Alberto Fernández pone a prueba su liderazgo político ante los efectos sociales y económicos del coronavirus

La reacción presidencial frente a la pandemia puede contribuir a consolidar su poder interno y profundizar su relación personal con los mandatarios de América Latina, Europa y Estados Unidos

Alberto Fernández, durante la cadena nacional adonde explicó su estrategia ante el avance del Coronavirus. (Presidencia)
Alberto Fernández, durante la cadena nacional adonde explicó su estrategia ante el avance del Coronavirus. (Presidencia)

Alberto Fernández conoce la historia política de la Argentina y sabe de memoria los puntos de inflexión de todos los gobiernos democráticos que iniciaron en 1983: Raúl Alfonsín con Semana Santa, Carlos Menem y los indultos, Fernando de la Rúa y la Convertibilidad, Néstor Kirchner con la virtual asonada de la Corte Suprema, Cristina Fernandez con la 125 y Mauricio Macri y sus acuerdos con el FMI. Esos momentos determinaron la relación del presidente con su ejercicio de poder, y marcaron para siempre su paso por la Casa Rosada.

Alberto Fernández cree que ese tempus histórico, ese acontecimiento que permanecerá inalterable en el inconsciente colectivo y en la opinión pública, será su estrategia y liderazgo para enfrentar la arremetida voraz del coronavirus.

Esa vocación personal de hacerse cargo de su paso por Balcarce 50, pese a la sombra con imagen femenina que persigue cada una de sus decisiones de poder, tomó por asalto su voluntad política cuando resolvió hacer su primera cadena nacional y terminó de acaparar su atención institucional cuando comprendió que el mundo del siglo XXI iniciaba una reconversión que sería global y minuto a minuto.

Alberto Fernández no tenía un plan predeterminado para consolidar su liderazgo político a través del combate al coronavirus. Apeló a su experiencia personal, a los clásicos leídos -Maquiavelo, Lenín, Perón, Hobbes, Tocqueville, Gramsci, García Márquez y Vargas Llosa-, y al ejercicio descarnado del poder. Puso todo ese bagaje en un punto, y después concentró todos los esfuerzos en evitar que la pandemia se transformara en su noche más oscura.

El Presidente sostiene en la intimidad de Balcarce 50 que la clave contra el Coronavirus está en la comunicación y la opinión pública. Alberto Fernández vio un video salvaje y disruptivo en las redes sociales y, cuando la mayoría de los argentinos dormía, hizo retuit a una historia que atravesaba Twitter causando odio e indignación.


Junto a la aparición en las redes sociales y en los medios de comunicación, Alberto Fernández concentró su agenda en netas acciones de poder destinadas a combatir la pandemia. Habló de este asunto con CFK en Olivos (antes del viaje de la vicepresidente a Cuba), chateó con Martín Guzmán para saber cómo estaba preparando su paquete de medidas de emergencia, y habló largamente con Ginés González García, que había minimizado la marcha del coronavirus y debió ser rescatado por el Presidente ante una avalancha de pedidos de renuncia.

Alberto Fernández no quiere permanecer al margen de ninguna decisión y desea que se conozca su participación plena en todos los asuntos vinculados a la pandemia. Pretende comunicar que está activo, a cargo, sin sombras políticas ni institucionales. CFK ayuda en esta lógica de poder: otra vez se corre del centro del escenario, volando a La Habana para visitar a Florencia.

En la ratificación de su propio liderazgo presidencial, Alberto Fernández recibe informes de su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, ordena al ministro del Interior, Wado de Pedro, que estudie la posibilidad de cerrar todas las fronteras de la Argentina y usa WhatsApp para corroborar aspectos legales con Vilma Ibarra, secretaria Legal y Técnica.

Santiago Cafiero, Cecilia Todesca, Matias Kulfas y Martín Guzmán, en una reunión de gabinete en Casa Rosada. (Presidencia)
Santiago Cafiero, Cecilia Todesca, Matias Kulfas y Martín Guzmán, en una reunión de gabinete en Casa Rosada. (Presidencia)

La dinámica personal que impuso Alberto Fernández en su agenda contra la pandemia responde a dos objetivos políticos: demostrar adentro del gobierno que ejerce sin doble comando y asegurar a la opinión pública que puede liderar una crisis que arrancó en China y tiene suficiente capacidad para profundizar la recesión económica de la Argentina.

No hay una sola decisión presidencial que no contemple estas dos ideas básicas. Empoderamiento interno y presencia constante en la arena mediática.

Esa predisposición para fortalecer su propio sino en la Casa Rosada se replica cuando Alberto Fernández interactúa con los líderes internacionales. El presidente dialogó con su colega de Chile, Sebastián Piñera, para coordinar acciones en la región. Fue una idea de Piñera que Alberto Fernández avaló sin dudar y que mañana se pondría en marcha a través de una videoconferencia que uniría a los jefes de Estado de América Latina.

Alberto Fernández no se cansa de repetir que gobierna solo y que únicamente consulta a Cristina Fernández de Kirchner “aprovechando su conocimiento del Estado”. Sin embargo, el presidente también reconoce que sus palabras algunas veces se relativizan frente a la conocida personalidad de la vicepresidente.

Asume que está frente a su propio destino y que los resultados de su estrategia ante la pandemia pueden marcar su presidencia. Pensó que eso ocurriría con la renegociación de la deuda externa, pero el coronavirus adelantó la prueba de fuego. Ya se sabe: Argentina no da respiro.

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