Saliendo de lo usual y buscando la diferencia para sorprender, adentrarse en una típica casona de Palermo reciclada para vivir una experiencia culinaria única. Decorado con cuadros de artistas reconocidos, muebles de estilo comprados en anticuarios, sillas confortables y música especialmente seleccionada de su propia colección, hacen del espacio un ambiente sumamente agradable.

Cada detalle de la casa lo identifica como cada plato que crea. La cordialidad y el respeto de quienes trabajan en su equipo se transmiten a quienes visitan el bistro. El mundo del chef Darío Gualtieri es su cocina. No usa redes sociales, no saca fotos de sus platos –hace croquis en papel–, y cada 15 días, cuando cambia su menú degustación, recurre sólo a notas y a su memoria gustativa.

De técnica impecable y sabores sutiles, sus pares lo respetan y lo consultan. Darío Gualtieri Bistro sirve un menú degustación de 7 pasos maridado con vinos. La casa que sirve de refugio al restaurante, en la calle Armenia entre Niceto Vega y Cabrera, es agradable, despojada, y se extiende desde los ventanales que dan a la calle hasta una cocina a la vista que queda en el fondo del salón.

Todo el menú llega acompañado por los vinos propuestos por la casa. Hugo Iglesias, sommelier y socio de Darío, maneja el salón con maestría. La experiencia varía pero, a modo de ejemplo, el día de la visita comenzó con un puré de zanahorias orgánicas blancas, acompañadas de pickles y zanahorias confitadas, de una sutileza total. Le siguió Llama curada con cúrcuma fresca y vinagreta, donde cada sabor se distinguía para luego complementarse con los demás (y también con el vino, muy bien elegido por el sommelier Maxi Pérez).

De postre, un delicioso bizcochuelo con untuoso de limón tucumano, crocante de almendra junto a un sorbet de duraznos y espumante. Una forma innovadora y única de desgustar sabores clásicos de una manera diferente. Una noche que sin dudas será inolvidable.