Carlos Moreno y Daniel Marx se saludan en el reencuentro a un mes del asalto
Carlos Moreno y Daniel Marx se saludan en el reencuentro a un mes del asalto

Durante los 15 o 20 minutos que se sucedieron desde el momento en que Carlos Moreno bajó de su auto en Figueroa Alcorta y La Pampa hasta que dejó a Daniel Marx en su casa en Martínez no se dijeron sus nombres.

"Pegale en los ojos, pegale en los ojos", gritaba el primero de los asaltantes. El segundo siguió sus indicaciones y le pegó en los ojos derrumbando al economista que iba de regreso a su casa. Eran las 20:30 del jueves 19 de julio y llovía.

Carlos acababa de dejar a sus hijas mayores en Palermo, conducía por Figueroa Alcorta hacia el puente de La Pampa cuando vio cómo un hombre con campera que le pareció verde flúo se caía justo donde la bicisenda dibuja una curva. "Amarilla", corregirá más tarde el economista sobre su vestimenta. Entonces Carlos vio a otra persona que pensó auxiliaba al ciclista cuando en realidad lo estaba atacando. Rápidamente se sumó un segundo sujeto a la golpiza.

"Hice señas de luces porque lo quería ayudar. No pude acercarme, había mucho tránsito así que tuve que seguir y dí la vuelta, pensé en buscar un policía pero no había nadie", recuerda con impotencia.

Mientras él giraba con su Partner, los dos atacantes siguieron golpeando a Marx que ya estaba tirado en el piso. Huyeron con la bici pero no pudieron quitarle la mochila. Dolorido y lleno de barro Marx se puso de pie, buscaba sus anteojos y empezaba a caminar en busca de un taxi.

La charla en las oficinas de la consultora de Marx
La charla en las oficinas de la consultora de Marx

"Le conté a varias personas que alguien me ayudó porque decían que volví en taxi y no fue así. Yo quería destacar el lado positivo, quería destacar lo que hizo él, no lo que hicieron los ladrones", sonríe y se emociona el economista mientras mira en su oficina al hombre que lo ayudó y que lo visita con su mujer y su hijo de un año y medio.

Por segunda vez le pregunta sorprendido a esta cronista: "¿Cómo fue? ¿cómo lo encontraron?".

El 20 de julio Infobae dio la lamentable primicia sobre el asalto a Marx y su internación producto de un puntazo que en ese momento, producto de la forma, el shock, la adrenalina, no advirtió. Un mes después, el lunes feriado, se publicó una nota en la que el economista revelaba que un desconocido lo había auxiliado y que deseaba encontrarlo para agradecerle.

Carlos leyó Infobae y se rió: el artículo mencionaba a un hombre "misterioso".

"Justo le dicen hombre misterioso a él que es fanático de El Zorro", agrega Geraldine, su mujer. Fueron ella y un sobrino quienes a través de las redes contactaron a esta periodista. Ya era tarde cuando Carlos les pidió que no lo hicieran, que preservaran su anonimato.

"Yo sabía que cuando él contara la historia iba a decir que alguien lo ayudó, me parecía que el relato de su vuelta en taxi no lo había contado él", admite Carlos absolutamente confiado en la calidez que percibió durante los 15 minutos en que charlaron arriba del auto.

Esa tarde noche Carlos Moreno iba a Aeroparque a buscar a un amigo cuando fue testigo del ataque a Marx. Ofreció llevarlo pero el economista le dijo que no, que buscaba un taxi. Carlos insistió. Y volvió a insistir cuando en Martínez el economista propuso bajarse en avenida del Libertador.

"Tengo tiempo, usted está golpeado, si vinimos hasta acá hago unas cuadras más y lo dejo en la puerta de su casa". Mientras manejaba le contó anécdotas de su trabajo para que olvidara un poco el mal momento. Antes de bajarse Marx le agradeció: "Con la charla me sacaste el tema de la cabeza", subrayó e insistió en darle una propina que como Carlos rechazó, dejó medio escondida en el auto.

