Lilita Carrió no fumó. No pidió un solo cigarrillo en las más de dos horas que estuvo en la redacción de Infobae. Llegó 4o minutos tarde y totalmente vestida de blanco a pesar de la lluvia. El custodio que se le adelantó avisó de la demora y el que la acompañó desde Capilla del Señor le sostuvo la pequeña cartera con canutillos en negro y rojo y lentejuelas y le guardó el esmalte de uñas rojo furioso.

En el auto la diputada nacional habló con sus hijos para organizar la cena y el viaje a Punta del Este de los próximos días. Tiene una razón: en la casa de la chacra que está por dejar no tiene señal de celular. Por eso, insistió, casi no habla con nadie excepto que lo haga personalmente. "Si estoy en la cama y llama el Presidente por ahí no tengo ganas de ir hasta el living", susurró ya en la sala de reuniones mientras le acomodaban el pelo platinado con su propio cepillo y apenas le pasaban polvo por las mejillas para sacarle el brillo.

Cuando a las 20.25 se abrió el ascensor en el piso donde se encuentra el estudio para la transmisión en vivo la voz de Carrió la antecedió.

Con las manos en alto atravesó el pasillo: "Venía pintándome en el ascensor", confesó y se rió de sí misma. Ante el elogio por su decisión de vestirse de blanco a pesar de la torrencial lluvia levantó sus hombros e hizo ese gesto típico de ella con la boca cerrada y la comisura de los labios hacia abajo. "Nunca me visto de blanco", acotó.

Pero Carrió quería usar el chal blanco con dibujos en negro que le regaló su amiga Martita y por eso se puso un vestido estilo túnica blanco. "Mirá, tocá lo que es esta tela", propuso mientras con su mano derecha y sin rozar las uñas recién pintadas estiraba su falda. "Shantung de seda elastizado", respondió esta cronista que de adolescente hizo un curso de corte y confección. Carrió asintió. Diseña su propia ropa y a veces, como en este caso, le acerca telas a una modista de Capilla del Señor ("del pueblo", define) aunque tiene su propia modista, Patricia Pazos, que le da los gustos con vestidos coloridos y vistosos. Un colaborador recordó el día en que al salir del Congreso hizo bajar a todos del auto para comprar telas.

"Tengo cuatro como este de distintos colores", agregó Carrió mientras se levantaba el chal que combinó con zapatos de vestir con puntera en negro y blanco y con moñito negro también.

Al entrar al pasillo de la redacción sobre cuyas paredes están los rostros de grandes personalidades de Argentina y del mundo saludó a Viviana Canosa y, religiosa como es, se detuvo frente a la imagen de Papa Juan Pablo II. "Lo vi cuando asumió", recordó.

Después se sentó y, relajada, tomó un café doble con dos sobres de azúcar y bromeó sobre sí misma riéndose casi permanentemente.

Entusiasmada la diputada y líder de la Coalición Cívica recomendó varias series que vio o que ve en Netflix y también documentales en Youtube. Sobre Hitler, sobre Ruben Darío, y la que más la divierte hoy: La buena esposa (The good wife), la misma frase que usó para hablar de cómo fue ella misma hasta que se divorció. De hecho es el mismo paralelismo que hizo sobre su vida política. Aseguró que se siente liberada desde que anunció que dejará la política pero que ejercerá su poder desde afuera y sin cargos.

¿Por qué se siente aliviada Elisa Carrió? Porque no quiere ir más al Congreso donde aseguró que "nadie" la entiende y donde tiene un enfrentamiento ("no es personal", aclara) con el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó. "Tenemos estrategias diferentes. Él la ejerce abiertamente. Y yo también", explicó y entonces sí se puso seria como cuando habló de monopolios, del precio de los medicamentos y de algunos de sus viejos adversarios.

Carrió confirmó que antes de fin de mes se mudará a su propia casa en la misma chacra (ahora alquila) después del fin de obra que financió con un juicio que ganó al Poder Judicial. También que en estos días terminará un libro con los discursos que pronunció durante los últimos 25 años desde su debut en la Convención Nacional Constituyente de 1994. Y que tras dejar a su hijo y a la novia de su hijo con su ex marido se recluirá en Punta del Este, otra vez, para terminar otro libro, su autobiografía, junto al periodista Ignacio Zuleta.

Invitó, antes de pasar al estudio, a verla en un futuro "como artista" y a un emprendimiento con el que sueña (o bromea): poner en su casa a un maestro pizzero y vender ropa de diseño propio, By Carrió.  Hasta aseguró que podría conducir un programa de televisión de actualidad y de humor.

Carrió casi juró que no tiene ganas de tener señal de celular en su casa. Que quiere seguir en batón y que tiene casas en muchos lugares, todas de amigos que la invitan, y que quiere disfrutar de sus amigas antes de que ya no pueda hacerlo.

Su pronóstico para el fin del 2019 lo dio tranquila. Aunque nuevamente bromeó porque se quedó sin ganas de ir a Olivos ("el único lugar al que iba y ya no") afirmó sin dudar: "El año termina bien. Gana Macri".

Fotos: Nicolás Stulberg