Víctor Manzanares y Hugo Macchiavelli en una de las largas entrevistas que mantuvieron en el último año
Víctor Manzanares y Hugo Macchiavelli en una de las largas entrevistas que mantuvieron en el último año

"Fue una satisfacción personal poder desprenderme de todo el pus, de todo lo pecaminoso que había en mi interior. Secretos propios y ajenos que ya no tenía intención de guardar porque era la única manera de renacer en la vida. Lo hecho, hecho está. No sé si se va a compensar el daño, pero a mí me satisface en lo más profundo de mi ser. Después lo que diga el resto es cosa de ellos".

El que habla en primera persona es el contador histórico de los Kirchner, Víctor Manzanares. Con sus revelaciones ante la Justicia, se convirtió en uno de los arrepentidos más importantes de la corrupción K.

Durante un año, el periodista Hugo Macchiavelli logró entrevistarlo varias veces, dentro y fuera de la cárcel. Su libro "La confesión del contador" reconstruye la historia personal de Manzanares y describe el proceso que atravesó hasta arrepentirse. "Me permito usar la palabra conversión. La conversión en términos espirituales y religiosos es como un renacer, una redención, eso es lo que pasó con Manzanares", dice Macchiavelli en una entrevista con Infobae.

En la cárcel de Marcos Paz, el contador compartió pabellón con viejos conocidos como Julio De Vido y su cuñado, el "Mono" Minnicelli. Durante el relato, hay anécdotas imperdibles sobre esos días en prisión. La que sigue ocurrió dos días antes de su primera declaración judicial.

"El Mono me pone un papelito para que lea. Esto no lo voy a decir, te lo comento y se lo conté a Stornelli y no lo quise leer. Como no tenía los lentes, le dije 'Voy a buscarlos. ¿De parte de quién es'. Y no me quiso decir y se enojó. Se arma un despelote por segunda vez, voy y le digo 'Tengo derecho a saber quién me mandó un mensaje para ver si lo leo o no'. 'Nada, sos un pelotudo', me dice el Mono y se exaspera mal. Yo lo analicé con Alejandro y es una especie de impotencia que él tiene de no poder cumplir la misión conmigo. Entonces casi entra a mi celda como para pegarme, pero él se frenaba, porque hay aprecio. Al mensaje, al final, nunca lo quise leer. Entonces viene David García, el cuñado de Medina, y él me dice 'Si llega a pasar algo con vos, yo salto a defenderte. Pero no seas jetón (se refería a mi arrepentimiento) no te vayas de boca para generar quilombo. Si te arrepentiste perfecto, es tu decisión, si pasa algo yo te defiendo, pero no te vas a andar haciendo el piola'".

-Tuviste la oportunidad de hablar con Víctor Manzanares durante un año. ¿Cómo fue el proceso para que se arrepienta ante la Justicia?

-Me permito usar la palabra conversión. La conversión en términos espirituales y religiosos es como un renacer, una redención, eso es lo que pasó con Manzanares. En la Justicia pasó de ser alguien poco creíble, que guardaba sus cartas, a alguien que es capaz de llorar y pedir perdón a los difuntos por haberme mentido. Y hay quienes piensan que ahora aprovecha la circunstancia para obtener un beneficio. No hay un solo Manzanares, hay varios Manzanares. De hecho, se llama Víctor Alejandro "Polo" Manzanares. Es una mezcla de un hombre técnico y espiritual.

-De todos los factores que influyeron en este proceso, ¿cuál incidió más?

-El encuentro conmigo mismo. Verse solo y abandonado en una celda después de haberle servido a los principales hombres del gobierno anterior y a la familia Kirchner. Ahí se encontró consigo mismo y pensó que tenía una última oportunidad.

-¿Hubo alguna conversación o hecho especial que lo hizo hacer un click o fue un proceso?

-Es un largo proceso. Una influencia es la relación con sus hijos y sus amigos. Otro aspecto fundamental es cuando pide ayuda a la ex presidenta Cristina Fernández, a través de un interlocutor. Le pide algo de dinero porque necesitaba pagarle al abogado (Carlos) Beraldi. Y recibe la respuesta: "Soy una jubilada, senadora, y una abuela que no tiene para ayudar, que vaya a pedirle a su familia". Esa impacto lo marcó. Y algunas visitas que recibía como el "Cuervo" Larroque o Wado De Pedro. Dicen que toda cadena es tan fuerte como su eslabón mas débil. Manzanares transformó esa debilidad en una fortaleza. En este tipo de episodios hay una esperanza de Justicia, es necesaria, pero no puede excluir la Justicia a la piedad.

-En el libro lo definís como un personaje enigmático… ¿Cómo es Manzanares?

-Creo conocerlo bastante pero no lo suficiente como para detallarte su intimidad más profunda, todavía hay cosas que guarda. Lo pude ver en su rol de padre, en su rol de contador, y en su rol de hijo. Él creció en una familia muy tradicional de Río Gallegos. El padre era el contador de Néstor, su familia era radical. Tiene una carta que le manda (Ricardo) Balbín en la que lo insta a seguir por los buenos valores… Él arranca en un buen árbol y después el árbol se contamina. Todo ese proceso está contado en el libro.
En el último viaje a Río Gallegos hablé con los que lo conocen desde chico y el enigma tuvo una vuelta de tuerca. Están los que no pueden perdonarlo.
No sé si nuestra sociedad es capaz de juzgar a los que cometen delitos y si es capaz de tener una mirada piadosa. Ahí también me aparece un Manzanares con algún grado de especulación.

