Alberto Fernández despliega una agenda de política exterior que Cristina Kirchner se resiste a convalidar

Tras su visita a Francisco y los principales líderes europeos, el Presidente tiene una mirada del sistema internacional que ya estableció una distancia estratégica con la perspectiva ideológica del mundo que exhibe y defiende la vicepresidente

Alberto Fernández y Cristina Fernández tienen diferentes miradas sobre la agenda de las relaciones exteriores de la Argentina. (Gustavo Gavotti)
Alberto Fernández y Cristina Fernández tienen diferentes miradas sobre la agenda de las relaciones exteriores de la Argentina. (Gustavo Gavotti)

Cristina Kirchner rechaza la mirada del mundo que tienen Benjamín Netanyahu y Donald Trump. La vicepresidente considera que son dos referentes obligados del imperialismo occidental y jamás hubiera utilizado su influencia global para construir un sistema de alianzas que permita a la Argentina negociar con mayor fortaleza geopolítica la deuda externa que debe honrar frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bonistas con jurisdicción New York.

CFK habría viajado a China y Rusia, y cerrado acuerdos bilaterales con Xi Jinping y Vladimir Putin. La vicepresidente tiene una mirada agonal de las relaciones exteriores, y a veces asume la diplomacia nacional como un bien propio. Javier Figueroa, el embajador argentino en Cuba, ya sabe que será trasladado a Londres -un ascenso en su importante carrera profesional-, pero Cristina Kirchner resiste el cambio de destino en favor de su hija Florencia. Figueroa la cuida cuando ella no está en La Habana.

Las diferencias entre Alberto Fernández y la vicepresidente aparecen en público y en privado. Cristina Kirchner sabe el daño institucional que produce cuando propone una quita de la deuda de capital que Argentina tiene con el FMI. Más si ese cuestionamiento político se lanza desde La Habana, un enemigo declarado de Washington desde que Nikita Kruschev decidió instalar misiles rusos a 90 millas de Miami.

La opinión de CFK sobre la estrategia de negociación con el FMI no implica sólo una disonancia académica explicitada en un acto político protagonizado por líderes de la nomenclatura cubana. Significa además poner en jaque todo el sistema de alianzas internacionales que Alberto Fernández empezó a construir en su viaje a Jerusalén y después consolidó durante su gira relámpago por Italia, Alemania, España y Francia.

Cristina Kirchner en Cuba sobre la deuda

El Presidente explicó a Francisco, Giuseppe Conte, Sergio Mattarella, Angela Merkel, Pedro Sánchez, Felipe VI y Emmanuel Macron que tenía intenciones de honrar la deuda contraída con el FMI y negociar una quita de intereses y de capital respecto a los bonistas bajo jurisdicción internacional. Esa propuesta de negociación, el eje fundamental que coronó su éxito político en Europa, fue magullada por CFK cuando presentó en La Habana su best seller Sinceramente.

Cada vez que dialoga con un líder extranjero, Alberto Fernández enfrenta dos situaciones que se alimentan mutuamente: si manda él o CFK, y si Argentina pagará la deuda externa o no. En este contexto, el Presidente queda cerca de una photo opportunity cuando la vicepresidente cuestiona sus ideas y sus discursos institucionales.

Alberto Fernández no comparte la propuesta de una quita al FMI, pero en Europa y Estados Unidos conocen el peso político de CFK: desde la llegada de la democracia en 1983, no hubo un sólo vicepresidente poderoso. Cristina es la excepción, y hace todo para que se note. Afuera y adentro de la Argentina.

El Presidente asume que necesita dos hechos geopolíticos para condicionar las andanadas públicas de Cristina y atenuar los movimientos sigilosos que ejecuta detrás de bambalinas. Se trata de lograr una negociación equilibrada con el FMI y protagonizar una agenda regional que sea equidistante con Estados Unidos y complementaria con los intereses de Europa.

Si el jefe de Estado no corona estos objetivos estratégicos, la vicepresidente aguarda su turno para desplegar una hoja de ruta que podría poner al gobierno peronista rumbo a Moscú, Pekín, La Habana y Venezuela.

En Washington, París y Berlín conocen en detalle esta perspectiva, y ya sugieren señales y propuestas para evitar que Cristina Kirchner controle el Palacio San Martín desde su despacho de la Cámara Alta.

Alberto Fernández y Emmanuel Macron durante su encuentro bilateral en el Palacio Eliseo
Alberto Fernández y Emmanuel Macron durante su encuentro bilateral en el Palacio Eliseo

Al margen de la disonancia pública que plantea Cristina Fernández de Kirchner, el presidente está muy satisfecho de la negociación que su ministro de Economía, Martín Guzmán, esta anudando con los representantes del FMI que llegaron a Buenos Aires. Alberto Fernández espera un desenlace acorde a sus expectativas políticas y a los términos de la conversación reservada que mantuvieron Guzmán y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, cuando cenaron en Roma antes de encontrarse con Francisco.

Georgieva quiere hacer historia en Washington, y el jefe de Estado marcar una diferencia esencial con Mauricio Macri, que tomó créditos por 44 mil millones de dólares que sólo se aplicaron en concepto de reservas del Banco Central. No habrá quita del FMI a la deuda externa argentina como lo propuso CFK, pero si se posterga el pago del capital sin devengar intereses, los académicos y los tecnócratas tendrán mucho que escribir del futuro “Caso Argentino”.

