Tras sus críticas a Felipe Solá, el Senado no trató el pliego de Alicia Castro, que había sido designada en la embajada de Rusia

La Comisión de Acuerdos avaló las designaciones de Alfonsín, Capitanich y otros embajadores políticos; el enfrentamiento de la sindicalista con el ministro por el caso Venezuela la deja casi afuera de carrera

Alicia Castro y Alberto Fernández, antes del conflicto entre la dirigente kirchnerista y Felipe Solá
Alicia Castro y Alberto Fernández, antes del conflicto entre la dirigente kirchnerista y Felipe Solá

La Comisión de Acuerdos del Senado evitó hoy el tratamiento de la designada embajadora en Rusia, Alicia Castro, que tuvo un fuerte enfrentamiento con el canciller Felipe Solá y todo indica que la dirigente sindical de los aeronavegantes no irá finalmente a Moscú por decisión expresa del Gobierno.

Castro adujo que todavía no estaba en condiciones de viajar a Rusia por los impedimentos de la cuarentena y esa fue la excusa que eligió hoy el oficialismo en el Senado para no tratar su pliego como embajadora. En los últimos tiempos había dicho que no estaba en condiciones de ir a Moscú por las barreras sanitarias que hay ante la pandemia de COVID-19.

Sin embargo, a pesar de la pandemia y los supuestos inconvenientes para avalar traslados, la Cámara alta aprobó las designaciones de embajadores de Ricardo Alfonsín (España), Daniel Capitanich (Nicaragua) y Hernán María Patiño Mayer (Hungría, con jurisdicción en Croacia y Bosnia y Herzegovina).

La tensión entre Castro y Felipe Solá escaló tan alto que incluso molestó al propio presidente Alberto Fernández. Hace unas semanas, la ex embajadora en el Reino Unido y en Venezuela, que había sido elegida para liderar la sede diplomática en Rusia, contradijo públicamente al canciller por la situación en Venezuela.

Solá destacó que en Venezuela había un Estado de “cuasi derecho” y que “sin dudas” el régimen de Nicolás Maduro es “autoritario”. El canciller destacó esto luego de que la Argentina expresara su postura ante la ONU respecto del nuevo informe de la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que denunció torturas, falta de independencia judicial y violencia en Venezuela.

Alberto Fernández dijo tras esas expresiones de Solá que su Gobierno “nunca” desconoció “la legitimidad del gobierno de Venezuela”. Pero no objetó al canciller. El tema había quedado saldado allí y para el Gobierno no había que aclarar más detalles.

Sin embargo, tras las palabras del Presidente, Castro arremetió duramente contra el ministro de Relaciones Exteriores y desde su cuenta de Twitter escribió: “Es llamativo que el Canciller siga machacando contra Venezuela. Sería oportuno que se exprese contra la proscripción y condena de Correa en Ecuador, el Gobierno de facto de Bolivia que posterga elecciones, la situación de Chile y de Brasil”, dijo.

Ese tuit generó un fuerte malestar en la Cancillería pero también en la Casa Rosada, y el Presidente decidió congelar la designación de Castro como embajadora de la Argentina en Rusia.

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Castro no está alineada con la agenda geopolítica del Gobierno, y el jefe de Estado quiere evitar malentendidos con Vladimir Putin, que es un maestro en aprovechar debilidades políticas y crisis institucionales.

El Presidente no teme al disenso interno en la agenda local, pero cuando se trata de las relaciones diplomáticas sólo cree en la verticalidad y en una sola hoja de ruta para vincular al país con el resto del planeta.

Con todo este mar de fondo, el primer gesto del Gobierno fue pedir a los senadores oficialistas que hoy no traten el pliego de Castro. Se esperará un tiempo para que decanten los recelos, pero todo indica que la Cancillería ya tiene definido no mandar a Castro a Moscú y ya busca nuevo embajador.

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