“El gran referente argentino que tenemos en Suiza es Jorge Luis Borges, a quien admiro mucho. Ayer tuve la oportunidad de visitar la biblioteca municipal Miguel Cané, lugar en el que él trabajó entre 1938 y 1946”.
“El gran referente argentino que tenemos en Suiza es Jorge Luis Borges, a quien admiro mucho. Ayer tuve la oportunidad de visitar la biblioteca municipal Miguel Cané, lugar en el que él trabajó entre 1938 y 1946”.

Joël Dicker (33) –el escritor suizo que en el año 2012 revolucionó el mercado editorial con su exitoso libro La verdad sobre el caso Harry Quebert, traducido a 33 idiomas y ganador del Gran Premio de la novela de la Academia Francesa– se lamenta por tener tan pocas horas para recorrer Buenos Aires. Llegó a la Argentina el lunes 19 de noviembre para presentar su nueva obra –La desaparición de Stephanie Mailer– y 48 horas después partió rumbo a Bogotá (Colombia), donde lo esperaban nuevos compromisos laborales: "varias entrevistas y conferencias de prensa para hablar de esta novela que está en la calle desde el 21 de junio", especificará el autor de Los últimos días de nuestros padres y El libro de los Baltimore, entre otros éxitos.

Amable y extrovertido, Dicker sólo cambiará de actitud cuando le preguntemos por su vida privada, de la que realmente se sabe muy poco: "Es un tema del que evito hablar. Considero que hay tan poco espacio en los medios para conversar sobre literatura que sería una pena que lo malgastemos con detalles de mi intimidad que, creo, a nadie le interesan. Eso no significa que me esconda: vivo en Ginebra (Suiza), todos lo saben, y llevo una alianza en el dedo anular izquierdo, lo que habla, claramente, de que soy casado", explicará con tono firme para pasar, de inmediato, a la próxima pregunta.

-Es tu primera visita a la Argentina, ¿había algún lugar en particular que quisieras conocer?

-Me intrigaba este país porque tengo muchos lectores aquí y quería saber cómo se vivía en la Argentina, cuáles son sus costumbres y gustos. Por otra parte, el gran referente argentino que tenemos en Suiza es Jorge Luis Borges, a quien admiro mucho, y ayer tuve la oportunidad de visitar la biblioteca municipal Miguel Cané, lugar en el que él trabajó entre 1938 y 1946. Ese era uno de los sitios que tenía en mi agenda de pendientes y tuve el placer de recorrerlo durante varias horas.

“Nunca me inspiro en algo concreto a la hora de escribir. Sí me pasa, muchas veces, y más cuando estoy de viaje, caminando por las calles de una ciudad que no conozco, que de golpe se me ocurre una historia, a lo mejor algo pequeño y hasta insignificante, que puede ser el puntapié inicial para mi próxima novela”.
“Nunca me inspiro en algo concreto a la hora de escribir. Sí me pasa, muchas veces, y más cuando estoy de viaje, caminando por las calles de una ciudad que no conozco, que de golpe se me ocurre una historia, a lo mejor algo pequeño y hasta insignificante, que puede ser el puntapié inicial para mi próxima novela”.

-La desaparición de Stephanie Mailer gira en torno a un crimen que se cometió en el año 1994 y que, 20 años más tarde, una periodista vuelve a sacar a a la luz porque asegura que fue mal resuelto y el asesino está libre. Sin embargo, no te gusta que se considere a tu novela dentro del género policial… ¿Por qué?

-No me molesta que lo califiquen como un policial, pero considero que es mucho más que eso. El asesinato es un hecho puntual, tal vez, hasta una excusa que yo elijo para contar una historia mucho más grande, con más de 30 personajes que tienen una vida compleja y llena de matices. Es en realidad sobre ellos –sus sentimientos, miedos y conflictos– de lo que me gusta hablar y considero que el crimen (que ocurrió en 1994) y luego la desaparición de Stephanie Mailer (en el 2014) son sólo pretextos para presentarlos en sociedad.

