La casona de la calle Garay donde la banda de los comisarios mantuvo secuestrado a Macri (Adrián Escandar)
La casona de la calle Garay donde la banda de los comisarios mantuvo secuestrado a Macri (Adrián Escandar)

Escombros. Polvo por todos lados. Paredes húmedas y derruidas, y un silencio incómodo. El sótano, largo y escabroso, se pierde en la oscuridad. El techo –el piso de la planta baja-, también está maltrecho: por un par de hoyos asoma algo de luz que se filtra por el patio, plagado de cacharros y plantas amorfas, de las que crecen entre el cemento. Hay que caminar con cuidado porque la estructura, entre las vigas, cruje.

"En total estuve secuestrado 14 días en el sótano de una casa en el barrio de San Cristóbal, exactamente en la avenida Garay 2882 (hace poco cuando inauguramos el Metrobus del sur pasé por la puerta y no pude dejar de mirarla). La mayor parte del tiempo la pasé en una caja de madera de un metro y medio por un metro y medio. Me hablaban y me bajaban la comida desde un agujero en el techo".

Es lo único que, a simple vista, quedó indeleble en ese caserón que Mauricio Macri volvió a recordar hace justo un año, en medio de la campaña electoral que lo catapultó a la Presidencia: ese rudimentario hoyo de veinte centímetros de diámetro por el que los captores le pasaban los víveres, según confesaría luego el entonces empresario a la Justicia. Fue el mismo hueco que encontraron los nuevos dueños cuando compraron la propiedad, hace unos tres años: justo arriba del rincón más oscuro, y alejado de la puerta de calle del sótano en el que el Presidente pasó 14 días en cautiverio, sobre un catre mugroso y con los tobillos encadenados, o dentro de un cajón. El mismo lugar, oscuro y sombrío, silencioso y polvoriento, 25 años después de su secuestro.

Infobae recorrió el interior de la casona de la avenida Garay 2882, casi esquina Chiclana, en la ciudad de Buenos Aires, hace justo un año, y un par de días después de que Macri publicitara el relanzamiento de su sitio web con una inusual alusión al secuestro, un envión ideal en el último tramo de la campaña presidencial, antes de las PASO, cuatro meses antes de ser ungido presidente. "Desde la oscuridad", tituló el texto en aquel momento el entonces jefe de Gobierno al rememorar aquel episodio, que empezó a la 1.15 de la madrugada del sábado 24 de agosto de 1991 y que culminó 14 días después, tras el pago de seis millones de dólares a la llamada "Banda de los Comisarios", liderada por ex policías federales que eligieron esa propiedad del barrio de San Cristóbal para mantener cautivas a sus víctimas. Fueron las primeras imágenes del interior del sitio que hace 25 años marcó a Macri de por vida. "Algo en mi interior cambió para siempre", escribió entonces en su web. Algo infrecuente porque el jefe de Estado no suele hablar de aquel calvario. El sitio web del Presidente está dedicado por estos días a la publicidad de sus actos de gobierno.

Aún hoy, Macri se inquieta cuando lo palmean de atrás. Cuando lo sorprendieron aquella madrugada en la puerta de la mansión familiar de Barrio Parque lo tomaron del cuello, por la espalda, y le propinaron un puñetazo en la cara. Lo metieron en una camioneta Volkswagen blanca, en un ataúd en el que apenas cabía y en el que luego pasaría días de incertidumbre.

Si los cimientos y las paredes de ese sótano todavía seguían humedecidas durante la recorrida de Infobae es, en parte, porque hasta no hace mucho el agua cubría más de un metro del salón, tras un chaparrón intenso. El empresario Sergio Meller, secuestrado por la misma banda que capturó a Macri y mantenido en cautiverio en el mismo lugar, tuvo que subir a una mesa para zafar de una inundación que cubrió casi todo ese lúgubre sótano luego de una tormenta que azotó la ciudad de Buenos Aires en enero de 1985, según publicó en su momento el diario La Nación.

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

Durante años, la casa estuvo intrusada. Un grupo de ocupas se apropió de la estructura de dos plantas, rodeada de talleres mecánicos y vecinos de clase media. Algunas de las paredes seguían garabateadas por pintadas. La planta principal, atiborrada de maderas, materiales de construcción y montañas de polvo. Los dueños actuales recién se enteraron del prontuario de la propiedad después de comprarla. "Acá estuvo secuestrado Macri", les avisaron algunos vecinos curiosos.

La puerta de la propiedad, de chapa rojiza, avisa que una empresa de seguridad cuida el lugar. Cuando la recorrió este portal, algunas cadenas también protegían la persiana principal, corroída, por la que los investigadores, con el ministro José Luis Manzano a la cabeza, irrumpieron en los primeros días de septiembre del 91, luego de varios rastrillajes. Hace un año, en medio de la campaña presidencial, gran parte de esa fachada de la vieja casona de cemento estaba tapada por un enorme cartel publicitario que aún promocionaba la candidatura a jefe de Gobierno porteño de Martín Lousteau.

“La caja”, la habitación donde escondieron a Macri. (Infobae)
“La caja”, la habitación donde escondieron a Macri. (Infobae)