
Papá, mírame son dos obras cortas de Ignacio Apolo (50), actor, dramaturgo, licenciado en Letras. Él mismo las interpreta con sus dos hijos, Luna (11) y Vicente (8), en El Camarín de las Musas. Genealogía del niño a mis espaldas y 40 minutos en el país de las hadas son distintas, pero conectadas entre sí. "Sí, pero ¿sabés que están escritas con veinte años de diferencia entre sí? –cuenta Ignacio–. La primera, que interpreto con mi hijo menor, la escribí de joven y se estrenó en 1998 con un actor de 11 años. Y la segunda la escribí especialmente para Luna, quien me pidió que la hiciera actuar en una obra para adultos. Por eso ella comparte el escenario con una actriz grande, profesional, que es Maia Lancioni".
-¿Es muy fácil o muy difícil actuar con los propios hijos?
Depende de la personalidad del niño, y ellos son muy distintos. Luna es muy aplicada, puede esperar 25 minutos sentada hasta que le toque hablar. Vicente es mucho más inquieto. El ensayo es más acotado, 15 minutos de ensayo, y luego se puede ir a jugar a la pelota, ir y venir, es diferente. Es más chiquito. ¡Pero es un lindo desafío! En 40 minutos… yo interpreto a un psicólogo, Maia es la paciente y Luna es la misma paciente cuando era una nena. Al principio no pensaba ser yo el actor, pero en el momento de terminar de escribirla me di cuenta de que para una mayor seguridad y disfrute del proceso estaba bueno que yo también estuviera en el escenario. Yo dirijo, escribo y no ejerzo habitualmente como actor. Pero hay una indagación en el teatro experimental que tiene que ver con usar la propia biografía, hablar de uno mismo, hacer algo que es ficción y no ficción.

-Y después le llegó el turno a Vicente de subir a escena…
¡Sí! Porque cuando Vicente vio la obra con su hermana, me dijo: "Papá, ¿cuándo vas a actuar conmigo?". Él me lo pidió. Y ahí pensé inmediatamente en esta vieja obra mía que trata sobre un padre y un hijo que visitan un zoológico y que es para adultos también. Y transita ese mismo tema, esa pregunta: hasta qué punto miramos a nuestros hijos y hasta qué punto no lo hacemos y estamos metidos en nuestra propia historia, cómo necesitan ellos ser mirados y qué nos pasa con nuestra propia infancia. La realidad es que las obras son para un público de 18 años en adelante, aunque vienen muchos chicos porque tanto Vicente como Luna tienen amigos, compañeros de colegio y de las escuelas de teatro donde estudian, que los quieren ver actuar. Y la verdad es que los chicos a partir de los ocho años son bienvenidos y la pasan bien.
SE BUSCA NUEVA PATERNIDAD. Ignacio está separado, y sin que se lo preguntemos en el comienzo de nuestra charla necesita aclarar que tiene el consentimiento de la mamá de los chicos para que estos actúen. Entonces cobra una nueva dimensión que en Genealogía del niño… el adulto es un padre viudo: "Sí, y el chico dice: 'Éste es mi papá y desde que yo nací está solo, mamá ya no está con nosotros'".
La busca en los animales. Es irónico, es cómico, pero también desolador, es la soledad de los varones. Aunque ahora el varón cambió mucho, todo el rol de acompañamiento, de cuidado de los niños, ha venido evolucionando. Yo tengo la tenencia compartida de mis hijos, estoy con ellos la misma cantidad de horas, minutos y segundos que la mamá; mi domicilio es su hogar y el domicilio de la madre, también. Ellos viven conmigo y también con la madre, y nos dividimos el tiempo y el cuidado. Desde hace años se viene debatiendo sobre la figura paterna, su autoridad y los cambios.
Yo creo que estamos modificando la distinción tajante entre esa figura de lo masculino como lo rígido, el sable que corta, y la madre como la que abraza. Por supuesto que es un proceso donde hay acuerdos y desacuerdos. Los varones debemos aprender determinados manejos de maternaje y las mujeres tienen que aprender ciertos manejos de lo que se ligaba al varón. En ese sentido, creo que estamos armando algo nuevo. También hay padres solos y eso me parece altamente positivo. La pregunta –la cuestión– del millón es cómo hacemos para criar niños más felices, más sanos y más libres que lo que fuimos nosotros. No sé si nos sale, pero por lo menos lo vamos intentando. Nos podemos equivocar, pero lo que queremos es eso.
Papá, mírame: en julio, domingos a las 17.30, en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, Cap. Entrada general por ambas obras: $ 350 (desc. jubilados y menores de 30).
texto LUIS BUERO fotos Julio Ruiz
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