No es fácil dar con Ginés González García. O está dando cursos o está arengando en algún set de televisión en defensa del aborto legal, seguro y gratuito. Es una bandera que levantó incluso siendo ministro de Salud de Néstor Kirchner, hace quince años, y que le valió, tanto entonces como ahora, duras críticas de la Iglesia. Pero se mantiene firme, combativo, y sobre todo optimista. "Aunque esta semana se impuso el oscurantismo, más temprano que tarde va a salir la ley de interrupción voluntaria del embarazo", aseguró a Infobae del otro lado del teléfono, con esa voz cascada que lo caracteriza.

—¿Por qué cree que el Senado no la aprobó?

—Porque ignoró todo. A pesar de la expectativa, las movilizaciones, las opiniones y el compromiso de la gente, seguimos igual que antes. A pesar de la realidad, seguimos igual que antes. O sea, para los senadores es como si nada hubiera pasado.

—¿Como si no existieran los abortos clandestinos?

—¡Claro! Los senadores escucharon al ministro de Salud, a sus antecesores en el cargo, fueron provistos de la evidencia mundial y también de lo que hacen los países del primer mundo. Pero ninguna de esas cosas superó a su sistema de creencias, a sus compromisos locales y religiosos. Legislaron en función de sus creencias y no de las evidencias, lo cual, obviamente, tiene un sesgo que perjudica a la gente.

(Gustavo Gavotti)
(Gustavo Gavotti)

—¿El aborto sigue siendo un tema tabú?

—Esa gente se opuso, y se opone, a leyes como las de salud sexual y procreación responsable del 2002 ¿Usted sabe lo que me costó a mí esa ley? ¿Usted sabe lo que cuesta aún hoy que se haga la difusión? Hay varias provincias que todavía se niegan a hacer un aborto por causal, que tiene casi 100 años en la Argentina, con una ampliación y aclaración por parte del famoso fallo F.A.L. de la Corte.

—¿Estamos varios pasos más atrás de lo que imaginamos?

—Hay provincias y municipios que dijeron que, aunque se aprobase, no iban a cumplir con la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Y tampoco las anteriores, que son de prevención del embarazo no deseado, son de prevención del origen del aborto inseguro, involuntario. ¡Es una cosa de locos, es una cosa espantosa!

—El senador Pino Solanas dijo que, a pesar del revés legislativo, se ganó la batalla cultural. No lo escucho en esa línea. Lo escucho pesimista.

—Nooooooo. Soy optimista. Yo también digo eso que dijo Pino. Y lo digo porque se generó una masa crítica extraordinaria, quizás el viento fresco más lindo que ha tenido la democracia en estos tiempos, en un país que tiene a la calle como protagonista en defensa de una causa común, de una causa solidaria, como hace mucho no ocurría. Ese ha sido un gran triunfo. Pero convengamos que cuando tenés legisladores que no miran eso, y siguen diciendo las barbaridades que dijeron para justificarse, te agarra un poco de desencanto.

—¿Y cómo sigue este debate ahora que el Congreso le bajó el pulgar a la ley?

—El camino es seguir en esa movilización, en esa energía. Hay jóvenes detrás de esto y estoy totalmente confiado de que la ley va a salir, porque es una medida de salud necesaria. Lo que uno quiere es que sea cuanto antes porque Argentina no se va a quedar siempre en el último mundo. Va a querer hacer lo que se hace en los primeros mundos. Eso sí, lamentablemente vamos a perder un tiempo. Pero estos no van a resistir la batalla de la próxima elección.

(Julieta Ferrario)
(Julieta Ferrario)

—¿Con "estos" se refiere a los referentes del gobierno?

—Sí. Ellos van a buscar descomprimir el tema como sea. Por eso ahora salieron a impulsar una despenalización, que no sirve para nada porque de hecho ya funciona así. En la realidad ya no hay ninguna pena, los jueces no la quieren aplicar. Acá hay que legalizar porque la legalización saca el miedo. El miedo es lo que hace que no se busque la información ni nadie se acerque a los servicios públicos. Se mantiene la inequidad.

—¿A qué se refiere con la inequidad?

—Existen técnicas modernas en la interrupción voluntaria del embarazo, que son con medicamentos. Técnicas simples, baratas, seguras. Sin embargo, se sigue haciendo cualquier cosa, además de mantenerse un mercado negro. Se siguen haciendo cosas peligrosas, donde no se termina con la inequidad que hay en este tema. En un país tan inequitativo las que tienen dinero van a seguir de una manera y las que no tienen dinero van a seguir de otra manera. Y, por supuesto, las consecuencias van a ser absolutamente distintas. Va a haber chicas que van a sufrir, y se van a morir. Y esas son las chicas vulnerables, las pobres.

