Rosa Facio, encarnó al ícono de moda “Cuando me propusieron hacer a Iris Apfel , googleé su historia”
Rosa Facio, encarnó al ícono de moda “Cuando me propusieron hacer a Iris Apfel , googleé su historia”

Que tuviera el pelo blanco, no se hubiera hecho ninguna cirugía y que gozara de una cierta semejanza con Iris Apfel. Esas eran las condiciones que había puesto Para Ti para quien debía encarnar a la empresaria, diseñadora e ícono de la moda estadounidense de 97 años, durante una producción inspirada en ella para la edición especial de Colecciones. Esa búsqueda llegó hasta Temperley, a los oídos –u ojos en realidad ya que fue vía redes sociales– de la nieta de Rosa Facio, la protagonista de esta historia.

La producción de Para Ti Colecciones en la que imitó a Iris Apfel.
La producción de Para Ti Colecciones en la que imitó a Iris Apfel.

A sus 90 años, nunca había estado en una producción de fotos y la idea le fascinó. "Yo no iba para hacer carrera", dispara con espontaneidad desde su casa, adonde fuimos para conocerla personalmente. "Cuando me propusieron hacer a Iris, busqué un documental sobre su vida y googleé su historia", cuenta entusiasmada.

Eugenia, su nieta, agrega: "Dijiste que hasta la mesa de Mirtha no parabas". Eugenia es la responsable de la participación de Rosa en la producción de Para Ti. "Mi abuela es un personaje, estas cosas le encantan", agrega.

“Lo que más me gusta de esta época es el acercamiento de los padres con los hijos, antes uno se reprimía”
“Lo que más me gusta de esta época es el acercamiento de los padres con los hijos, antes uno se reprimía”

Rosa no nos recibió con pulseras grandes, look extravagante, labios pintados o anteojos glamorosos. Tampoco nació en Nueva York ni decoró las mansiones más exclusivas de Estados Unidos. Rosa Facio nació en Capital Federal en 1921, fue la última de seis hermanos y se crió en el barrio de Flores. A diferencia de la madre de Iris Apfel, que fue ama de casa, a la de Rosa no le quedó más remedio que convertirse en motor de la familia y salir a trabajar, después de que su marido los abandonara (tenía 3 años en ese momento). En ese contexto, su madre les enseñó a todos que la educación y el estudio eran lo más importante.

Iris Apfel
Iris Apfel

Rosa eligió estudiar una carrera corta –preparador de Histología– para poder trabajar, pero nunca ejerció porque en realidad no le gustaba. Dice que hubiera querido ser profesora de Física y Matemática. A los 17 años conoció a Carmelo en Temperley, cuando visitaba a su hermana y a sus sobrinos –que vivían ahí– durante uno de sus paseos por el barrio en bicicleta. Estuvieron 10 años de novios, se casaron y a partir de ese momento su vida comenzó en ese lugar: se federó en básquet en el Club Temperley, hizo amistades y jugó allí hasta los 40 años.

Posando con dos de los tapices hechos por ella y que tiene colgados en las paredes del living.
Posando con dos de los tapices hechos por ella y que tiene colgados en las paredes del living.

Durante la época de Perón consiguió un cargo como dactilógrafa de primera categoría hasta que nacieron sus hijos. Porque Rosita, a diferencia de Apfel –quien no quiso tener familia para poder viajar y hacer carrera–, tuvo una gran familia: dos hijos, seis nietos y tres bisnietos. Aunque a ella también le encantaba "trabajar fuera de casa", hizo un impasse que duró 18 años, y ni bien ellos terminaron el colegio y "ya empezaba a molestarlos" volvió al ruedo, esta vez en la secretaría de una escuela.

Hace 28 años que está jubilada y alrededor de 30 que enviudó. Soportó una operación en la cadera y superó un cáncer de mama. "Me siento bárbara", dice "Labi", como la apodó Renata, la mayor de sus bisnietas. Lo cierto es que Rosa cambió el auto hace poco y su reciente renovación del registro de conducir confirma que está tan bien como dice. Sí, porque todavía maneja.

Rosa tomando una copa de su antiguo vajillero.
Rosa tomando una copa de su antiguo vajillero.

También mira documentales en Netflix, busca información en Google y usa WhatsApp. Desde hace 24 años, todos los miércoles a la mañana participa de un taller de tapices –donde hizo casi todos los cuadros que tiene en su casa– y viaja frecuentemente a Europa para visitar a sus nietos. Si hay algo en lo que Rosa e Iris se parecen es en la definición que la misma fashionista hizo de sí misma: "soy la adolescente más vieja del mundo".

¿Cómo hacés para estar aggiornada?

-Tengo seis nietos que me ponen en órbita, cualquier duda llamo a uno o al otro. No siento que me cuesten los cambios, me gusta aprender cosas nuevas. Yo siempre digo que mis nietos me cargan las pilas porque son muy unidos conmigo, me retan y me dicen lo que piensan.

-Y con los viajes, ¿cómo te arreglas?

-No me hago problema, encargo la silla de ruedas cuando saco el pasaje. En diciembre del año pasado, con 89, estuve en Londres para Navidad y en Barcelona para Año Nuevo, visitando a dos de mis nietos.

-Tantos años vividos, ¿qué te enseñaron?

-Todos los viejos nos acordamos más de lo de antes que de lo de ayer. Creo que hay que disfrutar más de los pequeños momentos y tomar a la gente como es.

Textos: Candela Urta (curta@atlantida.com.ar) Fotos: Ale Carra