“En esta serie hay un mundo íntimo en el comercio que trasciende la mera ambición de ganar dinero”.
“En esta serie hay un mundo íntimo en el comercio que trasciende la mera ambición de ganar dinero”.

El verano, ay, dura más tiempo que las vacaciones. Después de la playa, la montaña, la selva, el crucero, cualquiera haya sido la opción de esta temporada, una vuelve a casa y el verano continúa. ¿Qué hacer, además de tolerar el calor? Sugiero salir de compras.

Todas las tiendas están de liquidación, y la ropa no necesariamente pasará de moda. Digamos la verdad: una prenda nueva nos pone de buen humor. Y todavía quedan muchos días de calor para usarla.

Zapatos, jeans, otra cartera, más zapatos, lo que sea. ¿Soy muy frívola? Sí. Mi hija acuñó el término "posconsumo". Mejor que la "posverdad", que significa mentira, el posconsumo, me parece, sería la reivindicación del consumo. No tiene nada de malo, al contrario. Estimula la economía del país y levanta el ánimo.

Hay que tener plata, eso sí. Pero no es obligatorio comprar cosas carísimas. Hasta un nuevo lápiz de labios te pone de buen humor. En las series de televisión, un género que ha ganado enorme prestigio en el público, he notado una tendencia temática muy interesante en ese sentido.

Hay varias series, algunas muy populares, que relatan la aparición y el florecimiento de las grandes tiendas. La primera fue 'The Paradise', serie británica inspirada en una novela de Emile Zola. Hay una versión española de la misma historia que tiene mucho éxito: Velvet.

Un poco más tarde apareció Mr. Selfridge, otra serie británica que cuenta la historia real del estadounidense que fundó en Londres la tienda que lleva su nombre.

En Inglaterra y Estados Unidos las llaman "tiendas de departamentos". Nosotros nos habíamos conformado con llamarlas "grandes tiendas", cuando aún teníamos en Buenos Aires a Harrod's y Gath y Chaves, ambas en la calle Florida.

“Una vuelve a los negocios donde la tratan bien, donde percibe que la vendedora se ocupa de encontrar lo que te haría feliz”.
“Una vuelve a los negocios donde la tratan bien, donde percibe que la vendedora se ocupa de encontrar lo que te haría feliz”.

Esta indagación en el mundo de las tiendas no puede ser casual y tampoco es frívola. Alude al corazón del sistema de vida occidental. Todos compramos cosas, las que necesitamos y, cuando podemos, las que queremos. Y como vemos en estas series, especialmente las inglesas, hay un mundo íntimo en el comercio que trasciende la mera ambición de ganar dinero.

Tiene que ver en realidad con la formulación de estilos, el registro del paso del tiempo, las propuestas artísticas y la relación que se establece con los clientes, lo que uno de los grandes empresarios del género llamó, con particular iluminación, lograr un vínculo de fidelidad.

Es así: una vuelve a los negocios donde la tratan bien, donde percibe que la vendedora o el vendedor realmente se ocupa de encontrar lo que te haría feliz. Y nunca vuelve a la tienda donde la vendedora o el vendedor dice con desgano "no me quedó", antes de mirar siquiera el estante que tiene a su espalda.

Digámoslo, salir de compras es muy gratificante. Más seguro que una película, que puede decepcionarte, y más sano que una comilona.
A propósito: si estás tratando de bajar un par de kilos, después de las vacaciones sugiero ir de compras al mediodía en lugar de almorzar. A los cinco minutos se te pasa el hambre.

Por Cecilia Absatz
cecilia@absatz.com.ar

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