-¿En qué te inspirás a la hora de escribir una novela?

-Nunca me inspiro en algo concreto. Sí me pasa, muchas veces, y más cuando estoy de viaje, caminando por las calles de una ciudad que no conozco, que de golpe se me ocurre una historia, a lo mejor algo pequeño y hasta insignificante, que puede ser el puntapié inicial para mi próxima novela. Se me suelen acercar estudiantes de literatura o periodismo para preguntarme: "Quiero escribir un libro pero no sé por dónde comenzar…. ¿cómo hago?'' Y yo les explico algo que puede sonar muy obvio, pero no lo es: lo primero que hay que tener es muchas ganas de escribir. Uno puede tener en la cabeza una gran historia, pero si no tiene el deseo de escribir, nunca se concretará en un libro.

-Leí que te gusta definirte más como un artista que como un escritor, ¿es así?

-Me defino artista porque, en principio, considero que la literatura forma parte del arte. Pero además, porque me gusta mucho la música y la pintura y nunca descarto abocarme, en algún momento, a esas ramas del arte.

“La desaparición de Stephanie Müller” (Alfaguara), de Jöel Dicker
“La desaparición de Stephanie Müller” (Alfaguara), de Jöel Dicker

-Se filmó una serie basada en tu best seller La verdad sobre el caso Harry Quebert, protagonizada por Patrick Dempsey (52) …. ¿Quedaste conforme con el resultado?

-¡Muy conforme! ¿Ya la están dando aquí, en la Argentina?

-Lamentablemente no…

-¡Espero que llegue pronto! Seguro que así será. La verdad es que muchas veces me habían propuesto llevar este libro al cine, rechacé más de cien ofrecimientos porque ninguno me convencía, ya que sentía que no lograban reflejar su espíritu. Sin embargo, cuando recibí el proyecto del prestigioso director Jean Jaques Annaud –director de Siete años en el Tibet y En el nombre de la rosa– y su plan no era un film, sino una serie, me encantó la idea. Nos reunimos varias veces, pude ver su guion y hasta visitar el set mientras filmaban. Fue una gran experiencia y estoy feliz con el resultado de la serie; espero se emita en breve en la Argentina.

-¿Creés que se lee cada vez menos? ¿Que la gente joven elige mirar una serie o pasar horas en sus redes sociales antes de dedicarle tiempo a un libro?

-Sí, puede ser. Es así. A mí no me parece mal que la gente hoy busque las noticias en portales, porque creo que en definitiva, sigue leyendo, continúa informándose y eso es lo importante. Que no sea en formato papel y opte por el digital es un simple detalle. Pero sí creo que los autores tenemos la obligación de transmitir la idea de que leer un libro no es una actividad para viejos, los adolescentes deben saber que hay vida más allá de Instagram o Snapchat y que, a través de un buena historia, se puede conquistar a una chica. Ese creo que debe ser nuestro objetivo: demostrar que la literatura tiene el poder de seducir, cautivar y enamorar.

-Vos comenzaste a escribir muy joven, a los 19 años, cuando presentaste el relato El tigre para un concurso y no te dieron el premio porque consideraron que estaba tan bien escrito que debía ser un plagio. ¿Te queda un recuerdo amargo de aquel episodio?

-No, no, fue hace mucho tiempo y ese relato luego se publicó, así que es sólo parte de mis comienzos como escritor. Hoy, a los 33 años, estoy un poco en crisis con mi edad porque veo que hay algunos autores muy exitosos de 25 años, entonces pienso: "Ya nadie destacará lo joven que soy" (se ríe). Ahora, hablando en serio, lo mejor de tener mi edad es que siento que aún tengo tanto para escribir, tantas historias para contar, que me da cierto alivio pensar que me quedan muchos años por delante para disfrutar de esta actividad.

Texto: Juliana Ferrini. Fotos: Maxi Vernazza