Hay problemas de asistencia social, los testeos de casos resultan insuficientes y los movimientos sociales empiezan a impacientarse
Hay problemas de asistencia social, los testeos de casos resultan insuficientes y los movimientos sociales empiezan a impacientarse

Dos meses después de que el Gobierno decretó la cuarentena obligatoria en la Argentina para contrarrestar el avance del COVID-19, la situación de peligro de contagios masivos y la falta de alimentos en los sectores vulnerables se convirtieron en un cocktail explosivo de convulsión social que creció al ritmo vertiginoso del malestar general que se vive en las villas miseria ante los efectos del aislamiento social.

Desde el presidente Alberto Fernández para abajo hay una profunda preocupación por la eventual explosión de contagios de coronavirus en los barrios populares que se traducirá desde ahora en una acción concreta del Estado destinada a reforzar los mecanismos de control de contagio y garantizar una mayor distribución de alimentos en el conurbano bonaerense, las villas de la CABA y de las grandes ciudades de todo el país.

Ayer, al anunciar la extensión de la cuarentena hasta el 7 de junio el Presidente expuso abiertamente esta preocupación por el incremento de contagio en los barrios carenciados. “Quiero pedirles a los habitantes de CABA y GBA: los casos crecieron desmedidamente en los barrios populares, pero en CABA en la última semana se incrementaron el 100% los contagios. Qué quiero decir con esto: el virus está circulando por las calles. Les pido que en lo posible se mantengan en sus casas”, dijo en tono de súplica.

Nada fue casual. La OMS acaba de advertir que América Latina es “el epicentro” mundial de la pandemia por los niveles de pobreza y elevados casos de contagio que se perciben en esta región.

Durante la reunión que mantuvo anteayer con los epidemiólogos y en las charlas que tuvo con gobernadores e intendentes en los últimos días, el Presidente cosechó las mismas impresiones: una fuerte alerta por el avance exponencial de COVID-19 en los barrios humildes que podría potenciarse con el colapso automático del sistema sanitario.

“La situación está descontrolada. Y se viene una curva terrible de contagios. Se va a complicar mucho porque esto recién empieza”, expresó a Infobae y sin vueltas un allegado al ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán.

El crudo relato del funcionario bonaerense replica la puja CABA-provincia de Buenos Aires que se desató en los últimos días por la flexibilización de la cuarentena que se dio en territorio porteño y que eventualmente generó un aumento de contagios en el conurbano. Pero el debate de fondo ahora es otro: ¿cómo parar esa curva en ascenso que se vislumbra en los barrios?

Desde la provincia de Buenos Aires entregaron a Infobae un informe reservado que refleja parte de esta situación: en el operativo Detectar que se realizó durante un solo día de mayo en tan solo 204 manzanas de los municipios de San Vicente, Lanús, Quilmes,San Martín, Merlo, La Matanza y Morón, el Ministerio de Salud detectó 56 casos sospechosos de COVID-19 y hubo 10 contagios confirmados. El relevamiento apenas alcanzó a 27.649 personas, una cifra ínfima si se tiene en cuenta que en todo el conurbano hay 1.800 barrios populares donde viven más de tres millones de personas en situaciones de hacinamiento total, ausencia de higiene y escasa alimentación.

La situación en los barrios populares de la CABA no dista de ser diferente. El último boletín epidemiológico de la ciudad de Buenos Aires que se difundió el jueves mostraba que el 48% de los casos de contagio del virus -más de 2.500 casos- se concentran en las comunas de Retiro y Flores, es decir, allí donde están concentradas las grandes villas porteñas.

Los municipios del conurbano de Quilmes, La Matanza, San Martín, Merlo, Morón, Moreno, Almirante Brown, Pilar, La Plata, Florencio Varela, Avellaneda y Lomás de Zamora suman casi el 50% de los 3.500 casos de contagio de COVID de toda la provincia. Y es precisamente en estos municipios donde se concentra la mayor cantidad de barrios populares.

El mismo gobernador Axel Kicillof habló anoche sobre los riesgos de un aumento exponencial del virus en las villas que podría desatar un colapso en los hospitales bonaerenses y la misma expresión de preocupación planteó Rodríguez Larreta al sostener que el COVID-19 creció cinco veces más en los últimos 15 días en los barrios populares.

Desde el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación que lidera Daniel Arroyo admitieron a Infobae que hay mucha preocupación por el avance del coronavirus a pasos agigantados en las villas, pero adelantaron que en los próximos días se potenciará la asistencia estatal en tres programas de prevención: una mayor presencia de funcionarios y movimientos sociales en el plan “El barrio cuida al barrio”; el ajuste de protocolos sanitarios en la implementación del programa Detectar y una mayor coordinación entre la Nación, CABA y provincia de Buenos Aires en los comité de emergencia barrial.

Hay mucha preocupación por el avance del coronavirus a pasos agigantados en las villas
Hay mucha preocupación por el avance del coronavirus a pasos agigantados en las villas

También en el Ministerio de Desarrollo Social admitieron que hay dificultades en la entrega en tiempo y forma de los bolsones de alimentos en las villas, pero argumentaron que esos problemas se están solucionando con la descentralización de las compras por parte de los municipios, movimientos sociales o iglesias.

Por otra parte, en función de ajustar la llegada de alimentos a los barrios en cuarentena el ministro Arroyo y su par de Producción, Matías Kulfas, convocaron el martes pasado a una docena de empresas alimenticias de primer nivel para que participen activamente en las licitaciones de venta de insumos al Gobierno ya que se está observando una disminución de la oferta.

“Queremos fortalecer las compras de alimentos, simplificar la operatoria y acortar los plazos de pago”, remarcó Kulfas tras esa reunión a modo de solución a los problemas de alimentación que se están viendo en muchos barrios.