Martín Guzmán y los negociadores del FMI en Buenos Aires: reunión en el Palacio de Hacienda
Martín Guzmán y los negociadores del FMI en Buenos Aires: reunión en el Palacio de Hacienda

La ayuda multilateral para cerrar con el Fondo tiene una diagonal regional que concluye en el edificio con palmeras que la Organización de Estados Americanos (OEA) posee a pocas cuadras de la Casa Blanca. En esa construcción demodee, Luis Almagro cuenta los votos para lograr su reelección en la OEA como secretario general. Almagro pertenece al establishment de DC, y será difícil que empaque para regresar sin blasones a su casa familiar de Montevideo.

Alberto Fernández tiene diferencias ideológicas con Almagro y además no le perdona que avanzara sin parámetros diplomáticos contra Evo Morales cuando se caía del poder. Almagro pretende su reelección, y tiene el respaldo público de Donald Trump y Jair Bolsonaro. Este apoyo de Estados Unidos y Brasil transforma la continuidad de Almagro en un hecho cierto, aunque se presenten ciertas alternativas sostenidas por Argentina, México, Venezuela y sus aliados del Caribe.

El presidente necesita a Estados Unidos y Brasil para avanzar en su negociación con el FMI. Sin DC ni Brasilia, es poco probable que el Fondo Monetario Internacional acepte su propuesta de postergar los pagos de capital hasta fines de 2023. Quid pro quo, deslizan desde el Departamento de Estado y el Palacio del Planalto: Almagro debería ganar, y Argentina podría abstenerse.

Esta fórmula diplomática en la OEA satisface los intereses regionales de Trump y Bolsonaro. Y abre la chance de una jugada que, en silencio, empuja Alberto Fernández en el tablero multilateral de Washington. Gustavo Béliz pretende ocupar la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y para lograr este éxito internacional, necesita de los votos de Estados Unidos y Brasil.

Béliz ya es respaldado por México, y conversó de su candidatura con Ernesto Araújo, canciller brasilero, durante la bilateral que protagonizó junto a Daniel Scioli -embajador argentino en Brasil-, y el canciller Felipe Solá. Araújo no opuso resistencia a la propuesta de Béliz -lo que no implica por ahora el apoyo de Brasil-, pero a cambio sugirió que se achique la distancia diplomática entre Alberto Fernández y Bolsonaro.

Solá, Scioli y Béliz usaron su sonrisa protocolar y se encaminaron al despacho del presidente brasileño. Bolsonaro no defraudó a la delegación argentina -confirmaron todos sus prejuicios- y se sorprendieron cuando ofreció un pull aside con Alberto Fernández en la jura de Luis Lacalle Pou.

Ese día, 1° de marzo, el Presidente abre las sesiones ordinarias en la Cámara de Diputados. Un hecho institucional que marca la agenda parlamentaria y establece las relaciones de poder entre el oficialismo y la oposición. Alberto Fernández ya decidió no concurrir a la asunción de Lacalle Pou, y postergó sine die su bilateral con Bolsonaro.

Presidente brasileño Jair Bolsonaro y canciller argentino Felipe Solá
Presidente brasileño Jair Bolsonaro y canciller argentino Felipe Solá

En la Cancillería explicaron a Infobae que sorprendió que Alberto Fernández postergara su primer encuentro con Bolsonaro. Y deslizaron que se habría tratado de un nuevo avance de Cristina Fernández en la agenda de política exterior del Presidente.

Sin embargo, en Casa Rosada descartaron esta versión y presentaron otra línea discursiva: al jefe de Estado no le gustó la sonrisa de Solá en la foto con Bolsonaro, y desmintieron que CFK haya vetado la reunión informal entre ambos mandatarios del Cono Sur.

“Cristina hace picardías, pero en ésta no tuvo nada que ver”, aclaró a este medio un miembro del Gabinete que conoce al presidente de toda su vida.

Alberto Fernández escucha con atención las sugerencias que recibió en su gira europea, aguarda la invitación formal de Trump y desconfía de Bolsonaro. Una circunstancia del viaje a Brasilia le permitió consolidar esa sensación personal con el presidente del Brasil.

Ocurrió en la cita que mantuvieron Solá, Scioli y Beliz en el Palacio de la Alvorada.

-Tratemos de usar menos Twitter y más WhatsApp para comunicarnos...-sugirió Beliz a Bolsonaro, que usa esa red social con el mismo estilo rampante que Trump.

El presidente del Brasil asintió con una sonrisa de ocasión.

Horas más tarde, desde Facebook, le marcó la agenda a Alberto Fernández y fortaleció la posición diplomática de Cristina Fernández, que tiene su propia estrategia frente a Brasil y su apoyo ante el FMI.

“No (quiero) una América del Sur bolivariana, pero sí que Argentina sea fuerte, que Paraguay y Uruguay sean fuertes, que Brasil sea fuerte”, dijo en vivo a través de su cuenta en Facebook.

El Presidente se resiste al encuentro con Bolsonaro, y optó por privilegiar su primer discurso en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Alberto Fernández sabe que sus anuncios presidenciales en la Cámara baja durarán apenas un par de horas cuando llegue el momento de informar sobre su viaje a Montevideo para la reunión informal con el exmilitar que cuestionó a su hijo, a Lula y a Dilma Rousseff.

“Que espera, ya nos vamos a ver”, contestó el Presidente para sacarse de encima la insistencia de ciertos colaboradores y ministros que consideran fundamental una Photo Opportunity con Bolsonaro.

Solá tiene que llamar a su colega Araújo para anunciar que se suspendió el pull aside en Montevideo. No será tarea fácil. Y menos para el canciller brasilero que debió batallar para que Bolsonaro aceptara un encuentro informal con Alberto Fernández en la asunción de Lacalle Pou.

Puede haber una situación diplomática con escaso retorno.

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