—La escritora Claudia Piñeiro dijo que los legisladores que votaron en contra de la ley van a ser responsables de las muertes que se produzcan de ahora en más por abortos clandestinos ¿Coincide?

—Totalmente, porque lo que podrían haber hecho para que esto disminuya, o se terminara, no lo hicieron. Y no lo hicieron teniendo la información de lo que pasa en sus propias provincias. Pero además de no votar la ley no ofrecieron ni la más mínima alternativa. Las alternativas que dieron a viva voz fueron "no, no y no". O sea, nada.

—O sea, para usted también son responsables de esas muertes futuras.

—Pero por supuesto. Ahora esos legisladores son responsables de las muertes por abortos clandestinos. Yo no lo quise decir mucho pero lo siento así. Se arrogaban ser defensores de la vida pero lo que han defendido es la muerte, lo que han defendido es que siga la muerte.

Las primeras figuras del gobierno nacional fueron las que se opusieron, llámese Rodríguez Larreta, Vidal, Michetti o Carrió. Yo no sé cómo van a soportar esa carga en la próxima elección

—¿Le gustó el discurso de algún legislador?

—Sí. Los de Pichetto, Lospentato, Lipovetzky, Luenzo, Martínez, el de Córdoba. Fueron discursos de hombres de Estado, del interés común.

—¿La reforma del Código Penal que insinuó el gobierno no puede ser un paso previo para avanzar con la legalización del aborto?

—Noooooooo. Esa reforma es para descomprimir la enorme culpa que siente el gobierno por haber dicho que no a una ley que generó una enorme movilización social. Las primeras figuras del gobierno nacional fueron las que se opusieron, llámese Rodríguez Larreta, Vidal, Michetti o Carrió. Yo no sé cómo van a soportar esa carga en la próxima elección.

—Hay diputados de Cambiemos, encabezados por Daniel Lipovetzky, que proponen una consulta popular vinculante.

—Sí, y lo hacen porque se dan cuenta de que esto ha sido muy pesado y no quieren sobrellevar este peso. El tema es cuando no tienen voluntad política. La figura emergente más importante de ellos, que es Vidal, dijo que se sentiría aliviada si no salía la ley. Y la vicepresidenta festejó que no salga. Ellas quieren que la situación siga como hasta ahora, que siga muriéndose la gente.

—¿Cómo tomó el rechazo de Michetti al aborto incluso en los casos de violación?

—Me pareció de una crueldad extrema. Más allá del papelón, la verdad me pareció cruel. Michetti hasta resulta graciosa por las macanas que hace pero en esto me pareció de una crueldad extrema. Tanto en eso como cuando festejó.

—¿Le reconoce a Macri haber abierto un debate?

—No creo que la palabra correcta sea reconocimiento. Tiraron el tema para distraer en el medio de un lío que tenían. Ellos tenían en ese momento el escándalo de Caputo, o alguno de esos escándalos de los funcionarios, y de sus maniobras, y de sus dineros afuera, etcétera. Eso fue el origen. Lo que hizo Macri no me pareció que fuera una cuestión de fondo. Ni siquiera una intención democrática de debate. Por eso no hablo de reconocimiento. Lo que pasa es que después se generó una enorme energía y se destapó una olla a presión que estaba ahí en la sociedad. Cuando fui ministro dije que faltaba la legalización. En ese momento no se produjo ninguna cosa especial en la sociedad. Y ahora sí.

—Cuando fue ministro generó revuelo en la Iglesia. El entonces obispo castrense Antonio Baseotto pidió que "le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar".

—Síiiiii, claro. En un reportaje a Página/12 había hablado del aborto y de repartir preservativos. Al otro día viajé a Japón, por temas de salud y ambiente, en el marco del protocolo de Kioto. Y me inundaron de llamados desde Argentina. Se armó un kilombo bárbaro.

—En aquél entonces la Iglesia fue dura ¿Y ahora? ¿Cambió algo?

—No. Yo creo que jugó muy fuerte. Creo que esta vez hicieron una unión con los evangelistas, y jugaron muy fuerte a dos niveles. Por un lado abajo, metiendo terror, diciendo que la ley iba a matar gente, con lo cual la gente se asusta porque la hacen sentir asesina, y por otro arriba, ejerciendo presión sobre los poderes, con actitudes terribles. Todos los tedeum del 9 de julio, las expresiones de obispos de distintos lugares, la solicitud al presidente de la Nación para que, en caso de que saliera la ley, la vete. Esta vez, a diferencia de los tiempos en que fui ministro, la Iglesia tuvo un activismo mucho más fuerte.

(Julieta Ferrario)
(Julieta Ferrario)

—¿Cómo juzga el papel del radicalismo, que es un partido de tradicional laica?

—No sé cómo los legisladores van a explicar lo que hicieron a su juventud radical, a su tradición laica, a sus antecedentes alfonsinistas. De 12 senadores sólo 3 votaron a favor y el resto votó en contra. El 75 por ciento de los senadores de un partido laico, histórico, nacional, cercano a la gente, votó de esta manera. Se tienen que hacer cargo de cómo actuaron para impedir que salga la ley.

—Cristina Kirchner, siendo presidenta y con mayoría en las Cámaras, directamente tabicó el debate de la legalización del aborto.

—Yo no puedo saber lo que no sé.

—Le aseguro que tabicó el debate.

—Ella jamás me dijo alguna cosa sobre lo que yo decía o sobre lo que yo hacía.

—Pero ella hizo pública su oposición. Y algunos legisladores kirchneristas, en confianza, decían que ellos estaban a favor pero que no podían avanzar porque Cristina estaba en contra.

—Insisto, a mí no me dijo nada. Lo que pasa es que cuando yo me fui vino esa troglodita, la bestia de la cucaracha esa, de Ocaña, y después Manzur. Con esos dos poco había para hacer.

—Aún si ellos fueran todo lo que usted dice, improperios incluídos, los eligió Cristina.

—En mi caso no puedo decir que haya tenido algún tipo de presión. Es más, cuando se armó el lío con la Iglesia, no con ella, pero estando ella presente, yo se lo pregunté al presidente Kirchner si quería que yo morigerara mi actitud, porque yo peleaba en todos lados, armaba kilombo, me peleaba con todo el mundo defendiendo la legalización. Y Kirchner me dijo: "no, vos seguí haciendo lo que tenés que hacer". Esta es mi visión.

—Lo cierto es que se cajonearon los proyectos existentes y ahora se debatió.

—Yo le digo una cosa. Teníamos tres leyes que no se aplicaban, intentar entonces una cuarta ley era difícil. Y la lucha era cuerpo a cuerpo, muy dura. Lo que quiero decir, pensando como un hombre de Estado, es que nos costaba una barbaridad aplicar las leyes, teníamos resistencia. Después de que me fui no hubo ningún movimiento muy fuerte de querer plantear la legalización. Pero a mí no me inhibieron en nada. Lo que no se hizo es porque no lo hice yo.

—¿Por qué cree que Cristina ahora cambió de postura?

—Habían dicho que la convenció su hija y ella dijo que no, que fueron los pibes y este gran movimiento social. Yo creo que un político tiene que escuchar a la gente. Y Cristina escuchó. El problema es el resto, que no escucha nada y sigue con lo que cree, lo que le enseñó la religión o lo que el cura quiere, qué se yo.

—¿Cómo interpretó las palabras de otro hombre de su partido, de Rodolfo Urtubey, quien, en un discurso enredado, dijo que "hay casos en los que la violación no tiene violencia sobre la mujer"?

—Yo lo conozco a Rodolfo. Sabía que iba a votar en su convicción religiosa, lamentablemente. Pero me parece que es un tipo formado e inteligente que no quiso decir la barbaridad que pareció que dijo.

Rodolfo Urtubey (Télam)
Rodolfo Urtubey (Télam)

—¿Cree que hay una "revolución de las hijas"?

—Síiiiii. Yo lo viví en varias provincias. Yo le decía a varios senadores: "vos vas a entrar contento a tu provincia pero vas a tener problemas para entrar a tu casa". Se reían pero sabían que era así. Hay un corte generacional que también asegura que esta ley va a salir. Lo que pasa es que no queremos que pase una generación completa para que esto suceda, sobre todo por el daño que podemos evitar. No lo estoy diciendo como un objetivo libertario o, simplemente, como un objetivo del derecho de la mujer. Lo estoy diciendo con la responsabilidad primaria de alguien que se dedica a la salud. Evitemos muertes evitables, evitemos dolores evitables, evitemos internaciones evitables. Hagamos lo que hace todo el mundo. Acá no hay que buscar ninguna receta rara. Pero bueh, ahí estamos.

