Pablo Moyano no esperó ni siquiera 24 horas para condenar el sostenimiento del triunvirato al frente de la CGT: dijo que esa decisión tomada por el consejo directivo cegetista solo favorece al Gobierno. Se verá con el tiempo, porque las disputas domésticas del sindicalismo suelen complicar la relación con el oficialismo. Menos discutible, en cambio, es que la interna grande del gremialismo no quedó saldada. Estaría empezando un período de "paz armada", en la que cada sector seguirá tratando de reunir tropas para nuevas batallas.

"Los más beneficiados son Macri y Triaca", afirmó y repitió ayer Pablo Moyano en charlas radiales. También dijo que Camioneros acelerará las negociaciones con otros gremios para lograr un armado que dispute de hecho el liderazgo sindical, como parte de su enfrentamiento más amplio y denso con el Gobierno. El jueves, después de muchos días de tejidos internos y recuento de voluntades, la CGT había decidido formalmente mantener la conducción compartida por Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña.

Desde hace rato, nadie cree que lo del hijo de Hugo Moyano sea puro arrebato, alimentado además por su complicado frente judicial. Sus dichos son una señal del jefe camionero, acompañada por movimientos visibles para cerrar un bloque fuerte de gremios en las próximas semanas. El intento tiene sentido práctico: además de dejar de lado la "renovación" de autoridades y ratificar al triunvirato, la CGT convocó a un plenario de secretarios generales, en principio hacia fines de agosto, para darle mayor sustento a sus decisiones y definir, tal vez, alguna forma de protesta o medida de fuerza nacional.

El territorio sindical no ofrece hoy un panorama para la lectura sencilla. Resulta imposible trazar una única línea divisoria. Las fisuras son visibles tanto en el frente que busca integrar Moyano como en la confluencia que le renovó el oxígeno a la conducción cegetista. Poco queda incluso del esquema inicial que le dio vida al triunvirato: ayer mismo, Pablo Moyano cuestionó con acidez a Schmid, que de algún modo ocupaba la silla moyanista en el terceto. Daer sigue contando con respaldos iniciales, pero esa constelación también sufrió modificaciones. Y Acuña ha llegado a quedar descolocado por los movimientos nada lineales de Luis Barrionuevo.

Moyano está trabajando intensamente para sumar gremios industriales con los que, al menos en algunos casos, sostuvo enfrentamientos duros. Los últimos contactos apuntan centralmente a los metalúrgicos y a los mecánicos, que a su vez acaban de producir una movida significativa en ese tablero: ayer, la UOM y el Smata marcharon juntos "en defensa de la industria nacional". Difícil desentrañar si las conversaciones con el moyanismo pueden marcar un profundo realineamiento de esos dos sindicatos o son una jugada táctica, parte de un mensaje al Gobierno para resguardar la producción en tiempos de frío económico.

El titular de La Bancaria, Sergio Palazzo
El titular de La Bancaria, Sergio Palazzo

El sistema de alianzas que teje Moyano tiene expresión pública en la mayor dureza frente al Gobierno, lo cual le genera algunas complicaciones en un circuito donde el ejercicio de contactos con el poder suele ser constante, más allá del grado de visibilidad. El grupo que encabeza el secretario de los bancarios, Sergio Palazzo, aporta al perfil de mayor confrontación, con pinceladas kirchneristas, menos flexible por supuesto que el sector motorizado entre otros por taxistas y ferroviarios. La UOM y el Smata, aún con matices internos, son gremios que tradicionalmente combinan la dureza si hace falta y la negociación a menudo, según la coyuntura. Muchos de ellos no suelen sentirse cómodos frente a la extensión de las sociedades del moyanismo: algunos, hasta por razones de tradición, prefieren mayor distancia con las CTA y los movimientos piqueteros.

Tampoco es homogéneo el conglomerado que terminó sosteniendo a la conducción cegetista. Los "gordos" de los grandes gremios de servicios y los "independientes" (construcción, aguas, estatales de UPCN, entre otros) suelen articular posiciones, en un paño donde también juegan sus fichas un variado grupo de no alineados, entre ellos los colectiveros, y el barrionuevismo, además de gremios "chicos" que suman número en la interna.

No se trata de alianzas permanentes. Moyano facilita en parte el camino: provoca coincidencias para ponerle freno a su ofensiva, y al mismo tiempo tensiona el cuadro porque empuja a cierta dureza discursiva y a competir en el terreno práctico. El último paro nacional, sin dudas, tuvo en parte un sentido de distensión doméstica. Es también una complicación para el Gobierno, aunque los jefes sindicales son extremadamente pragmáticos y siempre mantienen abiertos canales de negociación.

El titular de UPCN, Andrés Rodríguez, junto a los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Modernización, Andrés Ibarra
El titular de UPCN, Andrés Rodríguez, junto a los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Modernización, Andrés Ibarra

Resulta visible, por ejemplo, cómo empiezan a tomar ritmo los procesos de reapertura de paritarias. El caso más notorio fue el de los empleados de comercio, por su magnitud, pero no el único. También iniciaron ese recorrido sindicatos de menor peso, en base al decreto que sumó 5 puntos al supuesto techo del 15% de suba salarial y dio aire a las cláusulas de revisión. Los estatales de UPCN ya iniciaron las reuniones formales para transitar el mismo camino.

Queda por verse la suerte de la llamada reforma laboral, también cuestionada verbalmente por el moyanismo. El proyecto original fue recortado y fraccionado en tres iniciativas. Y a la hora de negociar, dejarían afuera el resistido sistema de recálculo de indemnizaciones, incluido en uno de los textos.

El proyecto más significativo es el de blanqueo laboral: además de necesario, abriría la puerta a la sindicalización de una franja de trabajadores informales cuya representación está en discusión con los movimientos sociales. Otra iniciativa refiere a la capacitación laboral. Y la tercera –la creación de una agencia sobre tecnologías de salud- apuntaría a achicar las posibilidades de juicios por prestaciones de salud contra las obras sociales.

El punto, también para el Congreso –en especial para el PJ-, es cómo termina de evolucionar la interna sindical. Pero la pelea es una entrega por capítulos: el último no fue para Moyano.