Comisión de Acción Politica del PJ.
Comisión de Acción Politica del PJ.

Mauricio Macri sabe que las encuestas le dan pésimo. Tanto, que lo habló con los ministros en la última reunión de Gabinete. Está seguro, sin embargo, que la economía va a rebotar y que a partir de marzo los buenos resultados del ajuste empezarán a ser visibles aún para los que están en las actividades más desfavorecidas del modelo. Pronostica una inflación de 1.8/2% para noviembre, algo similar en diciembre, un primer trimestre calmo. Pero no desconoce el descontento aún en lo que fue su propio electorado, que desde hace varios meses empezó a virar -sin prisa, sin pausa- a Cristina Fernández de Kirchner como la opción más visible para castigar a Cambiemos. Al punto que, si las elecciones fueran hoy, la ex presidenta tiene claras chances de ganar el balotaje, ya que baja mes a mes el porcentaje de electores que "no la votaría jamás".

¿Puede volver el peronismo? La historia reciente en la Argentina fue testigo de dos grandes momentos en que los victoriosos de una elección se convencieron de que el peronismo estaba terminado. El primer caso fue realmente intenso, en 1983. Pero no. Para el segundo los radicales se curaron en salud incorporando a la alianza una vertiente peronista progresista, que lideraba Chacho Alvarez. Pero tampoco.

Hay quienes aseguran que esta tercera es la vencida. Y ofrecen argumentación variada. Que la coalición no está hegemonizada por el radicalismo, sino por el PRO, un partido que desde el poder desarrolló una eficiente maquinaria electoral. Que el PRO incluye a peronistas como parte de su colectivo y hasta utiliza ciertas metodologías (el ultraverticalismo, por ejemplo), aunque no los deja actuar orgánicamente. Que el PRO no hace antiperonismo, ni compite con él, sino con el kirchnerismo, que es una versión reducida y a veces caricaturesca del peronismo. Y para muestra, exhibe el vínculo de tensión-respaldo-tensión que brindó gobernabilidad a la Argentina estos tres años a través del diálogo institucional y parlamentario con los gobernadores.

“¿Volverá el peronismo'” Libro editado por Capital Intelectual. Colección “La media distancia”.
“¿Volverá el peronismo'” Libro editado por Capital Intelectual. Colección “La media distancia”.

Un libro de reciente publicación, ¿Volverá el peronismo?, que publicó la editorial Capital Intelectual dentro de la serie La Media Distancia, que dirige Martín Rodríguez, ahonda con maestría la pregunta que vuelve una y otra vez en las conversaciones políticas, como un mantra que une y desvela a peronistas y anti. Se trata de tres artículos con registros completamente distintos, como Felipe Solá explica en el prólogo. Los de Juan Carlos Torre ("Los huérfanos de la política de partido revisited") y María Esperanza Casullo ("El perpetuo viaje hacia la barbarie") son muy buenos. Pero el tercer artículo, "La interna peronista del siglo XXI. Enseñanzas desde Córdoba, corazón de un drama nacional", de Julieta Quirós, te saca la peluca.

La antropóloga mira al peronismo desde una localidad -que existe- de 3000 habitantes en la sierra cordobesa, a la que le puso de nombre Mollar Viejo. Todos los personajes llevan nombre de ficción (se sabe que pueblo chico, infierno grande) pero son reales, igual que las circunstancias que les tocaron vivir desde 2007, cuando ganó un intendente peronista que "llegó solo" y vivió desde el comienzo las tensiones entre el cordobesismo de José Manuel De la Sota y Juan Schiaretti versus el kirchnerismo de Néstor y Cristina. Claro, hasta que llegó Daniel Scioli y el intendente creyó haber resuelto sus dramas, lástima que inesperadamente a Córdoba la ganó Cambiemos en el 2015 con una diferencia de 18% y en el 2017 con una diferencia de 16%.

El peronismo tiene que superar tres grietas que se auto generaron durante los años K
El peronismo tiene que superar tres grietas que se auto generaron durante los años K

Observando al peronismo desde Mollar Viejo (no desde Buenos Aires y su conurbano) y desde el siglo XXI, lo primero que salta a la vista es que la primer grieta es la que se cavó entre Kirchner y Córdoba, entre un peronismo desplazado a la izquierda y otro desplazado a la derecha, un peronismo porteño y populista y otro peronismo tradicional y republicano. Eso quedó muy claro desde que llegaron los Kirchner en el 2003.

Pero a esa grieta le siguió una segunda, todavía más profunda, en el 2008. En el kirchnerismo quisieron instalar que era el pueblo versus oligarquía, pero en Mollar Viejo y en toda Córdoba eran los porteños contra el interior, la ciudad contra el campo, la Nación contra las Provincias. En las elecciones de 2009, 2011, 2013, el intendente de Mollar Viejo quiso jugar para el kirchnerismo, pero no le resultaba fácil. Los candidatos que mandaba no hablaban cordobés, porque venían de La Cámpora, Kolina, Nuevo Encuentro.

Cuando llegaron las elecciones de 2015, el intendente de Mollar Viejo ("un malabarista en la grieta") estaba feliz. Daniel Scioli era un kirchnerista que no despreciaba al peronismo tradicional, que decía respetar "el cordobesismo", esa manera mediterránea de hacer política desde Unión por Córdoba. Tenía tan claro que había que darle otro rol a Córdoba, que fue allí -justamente- donde lanzó su campaña presidencial. Pero no tuvo el respaldo del resto del peronismo cordobés. Fue la tercera grieta.

Macri fue el presidente que más veces viajó a Córdoba.
Macri fue el presidente que más veces viajó a Córdoba.

Como sabemos, Macri cerró allí su campaña, donde se apropió de una consigna que se cantaba en esas tribunas que exaltaban el nuevo tiempo por venir para Córdoba, el "¡Sí, se puede!".

Dice Quirós que "...matar a tu alter-ego es necesariamente matar algo de vos: esa cabeza gemela que odias es también la que necesitas para seguir andando". Quiere los peronistas cosan sus piezas sueltas y les augura que las cosas van a andar bien.

¿Pero alcanzarán los menos de 8 meses que faltan para presentar candidaturas para superar las grietas que el peronismo cavó dentro de sí mismo en el siglo XXI? ¿Sirve sentar a la mesa a Daniel Scioli, la imagen de la impotencia? ¿Hugo Moyano "suma" en una foto o es una mochila que será imposible de levantar? ¿Es posible conciliar los intereses de los gobernadores que fueron castigados durante el kirchnerismo y están viviendo tiempos inéditos de superávit fiscal con los de La Cámpora, que se sienten perseguidos por la Justicia? ¿Podrán ponerse de acuerdo en una estrategia común los que tienen que pagar sueldos todos los meses y los que necesitan desestabilizar a Cambiemos? ¿Lograrán que Cristina de un paso al costado a pesar de que su candidatura -por muy lejos- es la más mide? ¿Quién o quiénes tejerán esa trama que hoy parece imposible?

Las preguntas no solo interpelan al peronismo, sino también al oficialismo. El Gobierno no habría llegado hasta aquí sin el peronismo que fue vapuleado por los K. Hay gobernadores, senadores y diputados que garantizaron la gobernabilidad a cambio de participar de un diseño de políticas que los beneficia, en una gestión híbrida y coparticipada, impensable años atrás.

Lo que saldrá de este experimento aún no lo sabemos. Podrá ser pato o gallareta. Sólo está claro que en el 2019 nadie estará para tirar manteca al techo. Las campañas no podrán ser costosas porque las empresas no estarán dispuestas a hacer aportes en negro y tampoco parece que haya acuerdo para tratar a tiempo una ley que habilite a las personas jurídicas, lo que terminará beneficiando al Gobierno. El único que parece tenerlo claro es Miguel Angel Pichetto, que se apuró en acordar con Rogelio Frigerio un texto que difícilmente pase el filtro de la Coalición Cívica en Diputados. Es que no solo el peronismo está atado con alambres.