—El ministro de Salud, Adolfo Rubinstein, también aportó datos contundentes para defender la necesidad de legalizar el aborto.

—Sí, claro. Y algunos colegas tuyos le están pidiendo la renuncia.

—¿Por el hecho de no haber logrado el respaldo de los legisladores oficialistas a su postura?

—¡Claro! Dicen que como no salió la ley, un ministro que apoyaba la ley no puede seguir ¿Usted se da cuenta lo que es el fanatismo? ¡¡¡Mamma mía!!!

—¿La ley sale el año que viene?

—Sinceramente no lo sé. Pero esto va a ser un quilombo de campaña, la va a teñir. Hay muchos tipos que me dicen: "yo creía que había que hacerlo pero en mi provincia no puedo". Me lo han dicho dos o tres senadores. No me pida los nombres. Pero hay una paradoja: las provincias que, a través de sus senadores, votaron por el no, desde el punto de vista de la población, que está representada por los diputados, es mucho menor a las que votaron por el sí.

—Si asume mañana como ministro de Salud ¿cuál sería su primera medida?

—(Se ríe a carcajadas) Me meto de cabeza en esto, en los programas que ya son leyes y empiezo a difundir, a hacer campañas de esclarecimiento público, a llenar de insumos…. En el primer año del programa de salud reproductiva… en el 2003… yo creo que compré más profilácticos y anticonceptivos que los que se vendían en la Argentina en todo el año. Hice una campaña feroz con todo eso. Eso sería lo primero que haría para así dar vuelta a la opinión pública, a la conciencia pública. Hay que trabajar en la prevención del embarazo no deseado y de la transmisión sexual de enfermedades. Esto hay que hacer, pero hay varios Albinos en esto.

—¿Usted dice que el doctor Abel Albino, quien dijo que "el virus del Sida atraviesa la porcelana" no es una excepción a la regla?

—Lo que digo es que hay varios Albinos. Y estos locos dejaron de repartir profilácticos en muchas provincias. Y lo propio hizo en la Nación el ministro de Salud anterior. Cortó el programa. Rubinstein lo está tratando de salvar Pero ha vuelto la sífilis. Escuche bien lo que voy a decir: yo estuve en el conurbano anteayer. Fíjense el número en dos partidos del conurbano: el diez por ciento de las embarazadas tienen sífilis. ¡¡¡Están locos!!!! ¡¡¡Volvimos al siglo XX !!!

Abel Albino
Abel Albino

—¿Quiénes son los locos?

—¡Los Albinos! Ahora salió otro, en Mendoza, a decir que Albino tiene razón. No son cualquiera. Este Albino es del Opus Dei. No es sólo su pensamiento tarado. Son locos. Lo de Baseotto conmigo fue por el profiláctico. No es nuevo esto. Hay más gente que piensa así.

—¿Estamos peor o mejor que antes?

—¡Peoooor! Mucho peor porque se ha relajado la atención pública, porque no hay difusión, porque casi no hay educación, y porque el programa de salud sexual funciona medianamente.

Fíjese las pelotudeces que dicen las publicidades del gobierno ¿Usted vio alguna que tenga que ver con enfermedades de transmisión sexual? ¿Y de embarazo no deseado?

—¿Pese a Rubinstein?

—Rubinstein está intentando levantar todo esto pero no lo levantó. Pregúntele a las provincias si tienen todos los insumos. Pregunte si tienen publicidad. Fíjese las pelotudeces que dicen las publicidades del gobierno ¿Usted vio alguna que tenga que ver con enfermedades de transmisión sexual? ¿Y de embarazo no deseado? Y eso que ahora todo mejoró mucho tecnológicamente, porque hoy se pone un anticonceptivo intradérmico, lo que las chicas llaman "chip", y dura varios años. Se ponen un DIU, que también dura muchos años. Pero meten miedo, miedo y miedo.

—¿Y la legalización resuelve todo automáticamente?

—No, Si uno legaliza, en uno, dos, o tres años, no en el primer año, en tres años, empieza a bajar ese miedo, porque empiezan a acercarse al sistema de salud. El problema de cómo está ahora, más allá de que se despenalice, es el miedo. Y hay miedo porque, si bien no te condenan, sigue siendo delito, te cargan con la culpa ¿Se entiende?

—Se entiende.

—Bueno, espero no armar lío con todo lo que le dije en esta entrevista.