Un mundo feliz

Una serie de televisión basada en la novela de Margaret Atwood llevó a nuestra columnista a reflexionar sobre la moda como privilegio y como lenguaje.
El cuento de la criada serie escruta por Margaret Atwood

Hace unos días vi por televisión El cuento de la criada, la serie escrita por Margaret Atwood que ganó un montón de premios. No sé si la vieron: es una distopía, palabra que busqué en el diccionario y significa lo contrario de una utopía, es decir, una sociedad de pesadilla imaginada en el futuro.

La serie me hizo sufrir mucho, porque muestra una forma de violencia diferente de todo lo que vimos hasta ahora: sin armas de fuego, destrozos o asesinatos. Sólo crueldad, muy fina.

Trata sobre una sociedad muy religiosa donde gobierna una élite de familias poderosas. Pero tienen un solo problema: después de la revolución que instaló este régimen, algo pasó que dejó estériles a la mayoría de las mujeres. Las jóvenes, entonces, son reclutadas como "criadas", y su principal tarea consiste en procrear.

Todo ahí es silencio, cabezas inclinadas y menciones de Dios. La belleza de las imágenes y la paz aparente colaboran a su manera con la violencia del relato: la estética aplasta la tragedia bajo la nieve.

Una vez más, como en tantas otras piezas de ciencia ficción, el primer rasgo que indica un tiempo futuro, indeterminado, es la desaparición de la moda. De pronto todo el mundo lleva la misma ropa, por lo general uniformes adheridos a cuerpos perfectos. Son los colores los que cambian, y así establecen las diferentes categorías sociales: los jerarcas, los funcionarios, los soldados, los esclavos. Un mundo feliz. Un viaje a las estrellas.

“A todas se nos ofrece la posibilidad deformular un guardarropas personal, interrogar el espejo, explorar” los estados de ánimo”.

Una interesante excepción es la película Blade Runner, de Ridley Scott, donde se muestra un futuro oscuro y lluvioso, abarrotado de personas muy diferentes, razas, tamaños, estilos, idiomas, todo caótico y mucho más verosímil.

Pero en El cuento de la criada se repite la ley de la ropa: todas iguales. Las señoras de la clase gobernante llevan vestidos idénticos de un verde oscuro, con un dejo azulado. De cuello cerrado, mangas largas, marcada la cintura, falda al piso.

Y las criadas llevan todas un largo mantón rojo oscuro, con una cofia blanca de borde rígido y muy pronunciado. La cofia refiere a un modelo clásico, que en diversas versiones suele verse en algunas comarcas hamish o en ciertos sombreros de la década del veinte.

Pero acá, por primera vez, se nota que ese borde infatigable reduce dramáticamente la visión periférica. Lo mismo que les pasa a los caballos con las orejeras, sólo se puede mirar hacia delante.

Me hizo pensar: a veces no nos damos cuenta de que la moda es un privilegio. Es cierto que muchas chicas se visten de forma idéntica, como si llevaran alguna clase de uniforme. Pero es lo que han elegido. Mientras tanto, a todas se nos ofrece la posibilidad de formular un guardarropas personal, interrogar el espejo, explorar los estados de ánimo y usar la ropa como lo que es: un lenguaje.

"A todas se nos ofrece la posibilidad de formular un guardarropas personal, interrogar el espejo, explorar los estados de ánimo".

por Cecilia Absatz
cecilia@absatz.com.ar

Últimas noticias

Mas Noticias