Recién el sábado el amigo al que Carlos buscó en Aeroparque, le avisó: "¿Sabés a quién ayudaste? Fijate en las noticias". Descubrió que se trataba de Daniel Marx. Marx en cambio no sabía aún quién lo había ayudado.

Por teléfono los dos se confiesan emocionados. "Yo hasta le dije 'quedate tranquilo, la bici algún día la recuperás, lo principal es que no te pasó nada, mirá si te daban un puntazo y en lugar de llevarte a tu casa te tenía que llevar a un hospital'", lo calmó sin saber que tenía un corte profundo, que le llegaba hasta el hígado y que empezaba a desangrarlo peligrosamente por dentro.

Marx siempre entra a su casa por el garage donde deja la bici. Ese jueves tocó timbre. Su hija notó que tenía una mancha de sangre y recién ahí advirtió el corte en su lado derecho. Se bañó, fue a la clínica, lo internaron. "Me duele la espalda", se quejó.

Al día siguiente  descubrieron la hemorragia interna y tuvieron que operarlo. Tardó varios días en drenar todo el líquido que tenía por dentro. Los médicos le hablaron del peligro que corrió y quedó internado durante una semana. Sin embargo los dolores que atribuyeron a los golpes siguieron. Con una tomografía descubrieron una fractura en la segunda vértebra lumbar y volvieron a operarlo el martes 14.

Marx señala el lugar donde lo hirieron en el ataque en los bosques de Palermo
Marx señala el lugar donde lo hirieron en el ataque en los bosques de Palermo

A una semana de la segunda operación Marx camina despacio y se sienta en una silla porque el sillón le produce más dolor. Está tranquilo.

"Hoy por primera vez me siento mejor", revela después de abrazarse con Carlos Moreno, el hombre que lo auxilió.  Los dos se miran con calidez, sonríen. Moreno ahora lo trata de usted. Marx  pide que lo tutee. Moreno pregunta cómo se siente y recuerda que estuvo preocupado por saber sobre su estado de salud. Marx señala dónde fue la herida y revela que recibió mensajes de otras personas asaltadas en el mismo lugar y más o menos a la misma hora. Uno incluso recibió un corte con un cuchillo en el cuello.

Carlos Moreno tiene 47 años, tres hijos y hace trabajos de miniflete y mensajería. Daniel Marx tiene 65 años, fue director del Banco Central y secretario de Finanzas, es padre de cinco hijos y abuelo de un solo nieto. Los dos son hinchas de River. Ambos admiten, con risas, que los reprendieron sus esposas. A Marx por andar de noche en bici y, como un chico al que descubren en una travesura, señala que esta no fue la primera sino la tercera vez que le robaron de manera parecida. A Carlos lo retó la suya por correr riesgos y pelear por causas justas. Los dos están vestidos de pantalón formal pero en zapatillas.

Carlos Moreno visitó a Marx con su mujer Geraldine y su hijo menor Renzo (Fotos Manuel Cortina)
Carlos Moreno visitó a Marx con su mujer Geraldine y su hijo menor Renzo (Fotos Manuel Cortina)

Carlos agradece a Infobae el llamado y el reencuentro. "Se me pone la piel de gallina", expresa cuando se entera de que Marx sentía la necesidad de hacer público su gesto. Su esposa lo mira con cariño. Admite que lo retó porque si hubiera podido habría bajado del auto en el momento en que atacaban a Marx. Su hijo Renzo saluda con la manito al economista mientras el papá muestra una foto de Geraldine, de profesión narradora. Son distintas imágenes de ella contando cuentos. En una se la ve debajo de un paraguas transparente con cortinas de tules, ese "dispositivo" que los narradores llaman PUP, pequeño universo privado. Ese es un universo distinto, íntimo, donde casi nunca ganan los malos.

Antes de despedirse Marx rodea su escritorio. Vuelve con una caja envuelta en papel madera. Es un regalo para el hombre que lo ayudó. Los acompaña hasta el ascensor. Ya se abrazaron varias veces pero se abrazan una vez más.

Cuando Carlos llega a su departamento abre el regalo. Adentro hay una cafetera. Justo la suya se rompió. "Parece que me conociera", mensajea.  Ahora es él el agradecido con el hombre al que salvó.

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