El proyecto para despenalizar el aborto comenzará a tratarse en el Congreso el 20 de marzo
El proyecto para despenalizar el aborto comenzará a tratarse en el Congreso el 20 de marzo

SÍ 

"SÍ AL ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO" 

Por María Alicia Gutiérrez, socióloga, docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, UBA. Integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

—¿Por qué sí al aborto legal, gratuito y seguro?

—Porque la práctica y la mortalidad de mujeres por aborto ya existen y una ley posibilitará que muchas mujeres que actualmente no pueden pagar una intervención en una clínica privada ingresen al sistema de cuidado de salud, interrumpiendo su embarazo si lo desean.

De este modo habría cierta equidad entre las que sí tienen los recursos para hacerlo y, por lo tanto, no corren los mismos riesgos. Todo es una gran hipocresía. Alguien de clase media o alta sabe a quién llamar y accede a un aborto medicalizado.

El problema son los sectores más vulnerables, que quizás no cuentan con recursos simbólicos, económicos y culturales para afrontarlo con ciertas condiciones de seguridad. Y debe ser gratuito porque consideramos que es un derecho del cual debe hacerse cargo el Estado, como ocurre con otros derechos, y las obras sociales deberán prestarlo como un servicio más.

También es importante decir que con la ley se acabaría un negocio millonario, tanto de la corporación médica como del sector farmacológico, que vende una pastilla que debería costar $500 y no $2.000, aprovechando la clandestinidad.

El proyecto prevé que la interrupción se haga antes de las 14 semanas de embarazo, después de ese período rigen las otras causales que ya están contempladas (Ver No punible). Esta será la sexta vez que se presenta el proyecto en las cámaras y la elaboración forma parte de una discusión colectiva entre especialistas de diferentes áreas de todo el país que investigaron y trabajaron con análisis comparados en relación a la legislación del resto de los países del mundo.

—En qué momento comienza la vida parece ser el núcleo central del debate de las posiciones a favor y en contra de una nueva legislación. 

—Sí, pero el meollo de la cuestión es el sistema patriarcal que se resiste a que las mujeres puedan decidir con libertad, información y autonomía lo que quieren hacer con su cuerpo. Hay vida desde el momento de la fecundación, eso es innegable, pero hay que diferenciar las distintas etapas de desarrollo.

Quienes estamos a favor de la interrupción no negamos que en la unión del espermatozoide con el óvulo haya vida. Pero eso no quiere decir que ya exista una persona con autonomía ni un hijo, nominaciones que son construcciones atravesadas por la cultura y el lenguaje. Si la maternidad fuera un hecho tan natural no existirían las adopciones. No son sujetos del Código Civil, por algo los fetos no se inscriben con nombre y apellido.

—¿Creés que el hecho de impulsar una ley de interrupción voluntaria del embarazo puede promover el aborto?

—No. Primero que nada, hay que saber que la existencia de una ley va a desterrar la clandestinidad y va a permitir contabilizar los casos. Hoy se desconocen cifras exactas justamente porque son situaciones que se infieren a partir de las internaciones que no son claras, es un sub registro (de 500 mil mujeres al año) que se sostiene a partir de las complicaciones postaborto asentadas. Por otro lado, en los países en los que se legisló no hubo un aumento de los casos de aborto; por el contrario, se vio un descenso drástico en la cantidad de intervenciones y se redujo la mortalidad materna. Uruguay, donde es legal desde 2012, es un buen ejemplo. Lo que puede pasar es que parezcan más casos porque se empiezan a relevar. Es como cuando salió la ley de divorcio: se acrecentaron las cifras porque se evidenciaron las separaciones que ya eran de hecho. También hay que tener muy en cuenta que, aunque el resultado pueda ser aliviador para quien lo decide, nadie quiere pasar por esa situación.

—Psicológica y emocionalmente, ¿cómo repercute la experiencia de un aborto en las mujeres y qué particularidad le agrega la clandestinidad?

—La clandestinidad lo vuelve una experiencia mucho más compleja, más dolorosa y sobre todo insegura. Por un lado, si tenés un proceso infeccioso, ¿a quién le reclamás? Y, por otro, aparece la cuestión de la culpa. Un aborto se transforma en un hecho sumamente dramático cuando no debería. Por supuesto que siempre es un suceso conflictivo, nadie va a sentir ni a decir: "vayamos a abortar que está buenísimo".

—¿Qué otros temas de política pública deberían acompañar el debate o la promoción de una futura ley?

—El acceso a los métodos anticonceptivos y a la información. Hoy hay muchísima dificultad en la implementación de la educación sexual integral en el sistema de educación en general y ese es otro de los grandes problemas que hay que atender. Por eso desde la campaña insistimos: "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir". Es una consigna integral porque necesita que el resto de los derechos, como el del acceso a los métodos anticonceptivos y a información sexual, estén funcionando.

 

NO

"LA LEY DEBE PROTEGER LA VIDA DE LA MUJER Y DEL NIÑO" Por Graciela Moya, doctora en Medicina y especialista en genética.

—¿Por qué no a la sanción de una ley que promueva el aborto legal, gratuito y seguro?

