Mario Quintana junto a Elisa Carrió, durante la semana que hicieron campaña en Santa Fe (@elisacarrio)
Mario Quintana junto a Elisa Carrió, durante la semana que hicieron campaña en Santa Fe (@elisacarrio)

"Se fue y a las tres horas ya había vuelto", exageran en el primer piso de la Casa Rosada para relativizar su renuncia forzada como vicejefe de Gabinete durante la crisis que terminó con el gabinete amplio y el gradualismo económico. Mario Quintaba se acuerda de esas horas horas traumáticas en la cima del poder, y frente a sus amigos admite que el 2018 fue "el año de la resiliencia".

Desgastado por la crisis político y económica que todavía hace estragos, Mauricio Macri rescindió su contrato y desarmó el tándem administrativo que había organizado en torno a Marcos Peña para suplir sus falencias de gestión. En esa época, Quintana y Gustavo Lopetegui (actual secretario de Energía), monitoreaban todos los ministerios y todas las secretarías de estado. "Eran los ojos" del Presidente.

Quintana se hizo una vida propia. Fue pibe de barrio, millonario y jamás perdió la sonrisa y la sencillez. Sufrió cuando abandonó Balcarce 50, y como muchas cosas en su vida, decidió volver por la puerta grande. Y lo hizo: "Quintana no es parte de la mesa chica, es parte de la mesa ratona de Macri", vuelve a exagerar otro funcionario que habla con él.

Todo terreno

Entonces, nueve meses después de haber sido eyectado del gabinete, el ex funcionario accede sin restricciones a Olivos. Articula entre los principales miembros de Cambiemos, organiza retiros con dirigentes, hace campaña por el interior con Elisa Carrió, junta plata para la campaña presidencial y hasta diseña la próxima gestión de Macri, si finalmente es reelecto.

Quintana volvió ayer de Santa Fe, después de una gira de varios días junto a Carrió para apuntalar la compleja candidatura de José Corral. El ex vicejefe de Gabinete y la líder de la Coalición Cívica aceitaron el vínculo después de que la diputada buscara más nexos con la Casa Rosada, tras haberse aliado con José Torello y Fabián "Pepín" Rodríguez Simón.

Quintana facilitó la relación entre Carrió y Peña, que desde el año pasado se estrechó como nunca antes. E incluso el ex CEO farmacéutico hizo de mediador entre la legisladora y el Ejecutivo en dos proyectos que generaron recelos entre el PRO y la Coalición Cívica: la ley de Financiamiento Político y la ley de Góndolas, hace algunos meses. Quintana acercó posiciones.

El ex funcionario, sin embargo, también ganó enemigos. Rogelio Frigerio, ministro del Interior, es uno de ellos. Carrió, casualmente, detesta a Frigerio. Es recíproco.

Quintana sentado en primera fila, en Casa Rosada, en el 2017, cerca de Marcos Peña (NA)
Quintana sentado en primera fila, en Casa Rosada, en el 2017, cerca de Marcos Peña (NA)

En los últimos meses, Olivos fue el escenario de dos reuniones de mesa chica en las que se discutió la estrategia de la campaña. Peña, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal se sentaron alrededor de esa mesa. También lo hizo Carrió. Y Quintana, que suele aparecer por la quinta presidencial y por Casa Rosada con mucho más frecuencia que algunos funcionarios.

"Soy un amigo del espacio, yo voy donde me llamen", explica Quintana para relativizar su influencia política.

Silencio y reserva

Quintana habla directo con Macri. El Presidente le encomienda encargos puntuales. Junto a Francisco "Pancho" Cabrera, un viejo amigo presidencial con una larga lista de detractores, el ex funcionario diseña el próximo gabinete y asesora a los ministerios en los planes a futuro, que aún se guardan bajo siete llaves.

Con todo, y pese a la reserva y al silencio en sus movimientos políticos, la influencia de Quintana generó roces. En especial en Desarrollo Social, adonde logró colocar un buen número de funcionarios, su ministerio más preciado. A la ministra Carolina Stanley -confirmaron en Balcarce 50– no le gustó que Quintana este diseñando un "nuevo Plan Social", pero el exvicejefe de Gabinete aseguró que se trataba de una versión malintencionada. Stanley, que ama la diplomacia francesa, optó por creerle.

En los últimos tiempos, Quintana lideró al menos dos encuentros espirituales con grupos de jóvenes funcionarios. Ocurrió en La Reserva, Capilla del Señor, una estancia con lagos artificiales alejada de la toxicidad porteña.

Leandro Cuccioli, Pedro Robledo, Juani Maquieyra, Julieta Herrero y Juan Manuel López fueron algunos de los dirigentes que durmieron en ese lugar con sesiones de yoga, charlas vinculadas a la "dignidad humana" y dos conversaciones grupales que protagonizaron Santiago Kovadloff y Graciela Fernández Meijide.

Más allá del sabor agrio de haber sido sacrificado por Macri para salvar el pellejo de Peña, y después de despedirse con un poema budista de sus colaboradores y de viajar durante varias semanas, Quintana logró correrse de la línea de fuego y ayudar detrás de bambalinas.

Ahora articula en la mesa chica de Macri, atravesada por enormes tensiones vinculadas a la estrategia electoral. El vínculo entre Peña y Vidal, más allá de las reuniones de campaña, está quebrado. Y Quintana trabaja para que esa relación política vuelva a fluir.

Hay, además, un nuevo rubro político en el que el ex vicejefe de Gabinete empezó a incursionar: el financiamiento electoral. Quintana da charlas al círculo rojo para llevar calma, reunir voluntades y cosechar adhesiones frente al desencanto generalizado y juntar plata.

Otra de las facultades que concedió Macri al amigo y funcionario que nunca se fue.