EFE 162
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Hace 30 años en la antigua Alemania Oriental diferentes grupos de jóvenes y de referentes de la sociedad civil empezaban a movilizarse en muchas ciudades para dar con un objetivo común: derribar el muro de Berlín, terminar con los años de aislamiento soviético y romper de una vez por todas con aquella profunda grieta que había dividido a toda Alemania desde los años 60.

“Ustedes también pueden aprender y tomar nota de todo eso. Terminar de una vez con la grieta. Ese es un proceso largo pero que se puede lograr”, explica a Infobae el embajador alemán en Buenos Aires Jürgen Mertens a 30 años de aquella epopeya alemana y con la mirada puesta en la grieta argentina.

Mertens no quiere hablar estrictamente de una receta alemana para terminar con las grietas. Además, cada experiencia social, política e histórica de un país es particular a ese país y no siempre es trasladable a otros países. “Prefiero hablar de algunos consejos que pueden servir para que se tomen como ejemplos a la hora de terminar con la grieta”, dice este diplomático alemán en tono amable al recordar aquellos días previos al 9 de noviembre de 1989 en que se empezó a caer el muro de Berlín.

“La sociedad civil fue la que tumbó el muro. Ese fue el gran logro de la sociedad civil de los dos lados. La solidaridad de la sociedad civil fue la que logró derribar el muro. Tanto en el este y el oeste”, recuerda el embajador de Alemania desde su residencia en Buenos Aires y a pocos días de unas elecciones presidenciales que marcarán una vez más una profunda grieta en la Argentina.


El embajador Mertens en su residencia de Buenos Aires (Adrián Escandar)
El embajador Mertens en su residencia de Buenos Aires (Adrián Escandar)

Hay una frase en Alemania sintetiza esa idea de romper muros y derribar grietas. “Empieza a unirse lo que debe estar unido”. Esas fueron las palabras que pronunció el ex canciller socialdemócrata Willy Brandt al evaluar los acontecimientos históricos que darían inicio al fin de la guerra fría y a la cortina de hierro.

“Vale la pena recordar estas experiencias en tiempos de grieta entre y dentro de los países”, destaca el embajador Mertens con la mirada puesta en la grieta argentina personificada por un lado por Mauricio Macri y por otro lado por el kirchnerismo de Alberto Fernández que este domingo competirán en las urnas.

Mertens recuerda también, a modo de ejemplo, el lema "El coraje une" de aquella Alemania dividida como una advertencia: no dejarse dividir por nuevos muros, ya sean físicos, virtuales o mentales, recaló el embajador alemán para dar una señal necesaria de dar por superado un proceso de grietas.

Es cierto que aun persisten diferencias en la actual Alemania unificada. Que las desigualdades económicas y sociales siguen vigentes entre ciudadanos del Este y del Oeste. Los empleados de Dresden cobran menos que un trabajador de Colonia o Bonn. Los diferentes gobiernos que se sucedieron desde 1989 hasta hoy han tratado de invertir en presupuesto y capital humano para equiparar las desigualdades que hay entre ciudadanos del Este y los del Oeste.

La sociedad civil fue la que movilizó a Alemania para terminar con el muro de Berlín y la grieta impuesta. Foto: Reuters
La sociedad civil fue la que movilizó a Alemania para terminar con el muro de Berlín y la grieta impuesta. Foto: Reuters

“La grieta no se terminó con la caída del muro y aún esta por superarse porque es un proceso largo de la sociedad civil donde todos pueden contribuir”, señala Mertens.

Sin embargo, en clave de dar con la finalización plena de la grieta el embajador alemán destaca que “el proceso para terminar con la grieta es un proceso donde los políticos, y la dirigencia en general deben contribuir. Este es un proceso que sigue y que puede servir a otras sociedades”.

Hay una idea central en toda esta experiencia alemana: el proceso de unificación promovido funciona por la solidaridad de la sociedad civil pero necesita la contribución de las instituciones, el Estado y la Iglesia, entre otros actores para terminar con la grieta.

“Es muy importante que todos los integrantes de la dirigencia política y de los partidos políticos pongan mucha atención en la sociedad civil. Deben considerar lo que hace la sociedad civil para incentivar aun más el proceso de superación de la grieta”, reflexiona Mertens.

Hace 30 años empezaban en la ciudad oriental de Leipzig las primeras manifestaciones contra el régimen soviético. Esas protestas reprimidas por la policía soviética o las fuerzas de seguridad alemanas empezaron a mostrar un resquebrajamiento de la cortina de hierro impuesta por el Kremlin. Estas expresiones se extenderían también en países como Hungria o la antigua Checoslovaquia o Polonia, manejados hasta ese entonces por el poder soviético de Moscú.

Mijail Gorbachov que en ese entonces manejaba el Kremlin había dejado la puerta entreabierta para la caída del muro y las manifestaciones de malestar con el impulso de la Perestroika y la Glasnot, un proceso de apertura gradual de la economía cerrada comunista. Aunque ninguno de los miembros del Politburó comunista jamás pensaron que el relato de la Perestroika se le iba a ir de las manos.

“Siempre recordaremos el ejemplo de los ciudadanos de Alemania Oriental, que con su coraje lograron la unidad de nuestro país. Toda una revolución pacífica”, sostiene el embajador alemán al rememorar esos días caldeados de 1989 en Berlín.

El 3 de octubre pasado la embajada de Alemania conmemoró la reunificación de Alemania. El embajador Mertens recordó las palabras del Presidente Federal Frank Walter Steinmeier quien había dicho que “lo alcanzado implica para nosotros el compromiso de proteger a la democracia contra hostilidades y de salvaguardarla”, y añadió: “implica por supuesto también la lucha contra el antisemitismo”. En esa fiesta había dirigentes argentinos invitados de todos los colores políticos. Desde Jorge Arguello por el lado del kirchnerismo, hasta la diputada Cornelia Schmidth-Liermann y el secretario de Asuntos Estratégicos Fulvio Pompeo. Es decir, las dos caras de la grieta unidas en una misma fiesta.

Como toda división, la caída del muro dejó herencias pesadas. Pero el embajador Mertens aseguró sin vueltas que “si algo nos enseñan la Caída del Muro y la Unidad Alemana, es que no existe desafío que no se pueda enfrentar, si lo hacemos unidos. También de aquí nace nuestra cultura de consenso y de diálogo. Así como de nuestra historia anterior, de las atrocidades del Holocausto y de la experiencia conmovedora de la reconciliación que le siguió”.