Axel Kicillof intentará arrancar el año nuevo con pasos concretos para coronar el ajuste de impuestos que trató de imponer sin éxito la semana pasada. Esa frustración, y su expresión como enojo en largas declaraciones, podría mostrar un cambio en su esquema de relación con la política, interna y con la oposición. En esta primera pulseada, el gobernador asoma como víctima de sí mismo y también de un sistema en crisis que lo supera: la degradación de los partidos y el peso de los caciques territoriales.

Dicho de otra forma: Kicillof desatendió y más aún, desconsideró a los intendentes del PJ. Antes y después del triunfo electoral, se cerró en su relación con Cristina Fernández de Kirchner. Un estilo –una concepción, con ciertas raíces ideológicas- que se expresó en un círculo restringido de decisiones y en el verticalismo de la relación con la líder de su sector. Y también, en la falta de cálculo sobre problemas de conducción que arrastra Juntos por el Cambio ahora como principal fuerza opositora.

La larga crisis de los partidos ha conferido, entre otras expresiones, un desproporcionado lugar de poder a los llamados jefes territoriales, los gobernadores a nivel nacional y los intendentes a escala provincial. Kicillof blindó su equipo en función de esa especie de sobrevaloración territorial en las “grandes ligas” de su propio frente político: alineado y en diálogo exclusivo con CFK, que a su vez expone a Buenos Aires como propia pieza clave en el tablero que comparte con Alberto Fernández.

Los síntomas fueron expresivos en el primer y áspero traspié sufrido como gobernador. No hubo visibles muestras de solidaridad desde la Casa Rosada y sí resultó evidente el malestar de buena parte de los intendentes de la provincia, en especial los del Gran Buenos Aires. Esos jefes locales, a su vez, tienen dificultades para saltear al gobernador y referenciarse únicamente en el Presidente, porque el esquema de poder no puede prescindir de CFK. Saltear a Kicillof para acudir a Alberto Fernández podría ser entonces un gesto de desatención a la ex presidente.

El antecedente de la integración del gabinete provincial certificó cómo era el juego. Kicillof se apoyó naturalmente en su equipo: además del jefe de Gabinete, Carlos Bianco, se reservó las áreas económicas, legales y de funcionamiento. Otros rubros sensibles quedaron para la ex presidente (Seguridad y Justicia) y en el resto hubo articulación con peronismo kirchnerista.

Pero la primera señal de conflicto más o menos abierto –es decir, con malestar que se dejó trascender expresamente- sobrevino con la ley de emergencia. Quedó en claro que Kicillof tenía la intención de centralizar y distribuir los fondos que desde la Nación fueran enviados para los municipios. Dicen que los jefes municipales del PJ conversaron el tema con sus pares de la flamante oposición.

¿Hasta dónde llegaron esas tratativas? No está claro, pero sí lo están tres cuestiones visibles: la primera, que en este punto los intendentes coincidían sin diferencias de origen político; la segunda, que esa centralización no prosperó, y la tercera, que a cambio de apoyo y entre otras modificaciones, Juntos por el Cambio logró un rubro de unos 2.000 millones de pesos para los municipios, a repartir automáticamente según el criterio legal vigente, denominado de Coeficiente Unico de Distribución, y no de manera arbitraria.

Esa modificación junto a otras fueron acordadas con María Eugenia Vidal y los operadores de Juntos por el Cambio, incluidos los jefes legislativos. Pero no resultó un pacto amplio, extensivo a otras necesidades de la nueva gestión, como el Presupuesto –se estableció plazo máximo para gobernar sin presentar los nuevos números en la Legsialtura- y sobre todo, la ley de ajuste fiscal.

El proyecto impositivo fracasó ante la intransigencia del gobernador y la dureza de los negociadores de Juntos por el Cambio, que mostraron entonces mayor peso de sus intendentes. No avanzó en el Senado, dominado por la oposición, y tampoco funcionó la diagonal de un intento de última hora en Diputados, entre otras razones de peso por ausencia o tardanza de un par de legisladores oficialistas vinculados a intendentes.

Kicillof buscó recomponer de entrada en su frente interno. Hubo entonces apoyo expreso, público, de intendentes del PJ, pero que ya le hacían hecho notar que no deberían ser ignorados política y funcionalmente. No era la única señal del estado de cosas en la política: también advirtió las inestabilidades y protagonistas variados en el terreno opositor.

Juntos por el Cambio arrastra, también a nivel provincial, la deuda de establecer un sistema de funcionamiento o, más, la institucionalización de ese frente como coalición orgánica. No se trataría de suprimir internas como expresión de matices o aspiraciones de poder –imposible y hasta negativo en un partido, más aún en una convergencia de fuerzas-, sino de definir un sistema de contención y resolución de proyectos, según quienes lamentan aún no haberlo hecho siendo gobierno.

Junto o después incluso de la intervención inicial de Vidal –que envía así un mensaje a la interna grande, a Mauricio Macri y al resto del PRO, además de la UCR y la CC-, pesaron centralmente los intendentes de la coalición, empezando por Jorge Macri y Néstor Grindetti, con proyectos propios pero más alineados en el sector mayoritario.

El gobernador bonaerense también tendió una línea de diálogo con Gustavo Posse, en convergencia con Emilio Monzó: están buscando afirmar un bloque menor en Diputados, con cinco o seis integrantes, después de que el oficialismo les “pagara” mal si se mide en cargos su constitución como bancada. En esa cámara, el Frente de Todos se maneja como primera fuerza.

Mañana, y luego de sus señales al frente interno, Kicillof tiene previsto reunirse con intendentes opositores. Hasta las vísperas de este año nuevo, había versiones diferentes sobre la amplitud de la asistencia. La convocatoria, aunque dicen que fue previa, giraría en torno de este tema.

Las quejas de Kicillof no tienen que ver con la falta de interlocutores sino con la variedad de la paleta. En la vereda de los jefes comunales –con eco en el propio peronismo- el malestar es con los primeros gestos del gobernador, desconsiderado en términos políticos y con pretensiones dominantes en el manejo de fondos. Se verá en las próximas horas. Si negocian algunos puntos, la semana que viene tendría que haber ley. En cualquier caso, asoma el contorno del nuevo mapa provincial.

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