-Vos pudiste entrar a su casa de Río Gallegos y compartir la intimidad, ¿qué viste y qué sentiste en ese lugar?

-En su casa guarda uno de los mayores tesoros. Es una casa de colores pasteles, de buen gusto, de rasgos sobrios y con detalles de categoría.
Es una casa con mucho espacio para la familia. Me llamo la atención en la cocina-comedor, vi un cuadro que dice "por fin estamos todos, bienvenido". Ese cuadro me sintetizó cómo es valorado y lo que logró construir a nivel familiar. Ahora está haciendo actividades domésticas como padre de familia, mientras aporta más elementos a la Justicia.

Néstor Kirchner junto a su secretario Daniel Muñoz
Néstor Kirchner junto a su secretario Daniel Muñoz

-¿En qué lugar lo ubicás entre los arrepentidos de la causa de los cuadernos? ¿Tiene más material para aportar?

-Creo que es el más importante porque puede contar detalles que ninguna otro puede contar. El lo escribió, lo firmó, lo documentó. Sus libros de actas atestiguan cada una de las maniobras. Sus datos tienen un valor técnico. El contador es el que más sabe, como en la mafia. Tiene muchos elementos nuevos que están en el libro y todavía no están en la Justicia. Esos elementos tienen que ver con ese lugar de su casa donde guarda la documentación. Tiene rasgos obsesivos. Guarda todo en biblioratos. No es alguien de papeles desordenados. Entra y sale en ese cuarto de los recuerdos, porque tiene un trauma de no querer volver al pasado. Ahora renunció a volver a ser contador, para evitar caer en la tentación… Manzanares dice que el problema no es caer en la tentación sino de persistir. Tampoco el problema es la avaricia, sino la vanidad, la vanidad del poder a través del dinero.

-Hay una frase clave en la vida de Manzanares cuando Muñoz le dijo "el tren pasa una vez". ¿Como influyó en su vida?

-Él la recuerda porque es una marca en su alma. Hasta ese momento, él formaba parte del entramado desde un lado técnico. Muñoz le dice que le guarde esos 30 millones de dólares, en 15 bolsos, porque tenía miedo que lo robaran. No sabemos si es verdad pero inmediatamente le dio el dinero. En ese momento, Muñoz le dijo: "Polo, si querés podés ser parte de eso, el tren pasa una vez". Manzanares le preguntó en ese momento si no era mucho dinero y Muñoz le contesta que "es el honorario que se le cobra a la Patria por ayudarla".

-¿Cómo era la relación personal de Manzanares con Cristina Kirchner?

-Era buena, afectuosa, por momento distante. Depende de la ocasión.Él iba a su casa. Por eso, a la hora de caer preso, pensó que iba a responder a alguna de sus demandas. Pero no le guarda rencor aunque lo hayan arrastrado al delito. Hoy quiere demostrar que puede ser otra persona.
La describe (a Cristina) con un grado muy importante de soberbia, pero con él la relación siempre buena buena. A fin del año pasado, Cristina le mandó un mensaje por medio de uno de sus secretarios, un antiguo amigo de Polo. Quería hacerle saber que no estaba enojada con él. "Doctora, lo único que falta es que usted esté enojada conmigo. En todo caso, si alguien tendría que estar enojado soy yo, y no lo estoy", le devolvió Manzanares. Curiosamente -cuenta el libro- en Río Gallegos piensan que Víctor está protegiendo a Cristina, que solamente habla de muertos y nada más. Pero Polo entiende que eso a lo mejor es una estrategia comunicacional que puede interpretarse de varias maneras, y no lo preocupa.

Juez Norberto Oyarbide (Maximiliano Luna)
Juez Norberto Oyarbide (Maximiliano Luna)

-Manzanares fue clave para que se pueda cerrar la causa de enriquecimiento ilícito contra los Kirchner. ¿Te contó algo más de las charlas con Oyarbide?

-Esa causa fue cerrada a pedido de Néstor Kirchner. El fue un emisario. El problema es cómo la Justicia puede reabrir una causa que ya está cerrada. La nueva jueza, María Eugenia Capuchetti, está analizando si hay elementos para utilizar la figura de la cosa juzgada irrita. Él completó los formularios aunque los Kirchner no podían justificar el dinero. Tuvo una serie de reuniones con Oyarbide, algunas las contó, otras no. En una reunión, mantuvo una charla breve con el ex presidente. El era la persona que tenía que completar los papeles para que la causa no siga adelante. Una reapertura en serio de esa investigación es sana.

-¿Cómo te imaginás la vida de Manzanares en diez años?

-Depende de cómo evolucione la historia y de las próximas elecciones. Río Gallegos es un pueblo chico y un infierno grande. Algunos van a pagar los platos rotos. Si él puede soportar esa presión y se mantiene en el camino de búsqueda de la verdad, puede permanecer ahí, pero también podría volver a la cárcel si es condenado en todas las causas.

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