Nicolás Dujovne y Jorge Faurie, en la Cumbre del Mercosur (Télam)
Nicolás Dujovne y Jorge Faurie, en la Cumbre del Mercosur (Télam)

El canciller argentino Jorge Faurie trabaja contrarreloj para consensuar con Brasil, Paraguay y Uruguay un llamado al diálogo a Nicolás Maduro y la oposición antichavista, destinado a establecer una hoja de ruta que permita encausar la crisis política y social que castiga a Venezuela. La convocatoria del Mercosur a una Mesa de Diálogo implica que este bloque regional prefiere agotar todas las instancias políticas, antes de avanzar en las sanciones institucionales fijadas en el denominado Protocolo de Ushuaia, que prevé castigos económicos, cierre de fronteras y la aplicación efectiva de la Cláusula Democrática.

"Nuestra expectativa es que desde el Mercosur podamos hacer un llamado a las autoridades de Venezuela para recuperar una plena democracia, un pleno respeto de los derechos humanos, para finalizar con las detenciones arbitrarias y terminar con los presos políticos, que es una tragedia para la historia de América Latina", aseguró Faurie antes de presidir la reunión del Consejo del Mercado Común.

Los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay asumen que la situación política en Venezuela es terminal y que el único camino para resolver la crisis es abrir una instancia de diálogo con Maduro y la oposición antichavista. Se trata de reiterar una fórmula diplomática que no han podido ejecutar Barack Obama, Raúl Castro, el papa Francisco, Felipe González, la OEA, Naciones Unidas y la UNASUR. En todas estas instancias, públicas y secretas, todas las negociaciones terminaron encalladas en la negativa absoluta de Maduro.

Los presidentes y los cancilleres del Mercosur conocen la secuencia que llevó a este formidable fracaso en las relaciones exteriores. Pero no tienen otra posibilidad de insistir como bloque regional que apuesta a la democracia y a la integración económica.

La crisis de Venezuela, presente en la Cumbre (NA)
La crisis de Venezuela, presente en la Cumbre (NA)

Sin embargo, esta apuesta empieza a agotarse, porque el líder populista está perdido en su propio laberinto y no tiene intenciones de encontrar una salida.

Maduro exhibe una fuerte resistencia a los reclamos de diálogo que llegan desde Europa, Estados Unidos y América Latina, y ahora suma un nuevo hecho disruptivo que coloca a la región muy cerca del abismo: la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente destinada a preservar su poder y a excluir a la oposición del sistema institucional de Venezuela.

"Estamos preocupadísimos con la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, que va a ser un factor de alteración completo y de división aún más profunda entre los sectores de la vida venezolana. Es deseable que este llamamiento que hacen los países del Mercosur pueda ser atendido por Venezuela. Estamos trabajando para definir los términos en los que haremos esta apelación a Venezuela", aseguró Faurie antes de iniciar la reunión ordinaria del Consejo del Mercado Común.

La propuesta de Argentina, que es avalada en términos generales por Brasil, Paraguay y Uruguay, se ejecuta acorde a los términos previstos por el Protocolo de Ushuaia, suscripto en julio de 1998. Este protocolo dispone que la vigencia de las instituciones democráticas son clave para permitir que los países miembros continúen participando en el Mercosur. Y si se tiene comprobado que un país no cumple con esas reglas, puede ser suspendido hasta nuevo aviso.

Venezuela ya fue suspendida, pero no por la aplicación de la Cláusula Democrática del Mercosur. Los cuatros miembros del bloque regional decidieron suspender a Venezuela porque no cumplió con los pasos de integración, una decisión que Caracas apeló y está en instancia de revisión administrativa.

En este contexto, por el Protocolo de Ushuaia, se podría sancionar a Venezuela con una nueva suspensión y con medidas económicas o en el cierre de las fronteras. La cancillería ya informó que no empujara sanciones económicas o limítrofes, porque ello implicaría complicar aún más la situación social en Venezuela. Brasil, Paraguay y Uruguay comparten la opinión del ministro Faurie.

Entonces, el proceso diplomático podría devenir de la siguiente manera: en el documento final de la cumbre de Mendoza se llama una Mesa de Diálogo que incluya a Maduro y a la oposición antichavista. Si hay aceptación, se avanza en una hoja de ruta hacia una transición democrática.

Por el contrario, si Maduro o la oposición no acepta, al Mercosur no le quedaría otro camino que cumplir con las reglas del Protocolo de Ushuaia y suspender nuevamente a Venezuela, esta vez invocando la Cláusula Democrática.

El Mercosur tiene vocación de facilitar una salida institucional a la crisis de Venezuela, al margen de los diferentes criterios diplomáticos que puedan exhibir Brasil y Argentina respecto a la posición de Uruguay.

Maduro conoce de las intenciones del Mercosur y ya contestó a la distancia: calificó a la Cumbre de "ilegal" y reprimió a la oposición que está haciendo un paro nacional en contra de sus decisiones políticas y económicas. Más de lo mismo.