(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

Alberto Fernández decidió poner el acento inicial de su campaña en el armado con los gobernadores peronistas. Es una apuesta territorial en la que suma apoyos decididos y busca asegurar acompañamientos menos comprometidos. ¿También una construcción de poder a futuro? Todos sus pasos son medibles en los términos que dejó planteada desde el arranque la fórmula de gravitación política inversa con Cristina Fernández de Kirchner. También lo son los movimientos de la ex presidente, que recorre territorios en una dilatada presentación de su libro: la próxima parada será el sábado en el Chaco.

Por supuesto, es un cuadro complejo que, por eso mismo, desaconsejaría las miradas lineales. Pero alguna movidas son bastante evidentes: Alberto Fernández habló con casi todos los jefes provinciales que con mayor o menor entusiasmo adhieren al Frente de Todos. Y fue armando así la agenda central para el arranque de la campaña: San Juan, Tucumán y, en breve, Catamarca, La Rioja y Chubut, además de distritos no estrictamente peronistas, como Misiones. Son hechos a los que agrega palabras.

El ex jefe de Gabinete y candidato no oculta su fastidio frente a estos temas cuando son evaluados como potenciales antecedentes –condicionantes o no- de la historia que escribiría si gana las elecciones. Busca descalificar que La Cámpora y el kirchnerismo duro hayan sido tan determinantes como se vio en el armado de las listas y más aún que eso tenga proyección en la hipótesis de llegar al gobierno. También ha enfatizado que no delegaría ni compartiría el poder, empezando por la eventual integración del gabinete.

Es cierto que por lo general se trata de respuestas a preguntas. Las mismas preguntas y el énfasis en sus respuestas indicarían que no es un tema definitivamente saldado o, dicho de otra manera, expone que la convivencia con la ex presidente alimenta dudas por una razón elemental: el peso de su capital medido en votos, notable aunque se admite que sería insuficiente para asegurar un triunfo. Ese "faltante", precisamente, sería el desafío para Alberto Fernández, que busca el camino para imponer otra imagen al frente electoral construido en torno de la ex presidente.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner, ayer, junto a los pampeanos Carlos Verna y Jorge Ziliotto
Alberto Fernández y Cristina Kirchner, ayer, junto a los pampeanos Carlos Verna y Jorge Ziliotto

El insinuado juego de diferenciaciones tiene por ahora límites evidentes. Y asoma como el más significativo la defensa cerrada de la ex presidente que hace al rechazar y cuestionar las causas por corrupción y al apuntarle a algunos jueces. Resulta difícil una postura muy diferente por el sólo hecho de integrar la misma fórmula. Eso es valorado por el kirchnerismo duro. Resulta llamativo además el corte implícito que hace al no opinar sobre la cadena de ex funcionarios involucrados en diferentes casos.

Los gobernadores se mueven de otro modo, pensando en sus futuras gestiones. Hacen valer su lugar y, según dejan trascender algunos de los que ya revalidaron títulos, consideran especialmente los gestos negociadores del ex jefe de Gabinete: ninguno desconoce, en espejo, los rigores que aplicaba la ex presidente desde el poder central. Habrá que ver cómo evoluciona la campaña para ver cómo terminan de acomodarse, más allá de que los que ya compitieron por sus propias reelecciones están con recursos monetarios agotados.

Alberto Fernández en Tucumán junto a Juan Manzur (@alferdez)
Alberto Fernández en Tucumán junto a Juan Manzur (@alferdez)

Por supuesto, Alberto Fernández cultiva algunos vínculos en las provincias desde bastante antes de ser candidato, lo cual no expresa desarrollo territorial alguno. Sí expone un trato político y negociador útil ahora y tal vez en perspectiva. Se ha dicho: sus interlocutores cuidan todos los frentes y son flexibles en el juego de poder.

Algunos gobernadores saben de qué se trata pagar facturas en código kirchnerista. Lo sufrió el verano pasado el tucumano Juan Manzur, que debió recomponer con esfuerzo la relación con la ex presidente para dar batalla por su reelección. Lo padeció recientemente la fueguina Rosana Bertone, relegada en las listas de legisladores luego de perder la provincia. Y lo vive en estas horas el chaqueño Domingo Peppo, en medio de la batalla que le presenta Jorge Capitanich.

Hubo además otros mensajes con marca CFK. Y la mayor exhibición estuvo en la confección de las listas de legisladores. Fue notorio el peso de Máximo Kirchner y sus segundos en las nóminas de Buenos Aires: se garantizaron la mitad de los diez primeros renglones. Y menos ruidoso pero muy cuidado, en varios casos con focos de tensión, fue el armado en casi todas las provincias.

Máximo Kirchner
Máximo Kirchner

Vale un breve repaso de los ocho distritos que este año renuevan bancas en el Senado. La ex presidente se aseguró el primer renglón de las listas en Capital, Neuquén, Tierra del Fuego y Río Negro. Luego de algunas pulseadas con el gobernador Gustavo Bordet, se garantizó el segundo casillero de la boleta en Entre Ríos. Además, podría sumar un lugar por la minoría en Santiago del Estero. En Salta, el horizonte es más complejo, con PASO en sus propias filas. Y en Chaco, hay pelea abierta y de características sorprendentes entre Peppo y Capitanich, luego de que la ex presidente dinamitara un principio de acuerdo interno que al parecer tenía el visto bueno de Alberto Fernández.

Precisamente el Chaco es el próximo destino de la campaña informal pero expresiva de CFK. El sábado estará en Resistencia con su libro "Sinceramente". ¿Expondrá abiertamente sus preferencias locales? Capitanich es casi una ilustración de kirchnerista vertical. Peppo es un peronista más tradicional. La pelea de fondo es allí por la gobernación, pero el primer round será por la lista de senadores. En estas horas, los peronistas chaqueños aguardan nerviosamente el acto-presentación de la ex presidente: todo, empezando por las invitaciones y las ubicaciones de las sillas, es motivo de análisis. Cosas de la escenografía interna.

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