La sobreexposición mediática, la fatiga, el fuego cruzado de las redes y el impulso arrollador que las anima, para no hablar del paso vertiginoso de la agobiante realidad en que se mueven, suele derrumbar las estrategias de sus asesores de imagen. Ellos las arropan para matar y ellas  terminan en bolas y a los gritos.

Ni María Eugenia Vidal es Heidi, ni CFK una muchacha de barrio que va de compras al chino.  Más temprano que tarde se les nota.

De Carrió ni hablar. Ella siempre se parece a sí misma, no le presta un segundo de su tiempo a  gurúes ni asesores y paga de tanto en tanto  muy caro el precio de cortarse sola.

Pero son como son. Ninguna da para orquesta de señoritas.  Son topadoras. Hummers marchando a campo traviesa. Muñecas bravas montadas en 4×4.

El cierre de la campaña encontró a Lilita en un tembladeral. Si jugamos a compararla con un ser del reino animal en esta oportunidad le tocaría el pez. Murió por la boca.

Locuaz, mediática, por momentos dicharachera,  siempre convocante, los últimos días los vivió de derrape en derrape. Nunca hay para ella felicidad completa. Venía bien, muy bien.

La caída en desgracia de Julio De Vido la mantenía exultante y se relajó. Literalmente se fue de boca.

Nada de mala intención: incontinencia verbal. Lisa y llana. Algo le pasa. Se le va a pasar. Una pena.

No conforme con el tema del 20% de posibilidades de que Santiago  Maldonado "esté en Chile con la RIM"  y la desdichada referencia a Disney, terminó deseando que los restos que tuvieron en vilo al país "no sean de nadie".  Por momentos parece que a Lilita le cuesta aceptar su propio éxito. Tarde o temprano se planta una molotov debajo de la cama.

La veda la encuentra llorando por los rincones. Lejos de la precandidata que arrasó en las PASO y, en vísperas de la una elección que la descuenta ganadora, ella se manifiesta abandonada por el mundo político y refugiada  sólo en Dios que no abandona.

Desde esta postura de superioridad en la fe pide vía Twitter que la divinidad nos ilumine a todos para saber dónde está la mala fe y la buena fe, no sin antes perdonar de corazón a los que la "hirieron tergiversando perversamente" sus palabras. Una monja laica en fase de oración.

Bastante más complicada que Lilita está Cristina y se la banca en silencio.

Arropada por un núcleo duro incondicional, aguarda que los números le sean suficientes para enfrentar desde una posición de fuerza la que se le viene. No solo la espera una seguidilla de citaciones judiciales, la más apremiante el miércoles 26 por la causa del encubrimiento a Irán, sino que buena parte de los otrora adláteres del PJ mantienen cadena de oración para que la Santa Providencia  se las saque de encima cuanto antes, políticamente hablando, claro.

Ella sabe que no la tendrá fácil  pero, si sufre, guarda silencio. En el Senado, donde ya tiene despacho reservado, no la espera una fiesta de bienvenida precisamente.

Tras un raid mediático que la llevó de programa en programa desnudando intimidades en modo celebrity, donde fue de lo cachondo a lo barriobajero, cerró su campaña con un acto impactante en el que no hubo calza ni camisola que la mimetizara con la gente del común. Terminó la performance 2017 mucho más ella que nunca antes.

Atrás, muy atrás,  quedó la madrecita que se abrazaba con todos y todas en los escenarios de agosto. No funcionó.

Esta vez la divinidad estuvo de su parte. Ella vibró entre los suyos apenas un rato antes que desde el lejano sur llegara la peor de las noticias. Justo a tiempo.

Fue la primera en retirarse a sus aposentos. Hizo bien. El 19 a las 20.56 emitió su último tuit

Respeto.

Reflexión.

Decisión.

Por la Argentina que nos merecemos.

El posteo incluye una foto de un smartphone sostenido por una mano con uñas pintadas de delicado blanco.

(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

Curioso es el caso de Mariú. Ella no es candidata a nada, pero convertida en una suerte de locomotora electoral mantuvo en marcha el trencito de Cambiemos hasta el final.

La medianoche del jueves la encontró presentando batalla en Animales Sueltos. Sin acto, sin globos, sin cotillón alguno logró sostener altura de crucero. No la tuvo fácil. Lo de Santiago Maldonado "es poco claro…la gente dice eso: es raro", contestó cuando le preguntaron.

También a ella le cuesta mantenerse modosita. Ofreció sobradas pruebas de carácter el día que le saltó la térmica en Intratables y le llenó la cara de dedos a Brancatelli.

¿Cuál es la verdadera María Eugenia? ¿Cuál de las dos? Es la pregunta que sorprende  a uno de sus más cercanos colaboradores. Silencio. La respuesta tardó pero bastó y sobró: "…. es las dos". A buen entendedor pocas palabras.

Tres mujeres en el primer plano de la política. Vagando por una escena extrema y polarizada de amores y odios. Muy rodeadas y muy solas al mismo tiempo. Entre la fortaleza y la fragilidad. Primeras damas del poder. Señoras de nadie.