El presidente de Bolivia, Evo Morales, y el candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández
El presidente de Bolivia, Evo Morales, y el candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández

Es poco probable que Alberto Fernández vuelva a cruzar la frontera para emprender una nueva gira internacional, a cinco semanas de los comicios que pueden implicar su designación en la Casa Rosada. Sin embargo, a esta altura de la campaña presidencial, Fernández ya hizo gestos necesarios para explicitar su eventual agenda global: equidistancia con Donald Trump, cercanía con el ala progresista de la región, frío diplomático  con Jair Bolsonaro y Sebastián Piñera.

Washington, DC

Tras su encuentro con Evo Morales en Santa Cruz de la Sierra, el candidato presidencial del Frente de Todos concedió un reportaje exclusivo a Infobae. Y en esa oportunidad, aseguró que "Estados Unidos es la primera potencia del mundo. Ningún país como Argentina puede enemistarse con Estados Unidos. Lo único que espero es que tenga una relación de respeto y madurez con nosotros como nosotros la queremos con Estados Unidos".

Esta declaración dada ayer por Fernández en Bolivia se convirtió en un hit periodístico en Washington. Los asesores vinculados a América Latina que Donald Trump tiene en la Casa Blanca y en el Departamento de Estados, los responsables de los think tanks involucrados con la región  y los lobbistas estadounidenses con intereses en Argentina, comentaron favorablemente las declaraciones del candidato presidencial opositor.

En DC aún no hay certeza sobre las relaciones de poder que establecerá Fernández con Cristina Fernández de Kirchner, si finalmente esta fórmula electoral derrota al tándem oficialista Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto. Pero en el Departamento de Estado todavía recuerdan que Fernández era jefe de Gabinete de Néstor Kirchner cuando George Bush abandonó irritado la Cumbre de las Américas. 

Con todo, Fernández empina la cuesta de las relaciones bilaterales con la Casa Blanca. Ya no aparece agresivo con Trump, elogia a la diplomacia americana en Buenos Aires y un puñado de sus aliados políticos fatigan el lobby republicano. Aunque lo desmienta en esta coyuntura electoral, si vence en las presidenciales, a Fernández lo esperan en Washington antes de que concluya noviembre.

Embajador americano Edward Prado, amigo personal de Donald Trump. (Foto: Nicolás Stulberg)
Embajador americano Edward Prado, amigo personal de Donald Trump. (Foto: Nicolás Stulberg)

El candidato chatea con el embajador Prado, Sergio Massa llega a la Casa Blanca a través de su socio Rudolph Giuliani y la burocracia americana ya tiene la instrucción de abrir las puertas de la administración de los Estados Unidos si se prueba la cercanía con el candidato presidencial opositor.

Juan Manzur, gobernador de Tucumán, es amigo personal de Fernández y su principal operador político entre los gobernadores que apuestan a reducir los márgenes de maniobra de Cristina y de la Cámpora, que lidera Máximo Kirchner.

Manzur viajó hace unos días a Washington DC, y fue recibido con fanfarrias y honores en el Departamento de Estado. No fue un hecho casual: la diplomacia americana sabe cómo juega en la interna de México 331-Fundación Patria. Y no quiere repetir la experiencia de ver en las noticias cómo un canciller argentino violaba la seguridad del FBI con un alicate comprado en Miami.

Lula es Brasil

Fernández entiende el peso de las relaciones bilaterales con Brasil, pero tiene un problema personal con Jair Bolsonaro: su amigo entrañable Lula. El candidato opositor asume que Lula está preso por una operación política y si llega a Balcarce 50 hará lo necesario para lograr que el expresidente del PT recupere su libertad. Fernández es experto en derecho penal y asume que la detención de Lula es un hecho irregular coronado por el Palacio del Planalto.

En este contexto, las relaciones entre Argentina y Brasil entran en un dilema institucional. El Mercosur corre peligro de congelamiento extremo, la cooperación de seguridad puede quedar dañada, la estrategia común en los foros multilaterales será un simple protocolo y los acuerdos comerciales llevarán meses de implementación en ambos países.

Si Fernández derrota a Macri, y la Casa Rosada hace la lista de invitaciones presidenciales, Jair Bolsonaro se trasforma en un problema de Estado. Fernández lo tiene que invitar, y Bolsonaro podría enviar a su vicepresidente Hamilton Mourao, pero en algún momento deberían encontrarse. Y no hay ninguna voluntad de las partes.

Mauricio Macri saluda a Sebastián Piñera durante la sesión inaugural del Prosur en Santiago de Chile
Mauricio Macri saluda a Sebastián Piñera durante la sesión inaugural del Prosur en Santiago de Chile

Fernández también tiene diferencias ideológicas con Sebastián Piñera. El presidente de Chile es amigo personal de Mauricio Macri, ejecuta una agenda diplomática vinculada al libre comercio y alineada con la Casa Blanca, y es un crítico sistemático de Nicolás Maduro y su régimen populista.

El candidato presidencial peronista no hará nada para acercar posiciones con Piñera y mantendrá una relación protocolar obvia con Chile, si derrota a Macri en los comicios de octubre. Fernández no comparte la creación del Prosur -un foro impulsado por Piñera para enterrar al Unasur-, considera que el Grupo Lima debería promover una posición más equidistante en la crisis de Venezuela y critica el actual rol de la Argentina en la Organización de Estados Americanos (OEA).

Macri diseñó una agenda global cercana a Estados Unidos, se apoyó en su relación personal con Ángela Merkel, fue diplomático con Xi Jinping y neutro con Vladimir Putin. Fernández pretende construir una diplomacia nacional que dependa menos de la Casa Blanca, y que favorezca las relaciones regionales al margen de sus diferencias personales e ideológicas con Bolsonaro y Piñera.

Pero el candidato opositor ya asume sus límites políticos. Trump es un jugador clave para resolver la crisis económica y financiera, y Brasil es el socio más importante de la Argentina. China ya no juega al prestamista de última instancia y España y Portugal tienen un peso relativo en las decisiones de la Unión Europea. Variables geopolíticas que van más allá de un discurso de campaña a pocas semanas de los comicios presidenciales.

Seguí leyendo: