Pocas horas después de que estuvo a un paso de dejar su cargo por decisión de Mauricio Macri en función de un acuerdo de gobernabilidad que no se resolvió aun entre radicales y el PRO, el canciller Jorge Faurie se sinceró ante sus pares al admitir que "por ahora" seguirá en su puesto pero que su figura "no aporta capital político" al Gobierno.

Así, la imagen de Faurie dejó traslucir así una dura verdad a voces que hay en todo el Palacio San Martín y en la diplomacia extranjera: que la Argentina carece de un canciller y que la política exterior hoy está manejada casi por completo por las manos del Presidente.

El domingo, en la residencia de Olivos se gestó un acuerdo amplio entre radicales y el Gobierno para que, entre otras cosas, Alfonso Prat Gay asumiera como canciller. Faurie quedó golpeado, con un poder licuado y casi como una figura decorativa de la política exterior. Finalmente el ex ministro de Finanzas no asumirá en la Cancillería pero el daño a Faurie ya está hecho y cristalizó la imagen de un ministro que ya tenía escaso poder y que en adelante carecerá de peso hacia adentro y hacia afuera del Palacio San Martín.

Según revelaron a Infobae al menos cuatro fuentes calificadas del Ministerio de Relaciones Exteriores, anteayer al mediodía Faurie convocó a directores y secretarios de la Cancillería a su despacho del piso 13 para trasladarles una impresión personal de las movidas que hubo el fin de semana en el Gobierno para desplazarlo por un acuerdo de cúpulas.

Durante un breve pero contundente mensaje el canciller admitió que "por ahora" seguirá en su cargo, pidió a sus pares sus pares diplomáticos "no bajar los brazos incluso ante un clima de posibles cambios" y en un acto de sinceridad extrema admitió que su inestabilidad en las circunstancias actuales reporta a una explicación concreta: "Que él no le aporta al Gobierno capital político alguno".

Se sabe que Faurie proviene del campo diplomático puro. Tuvo alguna incursión o cercanía en algún momento con el Frente Renovador. Pero la movida política para dejarlo afuera del cargo lo debilitó sustancialmente en su lugar hacia adelante.

Según pudo recoger Infobae de funcionarios del Palacio San Martín y de embajadas extranjeras, el mensaje de Faurie dejó a traslucir dos señales preocupantes: que la Argentina tiene un canciller de transición y que no maneja decisiones de peso.

En rigor, siempre se planteó que Faurie dependía en gran medida de las decisiones del secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Fulvio Pompeo. En tal caso, esta idea se profundizará en adelante con un canciller que tiene un pie afuera del Palacio San Martín y que en cualquier momento recibirá el llamado de la Casa Rosada para dejar su puesto a otro hombre.

"La imagen de un país sin canciller es preocupante porque no tenemos idea de cuál es el interlocutor válido para llevar propuestas al Gobierno", dijo a Infobae un embajador europeo. La misma señal abonó un diplomático asiático: que Faurie ya no aparece hacia el exterior como un funcionario que pueda tomar decisiones de peso.

Toda esta imagen de un canciller debilitado se potencia especialmente de cara a los desafíos prioritarios que tendrá la Argentina en materia de política exterior: la cumbre de presidentes del G20, el acuerdo Mercosur-UE, el acuerdo con el FMI y la necesidad de que el país genere inversiones extranjeras en lo inmediato.

La relación de la Argentina con Estados Unidos esta limitada estrictamente al vínculo personal de Macri con Donald Trump. Ayer se reiteró esa realidad con los tuits y el mensaje que dio la Casa Blanca de apoyo a la Argentina tras el llamado telefónico de 15 minutos que ambos jefes de Estado protagonizaron antes del encuentro de Nicolás Dujovne en Washington con el FMI. Así, esta relación bilateral está coptada por una relación personal en la que el canciller sólo será un ejecutor de mensajes y tendrá escaso margen de intervención diplomática.

En el caso de la Unión Europea o China también está ajena la figura del canciller. El acuerdo por el libre comercio del Mercosur y la UE es un tema que está mas cerca de las decisiones del ala económica del Gobierno que de las intervenciones de Faurie. La relación con China está atada a lo que define en Beijing el embajador Diego Guelar y acuerda directamente con Macri.

En la región, el eje de mayor preocupación que es la crisis de Venezuela tampoco deja espacio al canciller. De hecho, la decisión del Gobierno de avanzar con los países del denominado Grupo Lima contra el régimen de Maduro en la Corte Penal Internacional de La Haya se acordó tras un encuentro de Pompeo con el secretario de derechos Humanos bonaerense Santiago Cantón. Este funcionario fue uno de los que elaboró el informe lapidario de la OEA contra Venezuela y que convenció a Macri de llevar esa denuncia al plano de la Corte Penal Internacional. Cantón no fue a ver a Faurie. Se dirigió al despacho de Pompeo. No hay mucho que explicar.

La agenda del canciller para los próximos días refleja de alguna manera su situación personal. Según informaron a Infobae en el Palacio San Martín, Faurie tiene esta semana una reunión con la delegada de la UNESCO, Audrey Azoulay. Después, tendrá un desayuno con el consejo judío latinoamericano, con diputados nacionales y mañana participará de la ceremonia de presentación de la Emisión Postal "Límite exterior de la plataforma continental argentina" y de la Base de Datos del margen continental argentino, en el Salón Libertador del Palacio San Martín.

Tanto en el ámbito de la diplomacia local como en las embajadas extranjeras apostadas en Buenos Aires coinciden en un punto: el problema actualmente ya no es Faurie para la Cancillería sino la decisión del Presidente de sustentar su política exterior con una figura debilitada para un país que necesita mantener su "inserción inteligente" en el mundo como nunca antes.