Durante dos semanas, Susana Malcorra negoció con la diplomacia americana un comunicado conjunto que pudiera expresar los resultados del encuentro que Mauricio Macri mantendría con Donald Trump. Es un asunto que parece simple y burocrático, pero que era clave para exhibir oficialmente los términos de una relación bilateral que había quedado en un impasse tras la derrota de Hillary Clinton.

Macri hace una apuesta a los organismos multilaterales, tenía trabado la exportación de limones y biodiesel, viajaba a China para consolidar un extenso programa de inversiones estratégicas y en público jugaba solo frente al régimen de Nicolás Maduro y su sangrienta agonía política. Esta agenda local e internacional, chocaba de frente con las posiciones públicas y privadas de Trump, que apostaba a su electorado y repetía como una letanía America First.

El miércoles a la noche, Malcorra recibió del Salón Oval un borrador del comunicado conjunto corregido directamente por Trump. La canciller revisó el texto, propuso las modificaciones que sostenían el interés argentino, y remitió su versión al Ala Oeste de la Casa Blanca. Dos horas antes de la hora prevista para su difusión, cuando ya era obvio que Trump se mostraba más que amigable con Macri, el comunicado fue aprobado por ambas delegaciones y distribuido a todos los medios de comunicación.

El presidente de los Estados Unidos maltrató a Theresa May –premier británica-, a Angela Merkel –canciller alemana-, e invitó a su residencia privada de verano a Xi Jinping, presidente de la República Popular China, para compartir una cena que no quedará en la historia de las relaciones internacionales. Trump con May, Merkel y Jinping estuvo hosco, casi bordeando la mala educación, y la delegación argentina no dejó de considerar que este viaje a DC podía convertirse en una pesadilla.

Sin embargo, Trump hizo esfuerzos evidentes para tratar a Macri con afecto personal y fuerte consideración política: sonrió desde el primer momento, aceptó que dos periodistas argentinos le preguntaran en el Salón Oval –una de Telefé, otro de Infobae-, se mostró permeable a la decisión argentina de ingresar a la OCDE, confirmó su participación en el G20 de Argentina, decidió levantar la traba a las exportaciones de limones nacionales y avanzó en un acuerdo bilateral vinculado a la lucha contra delitos trasnacionales.

–¿Cómo es el acuerdo con Estados Unidos para enfrentar al terrorismo, el lavado de dinero y el narcotráfico?-, preguntó este enviado especial.
–Completo. Financiación, entrenamiento, intercambio de información de inteligencia y acceso a la tecnología.-, respondió Macri al Presidente.

La predisposición de Trump no sólo se remitió a asuntos estratégicos que unen desde hace años a la Casa Blanca con la Casa Rosada. El presidente americano preguntó a su colega argentino qué pensaba de la crisis en Venezuela. Macri describió la agonía de un régimen populista, planteó que era necesario diseñar una hoja de ruta, y fundamentalmente, evitar en una estrategia de transición política que las Fuerzas Armadas y los grupos de tareas asesinen a los manifestantes de la oposición. Trump compartió su punto de vista y decidió apoyar las acciones diplomáticas que se implementen desde la Cancillería.

Pero la aproximación de Trump a la agenda internacional de Macri no terminó en la crisis de Venezuela. El presidente republicano aceptó apoyar la decisión de Argentina de ingresar al OCDE, un organismo multilateral dedicado al comercio y al desarrollo. Pertenecer al OCDE, implica pertenecer a las economías más importantes del planeta, un beneficio político que sería imposible de obtener sin el respaldo de la Casa Blanca.

Si se consideró un fracaso la primera audiencia de Macri con Francisco por su escueta duración de 22 minutos, debería evaluarse como un éxito la primera visita del presidente argentino a Trump. Fue el jefe de Estado que más tiempo estuvo en la Casa Blanca y el que obtuvo los mayores réditos políticos desde que Trump accedió al Salón Oval.

Con todo, Macri se mostró cauteloso cuando hizo su balance de la gira por DC. "Estamos consolidando la confianza. Pero esta confianza es como un cristal. Si se rompe, nunca más la vamos a tener. No puedo creer cómo nos trataron, en todos lados. Pero nosotros debemos consolidar esa confianza, cualquier error puede ser fatal".

Después de hablar con los periodistas, marchó a la US Chamber, adonde ratificó la predisposición de Trump para apoyar al gobierno argentino y pulir todos los detalles de un encuentro que tiene pocos antecedentes en la historia de la actual democracia. A Macri se lo veía feliz y distendido: su viejo adversario de Manhattan, reconocido por su voracidad personal, le había dado su mano para avanzar en un proyecto político que sorprende a la elite de Washington y al poder permanente que mueve los hilos en la Casa Blanca y el Capitolio.