Se viene la revista de tendencias 2018 y me genera un sentimiento encontrado. Por un lado, me encanta pasear por las páginas coloridas, como mirando cien vidrieras desde la comodidad de una silla. Por otro, me doy cuenta de que mi look al lado del de las fotos está como a una maratón de distancia.

¿Cómo se cavó el abismo entre las fotos y yo? No voy a ir por el lado del estereotipo de belleza de las modelos, que sin duda no se me parecen. Ese es un capítulo aparte. Lo traslado a la calle y pienso en mujeres de físicos más estándar que saben estar divinas de pies a cabeza incluso a las 8 de la mañana. Yo, que me jacto de ser creativa, no puedo ni imaginar cómo lo logran. Por eso reflexioné sobre qué es lo que me frustra del fashionismo, a ver si puedo revertirlo:

x Colección como conjunto: paseo por colecciones que te visten hasta el detalle y las descuartizo como a un pollo para combinar lo que "puede ser que tenga" con lo que "puede ser que compre". ¿Estará ahí el quid de la cuestión? ¿No entender el conjunto como algo completo? Es una buena excusa, pero si los expertos dicen que con 20 prendas armás un guardarropas, el arte debe estar en la combinación más que en la acumulación. Punto 1: ordenar mi placard.

x Tendencias claras: trato de ser objetiva y calificar mi estilo. Como mi laburo no demanda estar necesariamente empilchada, mi tendencia claramente es a lo zaparrastrosa. La prioridad es estar cómoda, pero si me cruzo con alguien que no esperaba cuando salí en joguineta y colita de caballo, les aseguro que me gana la incomodidad. Calculo que si la distancia entre mi estilo y el de una mina que está espectacular es tan grande, puede que el problema esté en mi punto de partida.

Punto 2: ponerle un cachito más de onda al diario, para tomar la costumbre. x Jerarquías inútiles: me refiero a la tendencia a encanutar ciertas prendas para ocasiones muy especiales, que después son tan esporádicas que antes de que las puede usar de nuevo, ya bajaron varios escalones en la cadena de la moda. Cuando te descuidás, esa remera que te salió un huevo y era requetecanchera pasa a categoría pijama sin más de cinco usos. Punto 3: una vez que compro algo, ¡a usarlo!

x Mirada amorosa: si todas las excusas me van: que tal color me destruye, tal corte de pantalón me ensancha, tal otro me acorta o me engorda, el problema puede que no esté en la pilcha, sino en una. Quizás antes de plantear qué efecto provoca la prenda en tu cuerpo, se puede intentar darle vida a la ropa que te gusta y ver qué pasa.

Punto 4: llevar el look con gracia.Sé que no me va a ser fácil. Pero quién dice, quizá si lo racionalizo y lo incorporo, este 2018 acomodo el guardarropas para que me invite a usar y no a perder tiempo. Tomo como básico estar cómoda, pero a la vez, lista para un cambio de plan. Dedico tiempo a mirarme con cariño en el espejo como rutina imprescindible. Elijo de la moda lo que más placer me da y quizás entonces me amigue con la colección que se viene y hasta imponga algún lookete personal.

Por Mariana Weschler
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