—Porque deberíamos trabajar en una ley que esté a favor de la vida de la mujer y del niño por nacer. Una ley de protección de la vida, que considere todas las causas de mortalidad materna y busque las maneras de prevenirla y evitarlas. Está claramente fundamentado que existen estrategias para disminuir significativamente la mortalidad materna, entre ellas: los años de educación de la mujer (sobre todo si pensamos que la mitad de las muertes maternas son mujeres muy jóvenes), la atención médica en centros de salud de complejidad cercanos a su domicilio, y el acceso al agua potable y saneamiento ambiental. Sin duda, son estrategias que implican un mayor gasto y responsabilidad por parte del Estado, pero también sabemos que es la manera de permitir que las mujeres salgan de la pobreza, que puedan ejercer su sexualidad en forma responsable y, sobre todo, que los hijos sean deseados.

—¿Creés que el hecho de impulsar una ley de interrupción voluntaria del embarazo puede promover el aborto?

—No sabemos lo que va a ocurrir en Argentina. Lo que se ve es que en los países en los que existe una ley de aborto hay un aumento en el número de casos. Y existe un riesgo de interpretar el aborto procurado como un método de planificación familiar.

—¿Un embrión es una vida latente?

—Para las ciencias biológicas no hay ninguna duda de que la vida humana comienza desde el momento mismo de la fecundación. La fecundación, proceso por el cual se fusionan los gametos femenino y masculino, el óvulo y el espermatozoide, que son las únicas células especialmente diferenciadas con esta única finalidad. En la semana 14 el feto humano se encuentra completamente formado, con actividad cerebral propia y todos sus órganos funcionando, solo resta madurar para poder adaptarse a la vida fuera del útero materno; también la placenta está organizada. En definitiva, no hay ningún motivo biológico para establecer diferencias significativas en el ser humano en desarrollo entre la semana 12, 15 o 20. Es el mismo ser humano que va cumpliendo un proceso de crecimiento propio, definido por su genoma. Por ello establecer la semana 14 como plazo límite para permitir la terminación de la vida del feto es un límite arbitrario, que está en función del beneficio de los adultos, y obviamente no del niño por nacer. El punto es, entonces, definir el instante a partir del cual la vida humana adquiere significado, y se vuelve fundamental para responder a la pregunta sobre cómo deben ser considerados éticamente los embriones y los fetos humanos, y qué respeto merece su dignidad.

—Otro tema pendiente es el de los embriones abandonados. 

—Totalmente, hace falta una definición como sociedad, ya que aún no contamos con una ley que establezca los derechos de los embriones congelados. Nuevamente se pone en duda el comienzo de la vida humana, y con ello la protección de la dignidad de la vida cuando no puede defenderse por sí misma. Esta discusión se acrecienta a medida que surgen nuevas tecnologías que nos permiten manipular la vida humana temprana en beneficio de la vida humana adulta. Deberíamos considerar como sociedad el trabajar por una ley que nos dé herramientas para proteger la vida humana en forma integral, en vez de ponerla en riesgo o eliminarla porque puede afectar nuestra vida como adultos.

—¿Qué debería hacer una mujer que no quiere continuar con un embarazo no deseado?

—Hay opciones como la adopción porque todo niño tiene derecho a nacer en una familia que lo protege y lo quiere. Y el Estado debería ocuparse especialmente de esta mujer y acompañarla hasta que ella decida qué quiere hacer. De ese modo estaría protegiendo las dos vidas. También pienso que la posibilidad legal de abortar disminuiría la responsabilidad del padre. "No importa si no me cuido, total después aborta", y de la responsabilidad de la mujer sobre su propia sexualidad, que tiene biológicamente la finalidad de la procreación porque forma parte de la naturaleza humana. Si uno pudiera desde la educación volver a poner el amor en el centro de la sexualidad, tendríamos muchos menos embarazados no deseados.

—¿Cómo repercute la experiencia de un aborto en las mujeres y el hecho de que sean clandestinos?

—Es difícil generalizar, pero suele reconocerse angustia, síntomas depresivos, sentimientos de culpa y necesidad de reparar. Como en todo estrés postraumático, está comprobado que es motivo de trauma emocional para muchas mujeres. Por eso, cada vez se reconocen más asociaciones que ayudan a que las mujeres superen el efecto que el aborto provocado genera en sus vidas y la de sus familias.

CIFRAS Y DATOS.

 x No hay datos oficiales, pero se estima que se realizan 500 mil interrupciones inseguras y clandestinas cada año.

x El Ministerio de Salud de La Nación informa que son 43 las mujeres que mueren por año por un embarazo terminado en aborto.

Según nuestro Código Penal, sancionado en 1921, el aborto no está penalizado en dos casos: cuando existe una violación y cuando hay riesgo para la salud y la vida de la mujer.

Si el proyecto de ley presentado se aprobara, nuestra legislación estaría en igualdad con países como España, Italia y Uruguay que siguen las normas elaboradas por la Organización Mundial de La Salud.

x "Alrededor de las catorce semanas comienza la actividad neurológica del feto –explica Mabel Bianco, médica, máster en Salud Pública y especialista en Epidemiología, presidenta y fundadora de FEIM–. En la mayoría de los países se contempla la interrupción del embarazo entre las 12 y las 14 semanas y en mayores de 16 o 18 años (antes necesitan autorización de sus padres)".

textos MARA DERNI (mderni@atlantida.com.ar)

SEGUÍ LEYENDO: