El presidente Mauricio Macri junto a la gobernadora María Eugenia Vidal (Foto: Gustavo Gavotti)
El presidente Mauricio Macri junto a la gobernadora María Eugenia Vidal (Foto: Gustavo Gavotti)

"Fue un fin de semana revelador".

La frase le pertenece a un funcionario que trabaja en Casa Rosada, que suele reunirse con Mauricio Macri y que participó de las increíbles negociaciones en Olivos el primer fin de semana del mes, horas antes del ajuste del gabinete. Las 48 horas en las que la alianza de gobierno crujió casi tanto como el programa económico.

Desde hace quince días, Cambiemos navega al borde del naufragio en un mar embravecido en el que, para colmo, los principales dirigentes de la coalición se miran con recelo. Algunos también con desprecio. Jorge Grecco, secretario de Comunicación Pública del Gobierno nacional, utilizó la semana pasada en un encuentro de relaciones públicas la metáfora de la bravura del mar para dar cuenta de los más de dos años y medio de Macri en la Casa Rosada. Pero bien podría haber apelado a ella para referirse a estas últimas semanas del Gobierno: "Todos los días viene una ola, te revuelca, te deja respirar y enseguida viene la otra ola".

María Eugenia Vidal, una de las integrantes más prominentes del ecléctico mundo de Cambiemos, ya no oculta su fastidio. Los testigos privilegiados de sus confesiones de estas semanas de crisis dan cuenta de ello. Dicen que, incluso, cuida mucho menos sus modales. Y que la corrida del dólar que zamarreó al Gobierno la encontraron más furiosa que nunca con el rol de Marcos Peña.

Vidal no es solo Vidal. En la mesa chica, se mueve en tándem con Horacio Rodríguez Larreta, el dirigente con menos prejuicios del PRO, una cualidad que exaspera al jefe de Gabinete.

La relación entre la gobernadora bonaerense y Peña se resintió en estas últimas semanas pero ya había mostrado signos de flaqueza ante el estallido de la causa de los aportes truchos en la campaña provincial de Cambiemos del año pasado. Para Vidal, la defensa del jefe de Gabinete ante la denuncia que más la hirió a ella y a su entorno fue tibia y tardía.

El jefe de Gabinete Marcos Peña en una reunión de Gabinete ampliado
El jefe de Gabinete Marcos Peña en una reunión de Gabinete ampliado

Hasta fines del año pasado, en las mesas de discusiones del círculo rojo y en los entornos de Peña, Vidal y Rodríguez Larreta habían empezado las apuestas por la sucesión presidencial. Impulsadas por el triunfo de Cambiemos en las elecciones de medio término. Azuzadas por la derrota de Cristina Kirchner, que parecía sacarla definitivamente de la cancha electoral. Otro país. Ahora se discute acerca de la supervivencia de Cambiemos.

El sábado 1º de septiembre, Macri reunió a sus principales dirigentes y consejeros -entre ellos, Jaime Durán Barba y su socio Santiago Nieto, que dejaron el país por estas horas hasta mediados del mes próximo, y el histórico Carlos Grosso- y les pidió ajustar el gabinete para sostener a Peña, el funcionario que más influye en sus pensamientos.

El Presidente se fue a Los Abrojos, la quinta familiar. Y volvió entrada la tarde del domingo. Después del partido de Boca, y de crudas negociaciones que algunos de los que participaron de esas reuniones calificaron incluso como "vergonzosas", Macri mantuvo un duro encuentro con sus principales funcionarios y la cúpula de la UCR.

El jefe de Estado se dirigió a Ernesto Sanz, que durante unas horas estuvo a punto de desembarcar en el Ministerio del Interior. Rogelio Frigerio le llegó a decir a su mujer que estaba afuera del Gobierno. El canciller Jorge Faurie tuvo que volar de urgencia desde Portugal por los trascendidos que también lo daban afuera del gabinete.

El jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta junto a la diputada Elisa Carrió (Foto: Prensa Cambiemos)
El jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta junto a la diputada Elisa Carrió (Foto: Prensa Cambiemos)

Para Macri, el radicalismo lo sometió a una "extorsión". Y se los hizo saber. Fue casi lo último que hablaron antes de invitarlos a retirarse de Olivos.

"¡En este gobierno no renuncia nadie, es increíble!", se quejó Frigerio en los días posteriores frente a sus colaboradores, según supo este medio. Mario Quintana, el único renunciado, se despidió de su equipo el jueves con un agasajo en la casa de uno de sus ex colaboradores hasta entrada la noche.

El flamante ex vicejefe de Gabinete le avisó aquel domingo a Elisa Carrió que dejaba el Gobierno mientras se iba de Olivos. Carrió entró en un ataque de ira. Lo hizo saber a través de las redes sociales. Y se encargó de expresar su malestar en privado a todos los actores de la alianza. En especial a la UCR. Pero también a Rodríguez Larreta, uno de sus principales aliados internos.

Desde ese fin de semana, Peña, hasta esos días el habitual vocero del Gobierno, no volvió a hablar ante los medios. Su última aparición había sido para negar el fracaso del programa económico.

En buena medida, el jefe de Gabinete está abocado al reordenamiento del nuevo gabinete y a contener a la tropa. A ex ministros como Luis Miguel Etchevehere o Adolfo Rubinstein. O Javier Iguacel, tal vez al que más le costo sacarse el traje de ministro, que usó solo por poco más de dos meses. Ingratitudes de la política.

Antes de los días aciagos de Olivos, las versiones en torno a supuestos reacomodamientos en las piezas del poder, furor entre el círculo rojo, se dispararon a la par del dólar.

El radical Ernesto Sanz, uno de los fundadores de Cambiemos
El radical Ernesto Sanz, uno de los fundadores de Cambiemos

Entre esos trascendidos, la salida de Peña nunca fue una alternativa para Macri. Sí hubo conversaciones privadas entre algunos integrantes relevantes acerca de la posibilidad de incorporar a Rodríguez Larreta al gabinete nacional, un ofrecimiento que, según su entorno, el jefe de Gobierno porteño hubiera declinado en caso de concretarse. Prefiere construir su eventual carrera presidencial desde la ciudad de Buenos Aires.

Los cortocircuitos internos son propios de una coalición de gobierno en el que influyen y opinan dirigentes de los más variados que chocan entre sí. Desde Carrió y Fabián Rodríguez Simón, uno de los más osados asesores jurídicos del Presidente, a Daniel Angelici. Peña y Nicolás Caputo, el más íntimo de los amigos de Macri. Durán Barba y Emilio Monzó. Y así.

Idas y vueltas propios de un gobierno con un estilo de conducción singular que busca barrer con el sistema de poder en el que Macri se movió plácidamente hasta hace poco más de dos años y medio. El sistema que colaboró con más de $1.500 millones para solventar su campaña presidencial del 2015.

El 8 de octubre de ese año, en vísperas de las elecciones, Macri inauguró el primer monumento a Juan Domingo Perón en la ciudad de Buenos Aires en un acto junto a Eduardo Duhalde y Hugo Moyano. "Cómo dice la marcha, todos unidos triunfaremos", se jactó el entonces candidato presidencial. El sindicalista fue un socio privilegiado de Macri durante su gestión porteño, en especial en los contratos por los servicios de recolección de residuos. Los vaivenes del PRO.

Mauricio Macri junto a Paolo Rocca (izquierda) en una recorrida por Vaca Muerta
Mauricio Macri junto a Paolo Rocca (izquierda) en una recorrida por Vaca Muerta

Hace dos semanas, horas después del recorte del gabinete, Carrió dio un discurso estrambótico en el auditorio de la CAME en el que anunció el final de "la alianza económica que rigió el corporativismo por decisión del presidente Macri". "Teníamos dueños y no se tocaban. Todos tenían la vaca atada. Paolo con el acero", dijo y citó como un ejemplo a Paolo Rocca, el CEO de Techint, una de las empresas salpicada por la causa denominada "los cuadernos de las coimas K".

La semana anterior, Macri había recorrido junto a Rocca un yacimiento de Vaca Muerta.