Macri y Trump durante la última visita del presidente argentino a los Estados Unidos (AFP)
Macri y Trump durante la última visita del presidente argentino a los Estados Unidos (AFP)

En la Casa Blanca, los organismos multilaterales de crédito y los centros de estudios más influyentes de Washington apuestan por la reelección presidencial de Mauricio Macri, pese a la grave crisis económica y social que provoca incertidumbre en los mercados financieros y debilita al gobierno de Cambiemos. Donald Trump considera a Macri un aliado regional, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) reivindican el programa de ajuste y los think tanks de DC creen que el líder del PRO el "único antídoto" para evitar que la oposición peronista regrese a la Casa Rosada.

Trump está preocupado por la situación de Venezuela y las oscuras vinculaciones que unen a Nicolás Maduro con Irán, Cuba, China y Rusia. El presidente de los Estados Unidos considera a Macri un aliado regional, que se mueve con reparos adentro de la agenda publica y secreta que diseña la Casa Blanca. Macri quiere una transición pacífica en Venezuela y no avalará una aventura militar promovida por el Pentágono y la CIA.

Trump conoce la posición de Macri y su juego con Caracas ahora tiene dos dimensiones: soportar el impase diplomático frente a la intransigencia política de Maduro y preparar planes para pasar a una etapa de hostigamiento que desemboque en el final del régimen populista. En este escenario, el presidente americano exigirá a su par argentino un apoyo explícito, que Balcarce 50 no está dispuesto a asumir.

Ante la reticencia de Macri, Washington pretende colocar en el centro del escenario regional a Jair Bolsonaro, el futuro presidente de Brasil. Bolsonaro es un militar nacionalista que reivindica los golpes de Estado y que también rechaza la propuesta ideológica de Maduro. Trump se siente muy cómodo con Macri, pero si decide gatillar la escalada militar contra Venezuela buscará respaldo en Bolsonaro y su mirada del sistema internacional.

Frente a este juego de ajedrez global, en Washington ya asumen que Macri se acercará a China para buscar ayuda económica y financiera. El presidente argentino se encontrará con Xi Jinping después de la Cumbre del G20, y esa reunión es observada con cierta irritación en la Casa Blanca. La diplomacia americana hubiera preferido más un simple contacto de cortesía –pull aside—entre Macri y Xi, que una visita oficial con agenda abierta del líder comunista. Trump está obsesionado con el avance de China en América Latina y desconfía de todos los contactos políticos que involucren a la nomenclatura de Beijing.

Los organismos multilaterales de crédito apoyan la receta económica de Macri. El Fondo Monetario y el Banco Mundial sostienen que el plan de ajuste funcionará y que la Argentina llegará a niveles mínimos de inflación anual. Este pronóstico se apoya en una variable contra fáctica: la relección presidencial de Macri, que aún sufre una caída vertical de imagen pública como consecuencia de la crisis económica y financiera.

El FMI y el BM tienen un mandato político de respaldo absoluto a la Casa Rosada. Su burocracia podrá explicitar ciertos desvíos en las metas negociadas o en el cumplimiento de las obras públicas acordadas, pero el Fondo Monetario y el Banco Mundial están alineados con la administración de Cambiemos y no quieren sorpresas en las elecciones presidenciales de 2019.

En Washington fueron muy criticadas las declaraciones de Sergio Massa anunciando que si llegaba a Balcarce 50 revisaría el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Massa aparecía como el candidato peronista más creíble para el establishment académico y la burocracia de los organismos multilaterales, una imagen que fue arrasada por su exposición en el Wilson Center, un think tank muy prestigioso en DC.

Desde la gaffe de Massa, incluida la Casa Blanca, quedaron escasos espacios de poder en Washington que consideren al peronismo como una alternativa racional al proyecto de Macri. Al presidente argentino le cuestionan su capacidad para explicar la proyección de su plan económico y no entienden por qué sus aliados de Cambiemos cuestionen sus decisiones políticas, un acto de traición para la lógica partidaria que impera en DC.

De todas maneras, el círculo de poder de Washington ratifica su apoyo al gobierno y rechaza al justicialismo como variable de reemplazo presidencial. "Is what you get" (es lo que hay), contestan sin eufemismos.

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