Pablo María Videla lleva años en la actividad bancaria y actualmente es oficial de cumplimiento Banco Ciudad. Videla sueña con bancarizar a todos los trabajadores informales y apuesta al programa de Inclusión Financiera que empuja desde la entidad. Se trata de un desafío enorme, porque hace hincapié en los trabajadores que viven en Los Piletones y las villas 31, 20 y 1-11-14, caracterizadas por episodios de violencia vinculados al narcotráfico. Sin embargo, confía en el sistema de control del Banco Ciudad y en la oportunidad que se ofrece a los empleados informales de acceder a una caja de ahorro con un tope de 35.000 pesos.

Videla será, el miércoles 15 de noviembre, uno de los disertantes en el seminario organizado por la Fundación de Investigaciones en Inteligencia Financiera (FININT). Desde las ocho de la mañana, en el Aula Magna de la Facultad de Derecho, ministros, jueces, fiscales y especialistas en  seguridad  -como la ministra Patricia Bullirch y el juez Claudio Bonadio entre otras destacas personalidades- expondrán sobre las finanzas del terrorismo y el crimen organizado. El programa abordará la problemática desde múltiples enfoques:  la percepción de la sociedad, la evaluación de riesgos, la tecnología, el uso de la información patrimonial y financiera, los riesgos de financiación de organizaciones terroristas y los desafíos que enfrentan el Estado, las empresas y los ciudadanos. (Para más información (011) 5707.7615 / 4163.1760 o bien a través de la página web).

—Vos actuás como oficial de cumplimiento del Banco Ciudad y sé que desde esa entidad bancaria le están dando mucha importancia a la inclusión financiera. ¿Podés definir ese concepto?

—Para nosotros inclusión financiera es inclusión social. Pensamos que en la Ciudad de Buenos Aires hay más de 400 mil personas en la informalidad y estamos teniendo un plan muy agresivo para tratar de bancarizar todo lo que podamos.

—¿Y cómo los incluís?

—Banco Ciudad es el único banco que tiene una sucursal en villas, por ejemplo en Los Piletones. Estamos ahí hace cinco años. Con la experiencia y con todas las cosas que hemos aprendido, buenas y malas, ya estamos yendo al Barrio 31 y nos vamos a instalar antes de fin de año con una sucursal provisoria. Vamos a ir al Barrio 20 y luego al Barrio 1-11-14, donde haremos lo que sabemos: bancarizar.

—¿Y a la gente que tiene recursos limitados, vos le permitís entrar al sistema financiero a través del Banco Ciudad con mínimas condiciones burocráticas…?

—Sí, nosotros tenemos una caja de ahorro que la abrimos solo con DNI y un teléfono. Le hacemos llenar un papel, que cada vez es más chiquito, hemos bajado la burocracia al mínimo, y él tiene su caja de ahorro con todos los beneficios que significa tener una caja de ahorro.

—¿Con un tope?

—Puede manejar nada más que 35 mil pesos por mes. Pero tiene todos los beneficios: descuentos en supermercados de 20 por ciento, descuento en lugares donde se compran cosas para obras y ladrillos -también 20 por ciento los jueves-, descuento en combustibles. Después, si la persona se maneja bien, usa la tarjeta de débito, utiliza estos descuentos, y a los seis meses le damos una tarjeta de crédito social hasta 8.500 pesos. Ahí ya accede a comprar en 12 cuotas. Y te quiero aclarar una cosa que es importantísima: la caja de ahorro es absolutamente gratis y sin ninguna clase de pago de mantenimiento ni nada. Es decir, la persona que tiene 500 pesos usa 500 pesos, no tiene ningún gasto.

—En los barrios de los que hablás hay mucho delito vinculado a delivery de paco o de marihuana. ¿Puede ocurrir que mucha gente que tiene algún ingreso ilegal a través de esta actividad ilícita pueda correrse a la inclusión financiera, o lo que estoy planteando te parece una utopía?

—No, lo bueno de la Resolución 30 nueva de la UIF es que nosotros vamos a hacer nuestra propia autoevaluación de riesgo. Todos los bancos tienen riesgos diferentes, no todos los bancos son iguales. Por supuesto, las villas van a ser un lugar de riesgo alto. Vamos a tener que mirar muchísimo más desde la gerencia del Banco.

— ¿Por qué es un riesgo alto, porque no te van a pagar o porque te pueden usar la caja para lavar dinero?

—Más que nada es porque pueden pedir las cuentas prestadas o ellos mismos abrir cuentas y usarlas para blanquear dinero de la droga. Vamos a estar mirando, todas las operaciones…

—Con la experiencia que tenés, si abriste una cuenta para dar como tope un crédito de 35 mil pesos y de repente un tal "J. Escobar" te pone un millón de dólares, esa plata no es del laburante.

—Por supuesto.

—La inclusión financiera tiene un fin absolutamente loable que es darle la oportunidad a alguien que no tiene acceso al crédito, pero hay que mirar bien que esa herramienta loable no se convierta en un instrumento de lavado.

—Por supuesto. Y no va a pasar eso.

—En la 1-11-14 vas a tener que ajustar mucho el mecanismo de control, porque ahí se sabe que hay bandas paraguayas y bolivianas usufructuando el delivery de cocaína dentro de los barrios…

—Sabemos perfectamente lo que pasa en las villas y desgraciadamente sabemos lo que hacen la droga y el alcohol sobre todo en nuestros chicos. Sabemos muy bien lo que pasa y sabemos cómo controlar nuestras cuentas, de eso estamos seguros. Vamos quizás a tener un poquito más de trabajo, pero estamos dispuestos a tenerlo.

—Al margen de la inclusión financiera, ¿vos creés que el cambio de gobierno mejoró en la lucha contra el delito trasnacional?

—Mirá, yo creo que vamos a empezar a trabajar en conjunto con los países que más saben de esto, cosa que hasta ahora no hacíamos. Es decir, los países centrales tenían mucha desconfianza de la Argentina, de hecho han entrado muchísimos narcos en la Argentina en los últimos años. Y habrás visto que durante esos años se ha expandido la venta de droga en toda la Argentina.

—¿Es muy difícil expurgar el sistema financiero, cuando ya entraron a hacer operaciones de lavado?

—No, porque nosotros tenemos alertas, y muchísima experiencia en la Gerencia de Lavado.

—Lo que me estás planteando es que al fin y al cabo, el control del lavado es una decisión política…

—Sí. No tengo ninguna duda.

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