El presidente Mauricio Macri junto al gobernador Alfredo Cornejo
El presidente Mauricio Macri junto al gobernador Alfredo Cornejo

Hubo un cambio de planes atribuido a razones de agenda –un gobernador regresando de China- y tal vez haya algunas postales de encuentros previos: esas son las cuestiones prácticas que rodean a la cita que se prometen el macrismo y la UCR para los próximos días. ¿Será sólo un movimiento electoral? La discusión incluye y a la vez trasciende la candidatura a vice porque reaparece en juego el sentido de la coalición Cambiemos. Y resurge como necesidad casi sobre la hora, cuando restan pocos y difíciles meses de gestión hasta los comicios, con escaso margen para el error.

Resulta llamativo, pero en este trance político y económico aparece en discusión no sólo el modo de sostener el frente oficialista -en el plano electoral y en lo que hace a la relación interna de gobierno-, sino además qué tipo alianzas debería tejer Mauricio Macri en caso de ser afirmadas sus chances para un segundo mandato. En oficinas decisivas del Gobierno y entre referentes destacados del radicalismo se evalúa que tendría que darse por superado el esquema con eje legislativo repetido hasta ahora, ley por ley, que –evalúan- resulta costoso y no garantiza un sistema estable de gobernabilidad.

La posibilidad de discutir las características y el nombre del posible vice de Macri estaría lejos de agotar las tratativas de estas horas, más allá de la postergación "por unos días" de la cumbre inicialmente pensada para el lunes. "Ni existe una negativa cerrada del macrismo a conversar el tema ni es un condicionamiento para recomponer Cambiemos", dice a modo de síntesis un dirigente radical partidario de "profundizar" el frente con el PRO y Lilita Carrió. Pero que también admite la necesidad de pensar en un posterior entendimiento, efectivo, con sectores o exponentes peronistas y de fuerzas provinciales.

Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri, Gerardo Morales y Alfredo Cornejo
Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri, Gerardo Morales y Alfredo Cornejo

El primer tema, de todas maneras, sería ver cómo funciona realmente lo que se presenta como una virtual "recreación de la mesa política del oficialismo", según admite una fuente de Gobierno. Allí estarían los que gobiernan: María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta junto a los radicales Alfredo Cornejo, presidente de la conducción partidaria; Gerardo Morales y Gustavo Valdés. También Marcos Peña y Rogelio Frigerio, de mejor sintonía en los últimos meses.

Por supuesto, eso no anula el peso de la opinión de Jaime Durán Barba en la definición de la estrategia electoral. Ni diluye las prevenciones y cuestionamientos del núcleo macrista, y del propio Presidente, respecto de la UCR y los reclamos de espacios y participación en la gestión de Gobierno. Lo que sí resulta significativo -porque se escucha en algunos despachos oficiales, entre legisladores y en oficinas radicales- es que ha crecido al menos como perspectiva la idea de ampliar el tejido y la base de sustento de Cambiemos, de manera efectiva para generar un sistema de entendimiento legislativo y con expresión en el Gobierno. "Acá vamos a tener que hablar de algunas formas de interbloque y de cargos en el gabinete y en secretarías. Leyes y gestión", analiza una fuente, y lo presenta como un dato realista.

Por supuesto, todo eso tiene que ver con una esperanza, que es lograr la reelección de Macri, y con una perspectiva difícil, aún en ese caso: la economía real, la deuda, la posible rediscusión con el FMI, las muy mencionadas reformas pendientes, entre otros temas. Mucho antes, claro, están las elecciones.

Jaime Durán Barba
Jaime Durán Barba

En esa perspectiva inmediata, también circulan argumentos que antes no eran escuchados, salvo como reflexión más teórica que práctica. Para algunos, cada paso exigiría definiciones básicas de consenso: primero, recomponer el frente interno, en materia electoral y práctica. No serviría una simulación –con alguna foto de ocasión en los jardines de Olivos- como se vio el año pasado en medio de los peores momentos de la crisis. Se verá, entonces, si esta suerte de mesa política funciona.

Hay un antecedente. Desde hace rato –también se diría desde aquellos días de escalada brutal del dólar- también en el macrismo se advierte mayor discusión interna, sobre todo con participación de Vidal y Rodríguez Larreta. No son secreto para nadie algunas de las tensiones con Peña y otros funcionarios, que remiten a espacios propios. Pero en cualquier caso, se percibe que las pulseadas internas no se agotan en la linealidad que de un lado colocaría al sector político y del otro al más tecnócrata. O a Durán Barba contra el ala política. Macri mismo, dicen, se mostraría más flexible.

Los gestos, públicos y reservados, no son unilaterales en esta etapa de rediscusión sobre Cambiemos. Resulta evidente que sin esa definición se complicaría aún más el camino hacia las elecciones. Y el resto del análisis interno, en la perspectiva de acrecentar la base de sustento como frente político, se desvanecería rápidamente si no existen chances electorales. En esa misma línea, la propuesta de ampliar efectivamente el tipo de coalición podría enfrentar un desafío práctico entre la primera vuelta y el balotaje, en una competencia que sigue asomando polarizada en las encuestas nacionales.

El presidente Mauricio Macri
El presidente Mauricio Macri

A las señales emitidas desde el Gobierno para distender el frente doméstico se fueron sumando algunos gestos desde la UCR. La discusión en el radicalismo expuso posiciones de crítica abierta, con Ricardo Alfonsín como expresión si se quiere más mediática, pero aún entre los partidarios de sostener Cambiemos era expresa la necesidad de encontrar respuesta en el núcleo macrista.

En ese juego de mensajes, fue registrado el cuestionamiento abierto de buena parte de la mesa de la Convención Nacional de la UCR a su titular, Jorge Sappia, que rechaza seguir en alianza con el PRO y se muestra atraído por Roberto Lavagna. Un pronunciamiento parecido de ratificación de Cambiemos podría producirse en Buenos Aires, donde es vital la tracción de Vidal.

Parece claro entonces que el oficialismo no cuenta con comodidades para manejarse. Tiene poco margen para el error y debería resolver en poco tiempo un tema que arrastra desde la llegada al poder: su propio salto interno como fuerza de gobierno.

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