Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz (NA)
Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz (NA)

En septiembre del año pasado, el Palacio de Tribunales entró en crisis. La decisión de correrlo a Ricardo Lorenzetti de la Presidencia de la Corte Suprema, impulsada por la "mesa judicial" del gobierno de Mauricio Macri, causó una estampida tal que tuvieron que pasar varios meses para que el cuarto piso de ese edificio recuperara su calma tradicional.

"Dimos por superada la crisis", dicen desde el Máximo Tribunal. Eso se ve y se siente. Ya no existen cortocircuitos medulares entre los jueces. Por supuesto que hay posiciones jurídicas diferentes, como existió siempre en cualquier Corte, pero los fallos han vuelto a discutirse durante la semana para generar sentencias con el mayor consenso posible.

Los acuerdos se realizan los días martes y son frecuentes las reuniones previas entre ministros para acordar posiciones. Las mayorías son móviles: depende del caso y de la posición jurídica que sostenga cada ministro. Se estudia mucho, además, la jurisprudencia que generó la propia Corte en la ultima década.

De hecho, en la actualidad, las sentencias muestran todo tipo de mayorías, minorías y hasta posiciones unánimes. No solo en los fallos, sino también en las acordadas, como ocurrió en la reciente decisión sobre la reglamentación del funcionamiento de la oficina de escuchas.

Los ministros adquirieron una dinámica de trabajo que no les molesta. El modelo es más cooperativo: todo requiere tres firmas y es más horizontal. Las áreas comunes funcionan con esta nueva lógica.

Desde diciembre, se requiere de la firma de al menos tres de los cinco jueces para tomar decisiones de administración, personal, superintendencia, gestión, etcétera. Fue a través de la acordada 44/2018, impulsada por los jueces Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y Lorenzetti, que se generó ese nuevo sistema de funcionamiento de la Corte, centrado en una gestión conjunta o por mayorías. En la Corte creen que como respuesta hubo un intento inicial por debilitarlos, atribuyéndole la calificación de "peronista" a una mayoría que conformaban esos tres jueces. Sin embargo, eso se diluyó y la dinámica de trabajó terminó de consolidarse.

Solo la comunicación se maneja dentro de cada vocalía. Es decir, la estrategia comunicacional de cada juez es individual. De hecho, al menos tres ministros tienen sus propios voceros. Mientras que los informes de prensa se publican en el Centro de Información Judicial (CIJ), la página de noticias de la Corte.

Durante sus más de diez años como presidente, Lorenzetti le había dado a la Corte un estilo de conducción personal durante una época en la que hacía falta sostener el Tribunal como un poder de Estado. Principalmente frente a los embates que venían desde el Ejecutivo en los largos años del gobierno kirchnerista, que encontraba en el Poder Judicial (el "partido judicial" como le llamaban) a uno de sus principales enemigos. Los jueces se alinearon y se consolidó una Justicia unida y encolumnada frente a ataques sin precedentes.

Con el Gobierno de Macri, algunas cosas cambiaron. Solo algunas. Muy pocas en realidad. La "mesa judicial" (que integra parte del círculo íntimo del Presidente de la Nación más Elisa Carrió y sus laderos) motorizó el desplazamiento de Lorenzetti. Pusieron la firma Carlos Rosenkrantz, Elena Higthon de Nolasco y Rosatti.

Por entonces se hablaba de golpe de Estado, de intromisión indebida de un poder sobre otro, etcétera, etcétera. El desenlace no podía ser otro que una crisis interna. Tras nueve meses convulsionados, la calma ha vuelto. Los corredores del cuarto piso han vuelto a parecerse a claustros monacales.

En la Corte saben que el país vive momentos difíciles y que se trata de un año electoral por lo que el objetivo será durante esta etapa saltar la "grieta" y aportar calma, seriedad y liderazgo.