exigió reaseguros de que el oficialismo no volverá a hacer modificaciones a su antojo o a la medida de sus necesidades políticas. Pero en las vísperas de una nueva negociación sobre las PASO irrumpieron las nuevas restricciones anunciadas por Alberto Fernández, que disolvieron en ácido las perspectivas de un diálogo político civilizado. O “del versito del consenso”, como se burló Axel Kicillof para criticar a Rodríguez Larreta y, de paso, cuestionar un pilar de toda democracia.

La relación entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta sigue dominando los equilibrios internos en la oposición
La relación entre Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta sigue dominando los equilibrios internos en la oposición

Las medidas del Presidente sirvieron para unificar a Juntos por el Cambio. Al menos momentáneamente. Alberto Fernández volvió a apoyarse en Cristina Kirchner y en Kicillof para tomar sus últimas decisiones, según aseguran en la oposición, y los que se sienten triunfadores por haber descreído siempre de la imagen de un primer mandatario autónomo y dialoguista son Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Rodríguez Larreta se endureció al extremo, aunque sin perder su estilo moderado: nunca dejó de repetir que creía en el diálogo y no cayó en la tentación de contestar preguntas de carácter político, que hubiera contaminado una estrategia centrada en utilizar evidencias y estadísticas para exhortar por las clases presenciales.

La UCR sostiene el apoyo al jefe de Gobierno mientras su presidente, Alfredo Cornejo, está cada vez más consustanciado con su papel de fiscal implacable de la Casa Rosada, mientras que la Coalición Cívica, en sintonía con los temores de Elisa Carrió sobre un clima similar al de la crisis de 2001, justificó en un comunicado de prensa a “quienes ven en la desobediencia civil el camino para defender la educación de sus hijos y sus fuentes de trabajo”, aunque advirtió que “el reclamo es válido, justo y debe ser pacífico”.

Insaciables, algunos de los duros de JxC creen que, en lugar de judicializar el reclamo educativo, el jefe de Gobierno tendría que haber declarado la educación como servicio esencial para resistir el cierre de las escuelas. En el círculo íntimo de Rodríguez Larreta aseguran que él se preocupó por anticiparle sus pasos a Macri y a Bullrich, pero que ninguno puso reparos ni tampoco hizo ninguna propuesta como la que comentan fuera de los micrófonos. Este capítulo de la emergencia sanitaria, y de la emergencia política que representan los desencuentros entre Gobierno y oposición, sólo posterga lo inevitable de la pelea a todo o nada que habrá entre el alcalde porteño y la presidenta del PRO por las listas de candidatos en la Ciudad.

La protesta de este sábado en el Obelisco no tuvo presencias de dirigentes opositores (Foto Nicolás Stulberg)
La protesta de este sábado en el Obelisco no tuvo presencias de dirigentes opositores (Foto Nicolás Stulberg)

El jefe de Gobierno ya decidió que prefiere ir a las PASO en lugar de consensuar una lista con la ex ministra de Seguridad. Aquí coincide con Macri, que quiere que haya primarias en Juntos por el Cambio en todo el país para “determinar qué tipo de ideas son las que dominan la coalición”, como propuso Bullrich. Mientras, la candidata número 1 de Rodríguez Larreta para encabezar la lista porteña, María Eugenia Vidal, tuvo mala suerte: luego de 16 meses de silencio, reapareció con su libro justo en la semana en que los chisporroteos por las nuevas restricciones dominaron la escena política y pasó casi inadvertida.

De todas formas, pensar hoy en cualquier escenario electoral parece de ciencia ficción. Todo parece indicar que vienen quince días de mayores restricciones que pueden extenderse, altos riesgos de contagios, récord de víctimas, un sistema de salud nada relajado y posibles rebeldías a la medidas que decretó el Presidente, además de mucha más efervescencia en la relación entre el Gobierno y Juntos por el Cambio.

Quizá haya sido una buena señal que en las movilizaciones de protesta de este sábado no haya aparecido ningún dirigente opositor para tratar de sacar alguna ventaja de la bronca de la gente. La mala señal, sin embargo, fueron los incidentes entre los militantes anticuarentena y la Policía ante la Casa Rosada. Se sabe: el fanatismo es un virus mucho más resistente que el COVID-19.

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