La impactante muerte del fiscal Alberto Nisman el 18 de enero de 2015, a pocos días de haber denunciado a la entonces presidente Cristina Kirchner y varios otros funcionarios y dirigentes kirchneristas por encubrir el atentado a la AMIA al firmar el Memorándum de Entendimiento con Irán, provocó un sismo político con pocos antecedentes en la historia reciente del país.

La tragedia deparó además varias reacciones entre virulentas y descabelladas –que vinieron de la propia Casa Rosada muchas de ellas– transparentando la estrategia del oficialismo de ensuciar desde el primer día la figura del fiscal y explicar su muerte como un suicidio o hasta un "crimen pasional".

Una de las primeras en hacerlo fue la propia presidente Cristina Kirchner, quien publicó dos contradictorias cartas en Facebook en las 48 horas posteriores a la muerte de Nisman y también realizó una cadena nacional, pasando de la inicial conjetura de que se había tratado de un suicidio hasta sugerir que pudo haberse tratado de un asesinato para perjudicarla, y describiendo de manera nada inocente la relación entre Nisman y el técnico informático Diego Lagomarsino de "íntima".

El entonces jefe de Gabinete Aníbal Fernández tuvo incluso menos pudor y, mientras la madre, la ex mujer y las hijas de Nisman transitaban el duelo y shock por la pérdida, no dudó en calificar por televisión al fiscal como un "sinvergüenza" que dedicaba los fondos de su fiscalía para "salir con minas y pagar ñoquis" y se había "mofado de las 85 víctimas y más de 300 heridos que provocó el atentado de AMIA".

Por su parte, el por entonces radical K y actual diputado por el cristinista Unidad Ciudadana Leopoldo Moreau dijo por esos días en el programa 6-7-8 estar convencido de que Nisman hubiese terminado preso de no haberse muerto y, dándole entidad a la teoría del suicidio, conjeturó que Nisman se dio cuenta de que su "operación" contra Cristina no iba a poder resistir su presentación en el Congreso.

En términos más repudiables se manifestó el ex juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, quien meses más tarde de la muerte del ex titular de la UFI-AMIA y consultado sobre la reapertura de la denuncia del fallecido fiscal contra Cristina Kirchner, dijo que "si Nisman estuviera vivo, creo que yo lo ahorco porque me hizo leer varias veces su denuncia".

Y agregó: "Esa denuncia de Nisman son 300 fojas incomprensibles. Es una catástrofe ese escrito, un corte y pegue hecho con una computadora. Creo que es cualquier cosa".

Pero la reacción más insólita vino de la mano del entonces senador K de Misiones Salvador Cabral, quien aseguró que la muerte de Nisman fue "un crimen pasional entre un amor homosexual" y afirmó que Diego Lagomarsino "lo encontró en situaciones amorosas al muerto y le pegó un tiro en la cabeza".

Pero eso no sería lo último que diría Cabral sobre el tema. Un tiempo después, redoblaría sus opiniones y diría que Nisman murió tras una "fiesta de orgías y alcohol". Y añadió: "Yo no juzgo eso, solo digo que mi teoría no era tan descabellada".