La intención del Gobierno es achicar a 45 días el pago a los proveedores del Estado para que la compra de alimentos se agilice y llegue a tiempo a los barrios carenciados. Se descarta por ahora, como lo reclamaron algunos movimientos sociales, la imposición de la ley de abastecimiento como herramienta para obligar a los productores a vender en tiempo y precio conveniente los insumos alimentarios.

Malestar social y protestas

Sin embargo, desde los movimientos sociales, ya sea alineados al kirchnerismo o de línea opositora, hay una coincidencia generalizada en que más allá de la buena voluntad del Gobierno para asistir a los sectores desprotegidos la ayuda no llega, resulta escasa y las medidas de prevención al virus no resultan ser suficientes para frenar la ola de contagios.

Desde el Frente Popular Darío Santillán explicaron a Infobae que ven “muy complicada la situación social”. Aseguraron así que hoy son más de siete provincias a las que no les llegan alimentos y están cocinando con donaciones que reciben. También alertaron que en los comedores además no llegan artículos de limpieza lo cual agrava la situación en medio de la pandemia.

El riesgo es potencial: tanto en los barrios de la Ciudad de Buenos Aires como del conurbano o de las grandes urbes del interior se contagian quienes sostienen los comedores, los que entran a brindar ayuda o hacer testeos y aquellos que viven adentro por lo que se potencian automáticamente los niveles de COVID-19 en los barrios populares.

Nahuel Beibe, secretario general de la Corriente Martín Fierro, una agrupación social ligada estrechamente al kirchnerismo, dijo que “si bien (Daniel) Arroyo está haciendo lo mejor que puede, la crisis es muy profunda y tienen que aplicarse propuestas nuevas con mucha masividad como en el caso del IFE para que la transferencia de ingresos y la comida sea garantizada”.

Según Beibe, la producción y distribución de alimentos “hoy está muy monopolizada por grandes empresas que son incapaces de entender que la buena alimentación es un derecho humano”.

Gildo Onorato del Movimiento Evita manifestó que hay una fuerte preocupación en los barrios por contagios masivos de coronavirus y una dificultad muy grande de la caída económica o la falta de alimentos.

El COVID-19 creció cinco veces más en los últimos 15 días en los barrios populares
El COVID-19 creció cinco veces más en los últimos 15 días en los barrios populares

Hasta ahora no hubo desbordes sociales por este panorama de alerta, pero tanto Onorato como otros referentes de movimientos sociales consultados por Infobae coincidieron en que “el malestar social y los niveles de pobreza sumados a la pandemia está llevando a la gente a un panorama similar al de la crisis del 2001 donde no hay soporte del Estado y la salida de la cuarentena generará fuertes desafíos de planificación rápida de ingresos”.

Desde Barrios de Pie, Silvia Saravia, graficó una situación “caótica” que se vive hoy en muchos barrios populares de la CABA y el conurbano bonaerense, ya que en los operativos para detectar casos sospechosos de coronavirus no se ve una coordinación entre las autoridades de Salud a nivel nacional, municipal y los organismos de contención social.

“La gente no recibe insumos de higiene, a los que han tenido contacto con contagiados no se les hace hisopado para testear si tienen COVID y encima hay cierto maltrato con aquellos que resultan ser sospechosos en los operativos de control”, dijo Saravia.

Un caso puntual refleja esta situación. En el barrio San Carlos de La Plata, el líder de Barrios de Pie, Isaac Quispe, explicó que la semana pasada una joven que vive en la villa recibió en su casa al empleador que le fue a llevar su salario. Pero días después cuando se enteró de que su empleador tenía coronavirus fue a hacerse estudios para evaluar si estaba contagiada y sólo le tomaron la fiebre. “Cuando hicimos los reclamos el jefe de la región sanitaria nos dijo que sólo hacen hisopados a aquellas personas que tienen síntomas de fiebre o dolor de garganta”, dijo Quispe. En los barrios vulnerables de La Plata se registraron 12 casos de COVID-19 tan sólo la semana pasada.

Hace menos de un mes el padre Pepe di Paola, que trabaja en la villa de La Carcova, advertía a Infobae: “No sé cuánto tiempo más va a aguantar la gente encerrada con la angustia de estar sin trabajo”.

En los últimos días se empezaron a vislumbrar en la ciudad de Buenos Aires las primeras postales de protesta en medio de la pandemia. Las organizaciones de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) realizaron el viernes una protesta con “banderazo social” en Plaza Once para exigir protocolos de abordaje del COVID-19 en los barrios populares y alertar sobre la falta de alimentos o higiene. Todo indica que estas imágenes se reiterarán con el riesgo de contagios por la concentración de gente en las marchas.

Anoche, el Presidente se comprometió a atender la ayuda alimentaria en los barrios. “Vamos a seguir llevando nuestra asistencia con la AUH o la tarjeta Alimentar. Todo eso va a seguir todo lo que sea necesario. Asumí el gobierno proponiéndole a todos los argentinos emprender una batalla decidida contra el hambre y no voy a dejar que el hambre ocurra en la pandemia así que todos haremos el esfuerzo”, dijo en conferencia de prensa. Fue casi una admisión oficial de que la llegada de alimentos a los barrios sigue siendo un problema para la Casa Rosada.

La radiografía del conurbano profundo, los barrios humildes de la CABA, el Gran Rosario, los aledaños a Córdoba, Salta, San Miguel de Tucumán o Resistencia no dejan de ser diferentes en cuanto a niveles de pobreza en ascenso, contagios masivos, incertidumbre económica y malestar social por una cuarentena extensa. Todos estos factores juntos resultan ser un caldo de cultivo peligroso para un gobierno que busca poner orden, controlar una pandemia y atender la grave situación económica de la Argentina.

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